Mostrando entradas con la etiqueta Encarna Lorenzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Encarna Lorenzo. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA INFANCIA DE LAS PALABRAS (Poesía, memoria y olvido)

                                                                                                                  MIGUEL FLORIÁN
Los Arqueólogos, de G. Chirico
Memoria y conciencia
El hombre es un animal que recuerda en exceso aseguró Nietzsche -¡él que hiciera suya la desmesura del eterno retorno de lo idéntico…! La memoria, de agigantarse, nos detiene en el pasado, disipándose el presente hasta reducirse a un simulacro de lo vivido. La hipertrofia del recuerdo conduce al entumeci­miento, a una quietud que aproxima el alma a la rigidez de la piedra. La evocación fiel y precisa amenaza el libre desenvolvimiento del devenir. Pero si ese exceso de memoria resulta nocivo lo es asimismo su defecto, porque el ser humano se constituye de olvido, y de recuerdo.

La capacidad de retener información no sólo es humana: cuanto existe, existe porque recuerda. El astro que, monótono, se sostiene en su órbita, las partículas imperceptibles que armoniosamente se ordenan en el cristal; todo parece someterse a un principio estructurador que se asienta en la repetición. El zigoto porta ya, ínsito, toda la información oportuna para el desarrollo espacioso de unas estructuras innatas que, al desplegarse, conformarán el animal adulto. La mor­fogénesis humana se somete a un proceso semejante. Es sorpren­dente -y terrible- darse cuenta de cómo en la naturaleza se dispersan principios organizativos, principios germinales (los spermata de Anaxágoras, los eîdos platónicos) que, a modo de moldes intangibles confieren orden y forma a la materia amorfa.

domingo, 26 de abril de 2015

El Hombre Musical

Saludos de nuevo a todos. Hace ya muchos días que tenía la intención de retomar el blog tras un tiempo de trabajos y conciertos en distintos lugares que me ha impedido seguir con la actividad normal de publicaciones.

Hoy voy a aprovechar para publicar la entrada tanto en mi blog como en el blog "Espíritu y cuerpo", en el que escribí hace años un artículo titulado "Sobre los afectos y el arroz y atún", y que os invito a leer.

Voy a dedicársela a mi estimada y protectora tía madrina, Encarnación Lorenzo Hernández, quien me anima incansablemente desde la distancia a proseguir por el incierto camino de la música y me da ideas, nuevos puntos de vista y perspectivas de futuro en esta maravillosa dimensión del conocimiento.

Encar me sugirió la posibilidad de escribir alguna vez sobre lo que escucho cuando voy andando por la calle, los sonidos que me envuelven y lo que me sugieren, el intervalo de la sirena de una ambulancia y su significado o la respuesta que genera a quien la escucha. Y por qué le genera una respuesta determinada. Trataré además de darle un enfoque antropológico al tema. Vamos allá.

jueves, 22 de mayo de 2014

LA FUNCIÓN COGNOSCITIVA DEL SUEÑO EN LA EDAD MODERNA

Ya nos hemos acostumbrado, por  influencia del psicoanálisis y las neurociencias, a ver los sueños como un reelaboración de los procesos mentales de nuestra vida diurna o como resultado de la actividad eléctrica del cerebro. Pero a lo largo de la historia, los seres humanos han dado al sueño un valor más elevado, como vía de comunicación directa con el más allá, como medio de anticipar el futuro y hasta como una expresiva metáfora de nuestra andadura por la vida. José Biedma centró su estupenda entrada Luz en las tinieblas. Historia y terapia onírica, en este mismo blog (http://esprituycuerpo.blogspot.com.es/2013/11/luz-en-las-tinieblas-historia-y-terapia.html),
 en el sueño en la antigüedad. Aquí nos vamos a ocupar de otra etapa en la historia cultural del sueño, la Edad Moderna, en ámbitos tales como el arte, la literatura y la filosofía, con especial referencia a su importante función cognoscitiva.
1. La vía artística


Con la plena confianza en las capacidades del ser humano, tan característica del humanismo renacentista, los pintores del s.XV afrontaron con entusiasmo el enorme reto artístico de representar el sueño. Era la ocasión perfecta para demostrar su destreza en captar la laxitud del cuerpo en el reposo absoluto. La Venus dormida de Giorgione (1507-1510) nos muestra desnuda a la bellísima diosa, sensual y armónicamente integrada en un paisaje que replica sus suaves curvas. Se trata de una obra revolucionaria, por su técnica y su temática, que inauguró una nueva etapa en la historia de la pintura y que sería imitada por Tiziano y por Velázquez en la Venus del espejo. Pero aún más difícil que reflejar las particularidades anatómicas del cuerpo dormido, los pintores renacentistas se atrevieron a plasmar el complejo contenido de los sueños, con sus símbolos y su narración de acontecimientos. Es evidente que ello no puede observarse ni copiarse de la realidad, por lo que resultaba imposible la mímesis. Para solucionar el problema recurrieron a argumentos conocidos, con referencias bíblicas, como El sueño de Jacob de José de Ribera; políticas, como  el enigmático Sueño de Felipe II de El Greco (1579); o mitológicas, como Venus dormida y Cupido de Paris Bordone o Eros y Psique, de J. Zucchi.

sábado, 12 de abril de 2014

LA MEMORIA VIVA

“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va”. Cuán cierta es la canción: una parte de nosotros, esa que compartimos con quienes más queremos, desaparece con ellos. Pero algunos grandes espíritus consiguen sublimar la herida en la memoria en obras de arte, en perenne recuerdo del amigo ausente. Los Cuadros de una exposición de Mussorgsky, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca y Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández son monumentos artísticos que engrandecen tanto a sus autores como a los destinatarios. Otros reivindican la identidad oculta de genio ya reconocido, como Jacques Guérin con Marcel Proust, o defienden a capa y espada el talento de grandes artistas desconocidos, como hizo el médico y ensayista García Sabell con Manuel Antonio, un extraordinario poeta modernista gallego. Hablaremos aquí de esa poderosa fuerza de la amistad, de la admiración más allá de la muerte y de sus extraordinarios frutos.
1.       Modest Mussorgsky (1839-1881) y Viktor Hartmann (1834-1873)
Viktor Hartmann
Viktor Hartmann fue un arquitecto, escultor y pintor ruso cuyo nombre, si no fuera por Mussorgsky, quizá permanecería relegado a una breve nota a pie de página en los libros de historia del arte del siglo XIX. Pero el  gran músico convirtió en inolvidables melodías las pinturas y dibujos de su amigo. No en balde, los Cuadros de una Exposición (1874), su obra más conocida y original, llevaba por título inicialmente el de Suite Hartmann.

Modest Mussorgsky, que era un compositor amateur, sentía una ímpetuosa pasión por la  música de su tierra, y una feroz oposición contra toda regla compositiva  impuesta por la academia. Cesar Cui, también compositor ruso, dijo de él que tenía un talento salvaje, rebelde a todo freno. Ambos formaron parte del famoso “Grupo de los Cinco”, junto a otras grandes luminarias musicales como Alexander Borodin, Nikolai Rimsky-Kórsakov, y el líder del grupo, Mili Balákirev. Entre 1856 y 1870 estos jovencísimos compositores, todos ellos de formación autodidacta, revolucionaron el panorama musical europeo desde San Petesburgo. Buscaban aprehender la esencia del alma rusa reelaborando los cantos populares y religiosos, las danzas cosacas y las leyendas y tradiciones de la vieja Rusia. Junto con Glinka, son los máximos exponentes del nacionalismo romántico ruso. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

FANNY MENDELSSOHN (1805- 1847): EL ENIGMA DE LA CREATIVIDAD FEMENINA

 Siempre he admirado a Felix Mendelssohn, el genial pianista y compositor del Romanticismo. Mi estima por él se acrecentó cuando descubrí que, más que nadie en su época, reivindicó la memoria de Bach cuando ya no era más que un viejo maestro de los tiempos olvidados. Después llegó la sorpresa: Felix tenía una hermana, Fanny, con tanto o más talento que él para la interpretación y la composición y de la que, sin embargo, nunca antes había oído yo hablar. Y, finalmente, me embargó el desconcierto al saber que Felix, ya encumbrado como figura capital de la música del siglo XIX, no hizo nada para que el público pudiese conocer la obra de su hermana, a la que tanto quería y valoraba como artista. Una paradoja difícil de resolver, acerca de la relación entre la condición femenina y la creatividad artística, vertebra la historia del arte en Occidente. Fanny Mendelssohn, quizá más que ninguna otra compositora, padeció dolorosamente sus agudas contradicciones. Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre este enigma, al tiempo que descubrimos datos sobre la interesante vida y obra de esta música apasionada e injustamente desconocida.

lunes, 28 de octubre de 2013

DRÁCULA. LAS METAMORFOSIS DEL MITO

Si alguien nos preguntara qué sabemos sobre Drácula, sin duda le contestaríamos que es el vampiro más poderoso. Camuflado bajo la apariencia de un elegante y misterioso conde procedente de Transilvania, este monstruo intenta destruir la especie humana infectándola con el mordisco de sus afilados colmillos. Vive de noche y, durante el día, duerme en un ataúd. Como carece de alma, no se refleja en los espejos. Es rey de las tinieblas y señor de los animales más repugnantes. Puede transformarse en murciélago o en lobo, lo mismo que desvanecerse en el aire. Lo espantan el ajo y el crucifijo pero, para destruirlo, el ritual más eficaz es clavarle una estaca en el corazón. Esta es la imagen popularizada por Hollywood que todos conocemos. Sin embargo, apenas somos conscientes de la forma en que se ha forjado y evolucionado este mito de raíces antiquísimas, ni de cuáles son las razones por las que nos seduce tanto. Vamos a examinar algunos de los aspectos de su rica simbología, para comprobar cómo se han ido articulando a lo largo de los siglos. Al final nos sorprenderá descubrir hasta qué punto somos nosotros mismos el reflejo escondido en la leyenda de Drácula.
 Uno. Los orígenes
 Todas las culturas consideran la sangre como el fluido más vital. Su pérdida arrebata la vida y, al contrario, recibir sangre la renueva. Por ello existe un temor ancestral a los seres malignos que se apoderan del rojo líquido, y ese miedo se traslada a relatos que comparten pueblos muy alejados entre sí en el tiempo y en el espacio, como refleja La rama dorada (1890) de Sir James G. Frazer. Sobre el año 2300 a. C. ya se registraron en Mesopotamia historias de diosas y demonios que bebían la sangre de los recién nacidos, como Lamashtu o Lililu (la Lilith de los judíos).

sábado, 5 de octubre de 2013

LAS MUSAS DE EDVARD MUNCH

Este año 2013 se celebra el 150 aniversario del nacimiento de Edvard Munch. Siempre se aprovechan estas efemérides para refrescarnos en la memoria a los homenajeados, las más de las veces con poco disimulados fines comerciales. Pero lo que me lleva a recordarlo aquí son más bien sus Musas, mujeres extraordinarias que marcaron su vida y su arte. Hemos oído hablar poco de ellas, porque fueron amores prohibidos que había que esconder, pero conocemos perfectamente sus bellos rostros, que podemos evocar en la Madonna, la Vampira o El Puente. Me gustaría que esta entrada nos permitiera conocer mejor a este artista mayúsculo y averiguar cómo puso en marcha su revolución introspectiva en la pintura, y cómo llegó a alcanzar un lugar clave en la historia de la cultura occidental, siempre apoyado o en conflicto con sus Musas. Sin ellas, no se entenderían sus grandes logros.  
1.     La Musa familiar
Edvard Munch, el más conocido de los pintores noruegos, nació el 12 de diciembre de 1863. Era el segundo hijo de los cinco que tuvieron Laura Bjolstad y Christian Munch. Esta familia fue un auténtico desastre de salud física y mental, y Edvard pagó con creces el peso de su herencia genética. Las escenas de enfermedad y muerte fueron una constante desde sus recuerdos más tempranos. La madre falleció a causa de tuberculosis cuando él tenía sólo cinco años, el día 29 de diciembre de 1868, con el árbol de navidad puesto en el salón de la casa. Su hermana favorita, Sophie, la mayor, moriría de la misma enfermedad con 15 años, y fue un suceso tan traumático para él que lo llegó a pintar en multitud de ocasiones a lo largo de cuatro decenios. Edvard tenía otra hermana pequeña que padecía esquizofrenia, y él mismo tuvo que soportar una niñez enfermiza. Hasta estuvo a punto de morir a los 13 años.
Su padre era un médico militar de clase media, emparentado con sacerdotes, profesores y artistas. “Mi padre pertenecía a una familia de poetas, con signos de genio pero también de degeneración”. Munch anotó igualmente: “Mi padre era temperamentalmente nervioso y obsesivamente religioso… hasta el punto de la insania. De él heredé las semillas de la locura”. Christian Munch, palabra que significa “monje”, tenía un apellido muy acorde con sus frecuentes arrebatos pietistas. Hizo de su vivienda una especie de monasterio urbano en Kristiana, la capital de Noruega, que fue rebautizada como Oslo en 1925. La familia era muy aficionada al espiritualismo, corriente que tuvo gran predicamento en América y Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Tenían costumbre de leer en voz alta libros de literatura, lo mismo que historias de fantasmas. Ese ambiente ocultista en que Edvard creció hizo que tuviese siempre un enorme interés por los fenómenos sobrenaturales e intentó plasmar lo irracional en sus obras. Todo un desafío al realismo de corte burgués.
Karen Bjolstad
 Pero entre tanta oscuridad mental hubo una luz muy potente que consiguió atraer a Munch hacia la creatividad. Fue su tía Karen, que vino a vivir con la familia tras el fallecimiento de su hermana Laura y se hizo cargo de la casa con firmeza pero también con dulzura. Karen Bjolstad era una artista a su estilo doméstico. Hacía collages con musgo, paja y hojas, un género muy popular en aquella época, y los vendía en las tiendas de la ciudad. Embarcó a los niños en aquella pequeña industria, con la que redondeaba los ingresos del hogar. Así fue como Edvard aprendió a recortar siluetas en papel para crear aquellos paisajes vegetales, y dio sus primeros pasos con el dibujo. La tía Karen estaba muy orgullosa de su destreza y guardó cuidadosamente sus trabajos. Los más antiguos que se conservan los hizo con 12 años. Siempre fue su confidente y, en sus cartas, él le contaba con detalle todos sus éxitos.

jueves, 29 de agosto de 2013

1.922: SEIS GRADOS DE SEPARACIÓN EN LA HISTORIA DE LA CULTURA OCCIDENTAL


Año 1922. Vamos a retroceder casi un siglo para hacer un experimento mental. Descenderemos a la tumba de Tutankamon; viajaremos a otros continentes, en pleno apogeo de los imperios coloniales, durante la edad de oro de la Antropología; podremos atisbar a Joyce y Proust juntos, en una noche de primavera en París, en el cénit de sus carreras literarias; y pasearemos por los rincones de la legendaria Residencia de Estudiantes, cuando Lorca, Buñuel y Dalí se hacían grandes amigos y abrían nuevas sendas para la creación artística. No faltará tampoco una ojeada al Berlín vanguardista y cabaretero de la Alemania pre-nazi, en el contexto de una Europa que, tras la Primera Guerra Mundial, intentaba sin éxito recomponer sus pedazos rotos para volver a empezar. Y trataremos de descubrir los hilos ocultos que atan a estos escenarios y personajes aparentemente tan dispares.
Primer grado: H. G. Wells y el mundo entreguerras


Einstein en la Residencia de Estudiantes en 1.924
La “cátedra” de la Residencia de Estudiantes acogió a las personalidades más prestigiosas de su época. Por allí pasaron eminentes científicos, literatos e intelectuales, que dejaron una huella indeleble en la cultura de nuestro país. Contribuyeron a que se forjara lo que, muy acertadamente, se ha llamado la Edad de Plata española. Los residentes estaban al tanto de las últimas novedades gracias a los extraordinarios ciclos de conferencias anuales organizados. La continua presencia de figuras internacionales, como Einstein, Marie Curie o John M. Keynes, supuso un auténtico revulsivo “en un país que olía a cerrado”, como apunta Javier Rodríguez Marcos. Una de las disertaciones más celebradas sobre actualidad política fue la que, en marzo de 1922, impartió Herbert George Wells (1866- 1.946). 

miércoles, 3 de abril de 2013

MARIANNE NORTH: EL MUNDO ES UN INMENSO JARDÍN


Hacia mediados del siglo XIX nada hacía sospechar que esta inglesa de alta cuna, enamorada de la jardinería, la pintura y los viajes, iba a dejar atrás la discreta vida de dama victoriana a la que estaba destinada desde su nacimiento, para recorrer infatigablemente los más remotos rincones del planeta en busca de nuevas plantas. Marianne consiguió asombrar a sus contemporáneos con sus estampas botánicas, que sorprenden por igual por su extraordinaria belleza y por su precisión científica. Gracias a su pasión, el mundo occidental pudo vislumbrar tierras aún inexploradas antes de que la fotografía en color fuera posible. Marianne North es, verdaderamente, un caso único en la historia: fue una destacada artista, una remarcable investigadora y una arrojada exploradora pero, por encima de todo, un ser humano admirable por su estilo ético. Quizá por ser inclasificable es una figura poco conocida, que merece la pena descubrir.


1. La forja de una rebelde
Marianne nació en Hastings, Inglaterra, el 24 de octubre de 1830. Era la hija mayor de un parlamentario liberal, el rico terrateniente Frederick North. De acuerdo con el código social vigente, Marianne no recibió  una educación formal y siempre consideró su breve paso por la escuela un recuerdo particularmente odioso. Durante su juventud aspiró a ser cantante profesional y ensayaba de manera incansable pero, al perder la voz, acabó concentrándose en el dibujo como hobby.

miércoles, 23 de enero de 2013

LAS SIBILAS, ORÁCULOS DE SABIDURÍA



¿Quiénes fueron las Sibilas? Esas fascinantes mujeres vivieron en la Antigüedad y fueron reverenciadas por su capacidad para entrar en contacto con el más allá y vaticinar el futuro. Jugaron un papel decisivo para la política de ciudades e imperios, y cayeron en el descrédito y el olvido con el cristianismo. Los datos históricos que conservamos acerca de ellas son escasos y confusos. Su imagen está rodeada de mitos y leyendas extraordinarios, que nos hablan de una cosmovisión muy distinta a la nuestra. Intentaremos comprender por qué llegaron a ser tan importantes en el mundo antiguo. En un recorrido histórico, veremos cómo la figura de la sibila resurgió en la Edad Media como profetisa cristianizada, con un maravilloso canto que hoy está siendo recuperado como patrimonio de la humanidad, y examinaremos el auge y transformación de su imagen en el Renacimiento, como una expresión cualificada del eterno femenino del que hablaron Goethe y Nietzsche. Al final del viaje podremos disfrutar con un bonito montaje audiovisual, que espero que ilustre adecuadamente esas metamorfosis.


1. La Sibila en Grecia
Una de las primeras referencias escritas a la Sibila de Delfos la encontramos en Heráclito (544-484 a.C.) pero la figura se remonta a un pasado mucho más remoto. “Sibylla” quiere decir profetisa o mujer sabia, y era el nombre que recibían quienes se dedicaban al oráculo más prestigioso de la antigüedad. Los griegos consideraban a Delfos el “ómphalos”, el ombligo del mundo. En un paraje de  singular belleza, al pie del majestuoso monte Parnaso, el dios Apolo se reunía con las Musas, en un bosquecillo de laurel, su planta emblemática, a cantar, danzar y recitar poesía con su lira. Pero antes de convertirse en esta idílica Arcadia, el lugar fue escenario de un cruento sacrificio que otorgó al dios solar sus poderes de adivinación. En un tiempo remoto esa mágica montaña fue sede del culto  arcaico a la diosa madre minoico-micénica y, después, morada de la diosa Gea (Tierra) y la gran serpiente Pyto, poseedora de la sabiduría. Para apoderarse de ella, en un combate que prefigura el de San Jorge contra el dragón, Apolo mató a la Serpiente, se purificó en la fuente Castalia y enterró las cenizas del mítico animal en un sarcófago bajo el “ómphalos” de piedra, que marcaba el kilómetro cero para los griegos. Sobre él se erigió un santuario excavado en la roca, donde la sibila o “pitia” (de ahí la palabra “pitonisa”) actuaba como intermediaria entre los hombres y el dios.

domingo, 21 de octubre de 2012

PASIÓN POR LOS FÓSILES: MARY ANNING Y ELIZABETH PHILPOT





Los  “cazadores de estrellas” viven de noche, escudriñando la inmensa oscuridad del firmamento, al acecho de nuevas luminarias que inmortalicen sus nombres; audaces biólogos persiguen incansablemente, hasta los lugares  más remotos, especies animales o vegetales hasta ahora desconocidas; los más intrépidos fotógrafos se adentran en el corazón de los tornados, en busca de una imagen verdaderamente inédita; las “reinas del barroco”, Cecilia Bartoli y Simone Kermes, rivalizan en presentar en primicia las más deslumbrantes arias, encontradas en geniales partituras dormidas, durante centurias, en polvorientos anaqueles … Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito y nos revelan, sin lugar a dudas, que al ser humano le apasiona la aventura de la búsqueda y el hallazgo.
A mi modesto nivel, lo que me atrae como un poderoso imán es  vislumbrar la figura de grandes  mujeres ocultas en la sombra, olvidadas por la historia oficial pero a cuyo desarrollo contribuyeron desde su forzosa oscuridad. A las pioneras que hoy os quiero presentar, consideradas como las mayores cazadoras de fósiles conocidas, también las arrastraba la locura por el descubrimiento, que les llevó a realizar significativas aportaciones científicas durante esa prodigiosa primera mitad del siglo XIX, cuando casi todo estaba por escribir en las nuevas disciplinas de la biología y geología.  Me sentiré dichosa si esta entrada sirve, en alguna medida, para que sus logros se abran un hueco en nuestro almacén de conocimientos.
1.Gabinetes de maravillas
Hasta el siglo XVIII, una lectura literal del Génesis y las genealogías bíblicas había forjado la incuestionable opinión de que la tierra  había sido creada por Dios tan solo unos 6.000 años antes. Para ser exactos, el atardecer del sábado 23 de octubre del año 4004 antes de Cristo, según el concienzudo cálculo realizado por el obispo irlandés James Ussher en 1650. Se creía que todas y cada una de las especies habían existido sin cambios desde la Creación, ordenadas jerárquicamente, según su grado de perfección respectiva, en la “Gran Cadena del Ser”, que se elevaba desde los organismos más simples en la base hasta la cúspide ocupada por el hombre, sin faltar ni un solo eslabón en el plan preconcebido por la divinidad. El hallazgo ocasional de fósiles no lograba perturbar esa tranquilizadora visión estática de la Naturaleza. Inicialmente fueron considerados ludus naturae, caprichosas cristalizaciones minerales, no restos de seres vivos. En los siglos XVI y XVII formaron parte de un exquisito coleccionismo por parte de nobles y estudiosos, exhibiéndose en los que se denominaban como “Gabinetes de Curiosidades” o, con el sugerente nombre alemán, Wunderkammern o “Cuartos de maravillas”. Antecedentes de nuestros museos, en ellos se atesoraban obras de arte e instrumentos científicos junto a raros insectos, conchas y fósiles, a veces asociados a seres mágicos como el dragón. Esa moda, extendida por toda Europa, propició un intercambio de conocimientos que sentaría las bases para el desarrollo posterior de la ciencia moderna.

martes, 4 de septiembre de 2012

LA BELLA SIMONETTA VESPUCCI. ARTE Y FILOSOFÍA EN EL RENACIMIENTO


Aunque a algunos no les suene el nombre de Simonetta Vespucci, todos sin excepción conocemos sus rasgos, que inspiraron a Botticelli dos de los cuadros más emblemáticos de la pintura occidental: El nacimiento de Venus  y  La alegoría de la  Primavera,  que podemos admirar en la Galería de los Uffizi en Florencia.
Cuando descubrí la emotiva historia de Simonetta, me quedé asombrada: esta hermosísima joven, que enamoró a toda Florencia, fue la musa de amor carnal y divino para una generación de artistas verdaderamente prodigiosa, en la que rivalizaron en talento Leonardo y Botticelli, coetáneos de Tiziano, Rafael  y Miguel Ángel. Pero sólo llegan a ser leyenda quienes nos dejan en la flor de la juventud, en la plenitud de su belleza. Simonetta se fue con 23 años y Florencia entera lloró su muerte, con Lorenzo y Giuliano de Médicis encabezando el cortejo fúnebre. Se dice que Botticelli, que la pintó una y mil veces, ordenó en su testamento que lo enterrasen a los pies de su tumba.
Este verano he vuelto a Italia  y  me pareció buena idea llevarme como lectura La muerte de Venus de Luis Racionero, que narra estos acontecimientos. En la novela, Simonetta, a quien se supone amante de Giuliano de Médicis, es envenenada por el pintor, un enamorado celoso que también traiciona a su mecenas por venganza, facilitando su asesinato en la conspiración de los Pazzi. Decidida a averiguar  qué podía haber de cierto en semejante trama, he dedicado algún tiempo a estudiar esta época apasionante, en que filosofía y arte bebieron de las mismas fuentes. Como resultado, me gustaría contaros aquí cómo Simonetta llegó a ser la auténtica encarnación de la idea platónica de la Belleza en el Renacimiento italiano.

1-LA ACADEMIA NEOPLATÓNICA DE FLORENCIA
En el siglo XIV Petrarca fue el primer gran humanista que coronó a Platón como Príncipe de los filósofos por encima de Aristóteles, cuyas doctrinas consideraba petrificadas por el escolasticismo. No obstante, las obras entonces conocidas del ateniense eran muy escasas: Timeo, Fedro y las Cartas, situación que empezó a cambiar con la llegada progresiva de sabios bizantinos, que enseñaron griego en las universidades italianas y trajeron consigo obras clásicas desconocidas en Occidente. El papel de la familia Médicis sería muy activo en la recuperación de ese saber perdido de la antigüedad, al invertir grandes sumas en la adquisición de valiosos manuscritos cuya traducción y estudio financiaron.

viernes, 27 de abril de 2012

LAS VOCES DE LOS ÁNGELES

LAS VOCES DE LOS ÁNGELES: UNA UTOPÍA MUSICAL DEL RENACIMIENTO EN FERRARA
 Hace ya 20 años descubrí, escuchando Radio Nacional, el Concierto Secreto de las Damas de Ferrara, un repertorio exquisito de madrigales compuesto por un maestro renacentista de extraño nombre, Luzzasco Luzzaschi. Unas voces angelicales  cantaron, hace cuatrocientos años, los más hermosos poemas de amor,  dignos de alegrar las estancias de un soñado paraíso musical. Eran las de Livia D’Arco, Laura Peperara y Anna Guarini, las tres jóvenes e ilustres Damas de Ferrara, bellísimas y portentosas cantantes e instrumentistas que, en las postrimerías del siglo XVI, hicieron posible un auténtico milagro, el de la perfección musical. Ante el secreto impuesto por el duque de Ferrara, como parte de una bien orquestada campaña propagandística, la Europa culta solo pudo atisbar, entre asombrada y envidiosa,  el talento de las Damas, únicamente accesible a unos pocos privilegiados. A la muerte del duque, casi todas las maravillosas composiciones especialmente escritas para ellas se perdieron. Por tanto, no debería extrañarnos ignorarlo todo acerca de este prodigioso episodio histórico.
Hace tres años, en nuestra visita a Ferrara, esperé ilusionada que la guía  que nos acompañaba mencionara a las Damas, pero pude comprobar que tampoco sabía nada al respecto. Este vacío de información me convenció de la necesidad de divulgar las increíbles circunstancias que rodearon al Concerto delle Donne. El problema reside en que quien esto escribe no es historiadora y carece de formación musical pero, tal vez, el formato multimedia y el contenido felizmente heterogéneo de este blog se presten  a paliar tales carencias, ayudándome a  transmitiros una imagen  de conjunto a partir  de las escasas y fragmentarias noticias, muy pocas en castellano, que he podido recopilar con tiempo y paciencia. Y, con ellas, la emoción que produce poder viajar mentalmente a ese momento irrepetible de la cultura occidental.

LUCREZIA BORGIA


1.- EL ESPLENDOR ARTÍSTICO DE LA CORTE DE FERRARA

Todo comenzó con Lucrecia Borgia (1.480-1.519). La hija del cardenal Rodrigo Borgia, más tarde Papa con el nombre de Alejandro VI, siempre fue utilizada por su familia como instrumento en  sus luchas de poder. Con tal fin,  en 1501 se dispuso su tercer matrimonio con Alfonso D’Este, duque de Ferrara, ciudad-estado del norte de Italia cercana a Bolonia y Mantua.
La bella e inteligente Lucrecia- que alabaron los poetas de su entorno como gentil y honesta, muy al contrario de lo que sugiere la leyenda negra de los Borgia-, contribuyó a  transformar  la belicosa Ferrara en una de las cortes más cultivadas de Italia, embellecida por magníficos palacios, plazas y jardines que hacen de ella, todavía hoy, una joya del Renacimiento.

lunes, 9 de abril de 2012

Tristeza del pensamiento


En 2007 Siruela publicó un opúsculo de George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. La idea de partida de esas reflexiones es el pesimismo romántico de  Schelling (1809), para quien la tristeza  amenaza toda vida mortal, como un velo de pesar que se extiende sobre la naturaleza entera. De ahí su afirmación de una profunda e indestructible melancolía que contamina con su oscuridad cualquier proceso mental. Una metáfora de ese malestar sería el  persistente ruido de fondo como eco del Big bang cosmológico: ya desde la creación del universo aparecieron la pesadumbre y la materia oscura. 
Desde estas premisas, Steiner elabora unas tesis provisionales acerca de las limitaciones que lastran la grandeza del pensamiento, y que pueden servirnos como antídoto útil contra los sueños dogmáticos de la razón. A riesgo de simplificar la riqueza de ideas del autor, intentaré resumirlas:

PRIMERA TESIS
 El pensamiento es ilimitado, infinito, el signo  más destacado de la eminencia humana. La poderosa imagen de Pascal nos dibuja como “cañas pensantes”. Nada escapa a las posibilidades de la imaginación. La ciencia ficción es capaz de crear universos alternativos. El modo subjuntivo nos permite enunciar toda posibilidad contrafactual. Gracias  al pensamiento conseguimos dominar la naturaleza. Pero la infinitud  de nuestras ideas es, lamentablemente, incompleta: no sabemos cuál es su concreta relación con la realidad, esto es, el grado en que el pensamiento coincide con su objeto, ni si nuestro análisis  racional no es más que una ficción. Somos capaces de formular las preguntas esenciales acerca del origen y sentido de la vida, y de ese impulso interrogador surgen la cultura, la ciencia y la religión, pero no logramos alcanzar respuestas concluyentes para las mismas. En el tumulto del pensamiento resuenan la duda y la frustración.

domingo, 25 de diciembre de 2011

La mujer en el Antiguo Egipto



Resumen de la conferencia pronunciada por D. José Lull García 
 Alicante 16-11-2011

Por Encarnación Lorenzo Hernández

La información que proporciona la historia de las mujeres en una civilización, siempre escrita por hombres, evidentemente se presenta por ello sesgada, por lo que deben rastrearse las pistas de las condiciones subyacentes ocultas en una pluralidad de fuentes (iconografía, inscripciones, estatuaria, pintura…) para averiguar su situación real en los diferentes aspectos de la vida. Por otro lado, en cada fase de la prolongada historia del Egipto Antiguo, el papel de la mujer fue experimentando cambios, si bien para la época clásica (2.700-332 a.C. aproximadamente) es posible ofrecer una panorámica global.
El puesto de mayor relevancia que una mujer podía alcanzar en la sociedad era el de faraón. Muy pocas gobernaron como tal. Algunas son tan conocidas como Hatshepsut, Nefertiti (que gobernó bajo el nombre de Esmenkare) o Cleopatra, pero también Tausert, en la dinastía XIX, entre 1.188 a 1.186 a.C. Un número ínfimo de casos, si se advierte que los anales registran más de 350 faraones. Sí contamos con ejemplos más numerosos de su gobierno como reina, gran esposa real o regente durante la minoría del hijo ya nombrado faraón.
Especialmente en ciertas épocas, el papel de las mujeres de la realeza fue considerado fundamental para la transmisión del linaje regio. Con frecuencia se plasman en las tumbas reales escenas de teogamia, en las que la reina aparece emparejada con el dios Amón, simbolizando con ello la transmisión de la sangre divina a su heredero. Como era la principal esposa quien transfería el poder dinástico, quienes fuera de la línea sucesoria alcanzaban la dignidad de faraón, ansiaban legitimar su posición contrayendo matrimonio con hijas del faraón anterior y su gran esposa real.
En el plano religioso, el mayor rango al que una mujer podía aspirar era el de divina adoratriz de Amón. Sin embargo, se desarrolló un clero femenino paralelo al del sumo sacerdote de Amón en Tebas. Incluso durante la dinastía XXVI (s. VII-VI a.C.) llegaron a sustituirlo, lo que supuso que esas sacerdotisas fueran las más poderosas en la historia de Egipto, casi un estado dentro del estado, solo situadas por debajo del faraón y con jurisdicción en todos sus dominios. En las tumbas vemos como usaban la cobra o ureus como insignia de su elevado poder.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Tras las huellas de Orfeo

por Encarnación Lorenzo Hernández



Todos conocemos al mítico cantor tracio. Con su música era capaz de detener ríos y vientos o de hacer que las rocas y plantas lo siguieran. Hasta persuadió a los dioses del inframundo para que le devolvieran a su dulce esposa Eurídice, pero en un momento de inseguridad durante el camino de vuelta, la perdió para siempre.
Lo verdaderamente sorprendente de esta bonita y triste historia son sus incontables ramificaciones en los ámbitos de la filosofía, la religión y el arte, tejidas a lo largo de miles de años. No somos conscientes de ellas pero permanecen visibles, como capilares bajo la piel, si miramos con una mínima atención. Me propongo contaros una historia fascinante, que en ocasiones hasta provoca un cosquilleante vértigo, cuando se comprende cuán lejos podemos viajar hacia atrás en la historia sin abandonar el presente. A poco que profundices en ellos, algunos mitos se convierten en la auténtica máquina del tiempo.

El mito de Orfeo

Cuenta la leyenda que el insuperable arte de Orfeo con el canto y la lira lo debía a sus progenitores, el dios Apolo y la musa Calíope, inspiradora de los poetas. Su alegría se apagó con la muerte de Eurídice. Aconsejado por Apolo, se atrevió a descender al reino de los muertos a rescatarla. Para seguir la pista de la metamorfosis de algunas de nuestras ideas culturales clave, es preciso conocer un poco la geografía ultraterrena entre los griegos. En los poemas homéricos, las almas de todos los muertos permanecían confinadas en un territorio subterráneo, el Hades, donde eran terriblemente desgraciadas para siempre pero no se las concebía como inmortales. Alimentadas con sangre, podían desvelar secretos a los vivos: así logró Ulises averiguar, preguntando al espectro del adivino Tiresias, cómo regresar a su añorada Ítaca. Poco a poco se fue abriendo camino una diversificación de los espacios del Más Allá, pero siempre localizados bajo tierra: el tenebroso Tártaro, donde las terribles Furias vigilaban el Lugar de los Castigos; la Isla de los Bienaventurados, también conocida como los Campos Elíseos; y un insípido pedregal, los Campos Gamonales, por los que los espíritus vagaban eternamente aburridos. Con ello, el esquema va adquiriendo un sorprendente parecido de familia con la tripartición cristiana de cielo, infierno y purgatorio.
El Tártaro era el reino de Hades y Perséfone. Hasta él acompañaba Hermes a las almas, que primero debían cruzar la laguna Estigia en la barca de Caronte, pagándole con la moneda depositada en la boca del difunto. Al llegar a la otra orilla, se transformaban en sombras. El temible can Cerbero vigilaba con sus tres cabezas que no escapase de allí ningún espíritu ni tampoco penetraran seres mortales. No obstante, algunos héroes lo lograron: Ulises, Hércules y Orfeo; y creo que ésa podría ser una de las razones por las cuales a las comunidades helenizadas de la época de Jesús les resultó tan fácil comprender y aceptar su bajada a los infiernos y su triunfo sobre la muerte como Dios hecho hombre.

martes, 6 de diciembre de 2011

1848. Seneca Falls: La rebelión de las mujeres


Marie Olympe de Gouges
Hay momentos en la historia que pueden considerarse puntos extremadamente calientes, en los que el magma social largo tiempo contenido explota y sale a la superficie con gran potencia. Mario Vargas Llosa, con una acertada metáfora, llama "cráteres activos" a los puntos principales de un texto literario, en los que sucede un gran número de acontecimientos de elevada intensidad dramática. También la historia, sobre todo la del siglo diecinueve, entretejida de acciones y relatos, podría leerse como una novela, con cráteres humeantes esparcidos aquí y allá en sus páginas. Uno de ellos, indudablemente, sería el año 1848.

 
En el mes de febrero, Marx publica en Londres el Manifiesto Comunista, llamando a la unión de los proletarios de todos los países contra la sociedad burguesa explotadora. Muy poco después, una coalición republicana entre la burguesía y la clase trabajadora se levantaría en París contra la monarquía de Luis Felipe de Orleáns, en defensa de las libertades ciudadanas.

Es igualmente importante para la historia, pero mucho menos conocido, que en ese memorable año se produjo también, en Nueva York, la Declaración de Seneca Falls, de Sentimientos o Pareceres, como la quisieron llamar sus principales promotoras, Elizabeth Cady Stanton (1817-1902) y Lucretia Mott (1793-1880). Su pretensión era defender los derechos de las mujeres, terriblemente oprimidas por esa sociedad burguesa cuyo modelo estaba abiertamente en crisis hacia la mitad de la centuria.


Lucrecia Mott
Quienes escriben la historia suelen cubrir con un espeso manto de silencio las acciones de los que desafían el orden establecido sin éxito, así que no debería sorprendernos descubrir que desconocemos todo o casi todo acerca de figuras tan valientes y modernas como Olympia de Gouges (cfr. supra), guillotinada en 1793 y a quien debemos la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, como réplica a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. La misma había sido promulgada con gran pompa, pretendidamente, en favor de todos los ciudadanos franceses pero- estas son las trampas que tiene el genérico masculino-, en realidad solo se había diseñado y se aplicó, en la práctica, en beneficio de los varones.

Durante muchos años, tampoco nos han contado esos libros que reflejan la historia “oficial” las vicisitudes del Manifiesto neoyorkino de 1848. Para entender mejor su contenido y el proceso de su gestación, es conveniente asomarnos, desde el cómodo balcón que nos proporciona la distancia histórica, al panorama social de la mujer en el mundo occidental entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del siglo XIX. A pesar de ser un período muy amplio, pocas cosas variaron durante el mismo en relación al dogma de la desigualdad “natural” entre los sexos, que se mantuvo en un inmovilismo absoluto.

martes, 11 de octubre de 2011

Robinson Crusoe, héroe de la Ilustración




Tal vez sea poco conocido que el famoso relato de Daniel De Foe (1660-1731) se inspiró en la historia verídica de Alexander Selkirk, marinero escocés abandonado en 1705 en una isla desierta del archipiélago de Juan Fernández, frente a las costas chilenas, donde sobrevivió solo, en estado semisalvaje, durante cuatro años y cuatro meses.
La relación de sus peripecias se publicó en 1713, despertando gran interés en el público, pues el suceso evocaba algunos de los tópicos fundamentales del siglo dieciocho: civilización versus estado de naturaleza, la empresa colonial europea en el Nuevo Mundo, la capacidad del ser humano para superar grandes adversidades, aventuras en lugares exóticos todavía por explorar…, a los que la novela de De Foe, publicada en 1719, aún añadiría otros varios, esenciales para la comprensión de la mentalidad contemporánea y que convierten a Robinson, todavía hoy, en un prototipo de constante referencia.

De Foe es uno de esos raros ejemplos de literato tardío ya que, hasta los 62 años, solo había entregado a la imprenta algunos panfletos. Dedicado al comercio y a la política sin éxito, hasta llegó a ser encarcelado en varias ocasiones. Como necesitaba de dinero para dotar a sus hijas, aceptó el encargo de novelar la historia de Selkirk, que debía presentarse a los lectores, ávidos de noticias sobre el suceso, en forma memorialista, como si constituyera el relato fiel de lo acontecido. Del talento del autor para reflejar en el texto,-muy moderno en su época, por su estilo realista y periodístico-, no solo los temas sociales más candentes del momento sino otros más universales, hasta forjar uno de los mitos claves de la civilización occidental, da cuenta el hecho de que es el libro de mayor número de ediciones después de la Biblia.

Todos conocemos la historia en sus líneas generales: un muchacho rebelde, desoyendo los consejos paternos de conformarse con una plácida vida sedentaria (el aurea mediocritas), escapa de su hogar y, tras diversas desventuras (naufragio, prisión en manos de piratas…), recala en Brasil, donde explota un engenho, plantación esclavista. Hastiado de esa vida, se dirige a Guinea en un barco que naufraga frente a las bocas del Orinoco, siendo Robinson el único superviviente.

En la desierta isla de la Desesperación, como la bautiza, en completa soledad y enfrentado a una naturaleza hostil, consigue reconstruir el mundo civilizado que ha perdido. El esfuerzo que invierte en ello es su tabla de salvación contra la locura. Pero el éxito de la empresa depende de un evento que marca una ruptura trascendental en su existencia.

viernes, 19 de agosto de 2011

SUDAR NOS CONVIRTIÓ EN HUMANOS






Tendemos a pensar que la secreción sudorípara es una enojosa pervivencia de nuestro origen animal. La cirugía estética ha encontrado en ella un nuevo filón: bótox para “adormecer” las molestas glándulas. Y, sin embargo, no somos conscientes del fundamental papel que han jugado en la evolución de nuestra especie. Para Nina Jablonsky, antropóloga de la Universidad del Estado de Pennsylvania, el incremento de las glándulas sudoríparas, correlativo a la pérdida del pelo corporal, podría haber sido un requisito condicionante para el desarrollo del cerebro grande que caracteriza al género Homo.
La cuestión remite al estudio de los diferentes sistemas de regulación de la temperatura corporal en los mamíferos, problema clave pues, por encima del umbral crítico (en los humanos se sitúa en 40º), los procesos bioquímicos de las células comienzan a fallar y algunas proteínas pierden su estructura. El riesgo de sobrecalentamiento, por otro lado, se acentúa con el ejercicio físico.
Las soluciones presentes en las diversas especies son siempre respuestas óptimas de adaptación al medio: la escasa actividad diurna de los felinos, el jadeo de los cánidos… Sin embargo, ese jadeo interfiere en la respiración, restándole eficacia. Por ello, animales muy veloces en el sprint pueden manifestar una escasa resistencia a la carrera mantenida. Aprovechando tal debilidad, los aborígenes australianos consiguen dar caza a los veloces canguros tras perseguirlos durante horas, hasta que sus presas se desmayan por el exceso de calor corporal.
La respuesta adaptativa del hombre es diferente: está cubierto de millones de glándulas sudoríparas, cuya función es disipar la mayor cantidad posible de calor a través del sudor, efecto que también se refuerza mediante el contacto directo de la piel con el aire. Con ambos procedimientos se mantienen frescos la superficie corporal y el cerebro, que resulta ser un órgano extremadamente termosensible.
En el caso de los chimpancés - rama de las que nos separamos hace unos 8 millones de años-, el cuerpo se halla cubierto de un denso pelaje, que cumple la función de protección contra los rasguños y la radiación solar, así como de aislante contra la humedad, el frío y el calor. Por otro lado, los chimpancés permanecen la mayor parte del tiempo protegidos del sol bajo las copas de los árboles, por lo que la capacidad de sudoración no resulta especialmente relevante para dicha especie. Lo mismo sucedía con los primeros homínidos, que comenzaron su andadura evolutiva en cerrados espacios boscosos. Su paso a otros entornos más secos, por el cambio climático acontecido hace dos millones de años, supuso un reto medioambiental decisivo, pues quedaban expuestos a una mayor radiación solar y sometidos a una vida más activa, tanto al huir de sus predadores como durante la persecución de sus propias presas.
En el curso evolutivo, nuestros ancestros experimentaron una decisiva ampliación del tamaño de la caja craneal: por una parte, por la disminución de la musculatura de sujeción de la cabeza al cuerpo, al pasar a la postura erguida; y, por otra, por la reducción del aparato masticatorio gracias al cambio a una dieta rica en proteínas. Ello permitió el crecimiento del cerebro. Pero su volumen progresivamente más grande, que facilitó a las especies predecesoras abordar más acertadamente aquellos radicales desafíos a la supervivencia, también exigía una mayor refrigeración. Por tanto, un menor vello corporal y un incremento en el número de glándulas sudoríparas pudieron haber interactuado, en sistemas verdaderamente complejos de mutua potenciación de los factores concurrentes, para hacer posible el espectacular desarrollo del cerebro desde los primeros australopitecinos hasta el género Homo.
El problema reside en que los científicos todavía desconocen cuándo se produjo exactamente esta novedad adaptativa. Sí pueden constatar que hace 3,9 millones de años, los Australopithecus afarensis- especie a la que pertenece la célebre Lucy-, estaban físicamente mal adaptados a la carrera en bipedestación, por lo que una piel especialmente hidratada y ventilada no constituiría una vital necesidad para los mismos. En cambio, sí debió de serlo para el Homo erectus, hace unos dos millones de años, permitiéndole emigrar desde África hasta el Sureste asiático merced a su capacidad para recorrer largas distancias, como ponen de relieve el biólogo Dennis Bramble, de la Universidad de Utah, y el paleoantropólogo Daniel Lieberman, de la Universidad de Harvard. Entre ambos hitos, lógicamente, debió de mediar un proceso de desarrollo, ya fuera éste abrupto o progresivo.
Para la solución de este enigma resulta crucial el descubrimiento, en abril de 2010, de una nueva especie, denominada Australopithecus sediba, que aparece publicado en el número de agosto de National Geographic (Vol. 29, nº 2). El artículo, cuyo autor es Josh Fischman, se titula "Medio mono medio humano".
Los restos se han encontrado en el yacimiento de Malapa, cerca de Johannesburgo, en unas pozas de agua que han conservado, en excelente estado, esqueletos muy completos de varios individuos, cuya datación se sitúa en 1,98 millones de años. Para su descubridor, el paleoantropólogo Lee Berger, se trata de una especie transicional por su combinación de rasgos primitivos y modernos: un cerebro pequeño (420 cm³), similar al de un chimpancé pero ya con la acusada asimetría entre los hemisferios derecho e izquierdo que distingue al cerebro humano; cuerpo menudo pero piernas más largas que el A. afarensis, signo indudable de su mayor aptitud para la marcha; calcáneo primitivo junto a una mano con agarre de precisión…
La extraordinaria relevancia de este descubrimiento- que para Berger representa “la piedra de Rosetta del origen del género Homo”-, reside en el gran número de huesos hallados en el yacimiento, mientras que suele decirse que, hasta llegar a los neardenthales, los restos que conservamos de las diferentes especies apenas llenarían una caja de zapatos. La razón es sencilla: en época de lluvias, el agua llegaba hasta la superficie del manantial. Con las sequías, aquellos homínidos debían aventurarse en el interior de las cuevas buscando el acuífero, cayendo a veces por pozos verticales de hasta 50 metros. Los cuerpos quedaban rápidamente sepultados bajo una gruesa capa de arena y arcilla en esas trampas mortales sudafricanas. Por la rapidez del enterramiento, las partes blandas tardaban más tiempo en descomponerse, hasta el punto de que un cráneo y una mandíbula conservan parte de la piel o, al menos, su huella fosilizada, hecho verdaderamente insólito en la historia de la Paleoantropología. Para Nina Jablonski tal transcendental descubrimiento abre la puerta a verificar cómo reaccionaban al calor aquellos australopitecinos, tanto por la densidad de glándulas sudoríparas como por la pilosidad facial. En un artículo publicado el pasado año, bajo el título "El origen de la piel desnuda", la misma autora afirmaba que la ausencia de pelo corporal también tuvo una transcendental influencia en las relaciones sociales- la intensidad y complejidad de las cuales aceleró exponencialmente el desarrollo de nuestra especie-, al crear sistemas de comunicación puramente epidérmicos como el rubor, las expresiones faciales, la pintura, los cosméticos y los tatuajes. Toda una nueva línea de investigación llamada a revolucionar nuestra comprensión del hipercomplejo proceso de la hominización.

lunes, 18 de julio de 2011

Género y políticas de identidad: Permanencia y cambio


(Comentario en torno a La dominación masculina de Pierre Bordieu y La tercera mujer de Gilles Lipovetsky)

Desde la segunda mitad del siglo XX se aceleró, de manera significativa, el ritmo de transformación de la condición femenina en el mundo occidental, entre otros múltiples factores debido al acceso a la educación superior, la incorporación masiva al mercado de trabajo y el incremento de la presencia de la mujer en la esfera pública.

Se trata de un proceso de cambio extraordinariamente complejo por la acción de fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales mutuamente interconectadas. Así sucede con los cambios sociales (contracepción, divorcio, reducción de la tasa de nupcialidad) que han motivado la ruptura del modelo tradicional de familia, lugar privilegiado de reproducción de los esquemas patriarcales (subordinación jerárquica de la mujer al varón y su papel reducido a labores domésticas); la formación y educación de la mujer, que permite el desempeño de trabajos cada vez más cualificados, y la tarea crítica del movimiento feminista en la denuncia de los clichés ideológicos que la habían esclavizado, en la sociedad burguesa, al trabajo en el ámbito del hogar y al rol meramente reproductivo; un mercado en constante expansión, que crea nuevas imágenes de productos y servicios y provoca, con ello, la necesidad de incrementar la capacidad económica de la unidad familiar mediante el trabajo remunerado de la mujer, hasta entonces confinada al papel de ángel tutelar de la casa, para satisfacer los apetitos de consumo generados …

En cualquier caso, los analistas coinciden en señalar que los innegables avances registrados en el lugar de la mujer en la sociedad ocultan su permanencia en posiciones de avance solo relativas, como demuestra su infrarrepresentación en el desempeño de tareas científicas o técnicas o al frente de puestos de autoridad (poder político o financiero), reservados al varón, ubicándose mayoritariamente, en cambio, en actividades que se consideran adecuadas al ser femenino culturalmente definido: educación, sanidad, otros servicios…, concebidas como prolongación natural de los trabajos tradicionales del hogar y que resultan compatibles con las exigencias de la maternidad. Para Bordieu, la tasa de feminización de una profesión es índice de medida de su valor social, de manera que la mujer solo ocupa nichos laborales devaluados socialmente, que ya no encuentra apetecibles el varón o que, por el hecho de estar siendo atendidos por mujeres, pierden por ello su prestigio preexistente.

Por tanto, existe un largo camino por andar en la igualación de los roles de género. Frente a la eternización de la división sexual que se produce cuando se la entiende encarnada en esencias inmutables, se trataría de re-historizar la división de género, introduciéndola en la dinámica del cambio social, esto es, entenderla como un elemento construido culturalmente y no dado por la realidad, siendo por ello susceptible de reforma. Tal reto parece particularmente perentorio de abordar en las sociedades en que la discriminación sexista es la norma secularmente arraigada.

Bourdieu revela cómo la mujer es víctima de una violencia simbólica tanto más peligrosa cuanto que resulta imperceptible, pues se articula en una cosmovisión creada culturalmente pero que reviste la apariencia de ser conforme, por completo, con la naturaleza real de las cosas. Dicha concepción del mundo jerarquiza sus elementos aplicando un principio androcéntrico, que otorga prioridad a todos los valores que, en la lógica de las oposiciones binarias, se asocian arbitrariamente al polo masculino.

Sin embargo, la mera toma de conciencia de tal sojuzgamiento simbólico no produce una liberación automática respecto del mismo. Por el contrario, persiste una fuerte resistencia en la conciencia y acción, porque el programa de percepción del mundo bajo aquellas relaciones de poder, para el hombre y la mujer, se halla incorporado a su ser por medio de hábitos persistentes, adquiridos durante la socialización en la familia, la escuela, por la Iglesia o el Estado.

Para Lipovetsky, la cuestión más enigmática, a la hora de entender la identidad femenina en las actuales sociedades igualitarias, es la relativa continuidad de los roles tradicionales (papel todavía central en el hogar, predominio del elemento sentimental frente al racional o la elevada valoración de la estética en el mundo de valores femeninos). Los atributos atribuidos a la mujer durante tantos siglos y ahora reconfigurados en la sociedad posmoderna, coexisten con tradiciones que, para el autor, no responden meramente a inercias históricas, como arcaísmos resistentes, ni al impacto de un determinismo biológico en el orden social y psíquico, sino que se acomodan a la nueva autonomía individual de la mujer, como vectores de su identidad de género y poder.

Por su parte, Bordieu pone adecuadamente el acento en que no solo la mujer es sujeto pasivo de férreas estructuras simbólicas. También el hombre es prisionero y víctima de las representaciones dominantes, que le obligan a una confirmación constante de los estereotipos propios de la virilidad.

El avance cultural basado en la puesta en práctica de estos modelos de género en transformación, con nuevos patrones de conducta, permitirá a largo plazo un cambio social significativo, que no es susceptible de producirse sin más con la acción performativa de medidas políticas, como las cuotas de paridad propugnadas por el feminismo de la igualdad, cuya discutible eficacia critican por igual Bordieu y Lipovetsky. Ello sucede por la extraordinaria autonomía relativa de las estructuras sexuales frente a las económico-políticas (Bordieu), cuya evolución no corre pareja. Por ello, las modificaciones en una de esas esferas mediante reformas políticas puede dejar inalterada la situación en la otra durante, todavía, muy largos períodos.

En cualquier caso, tras la lectura de las obras de Bordieu y Lipovetski queda en el aire un aroma a utopía y fin de la historia. Con un esquema de interpretación típico del marxismo, Bordieu señala que, a la larga y al amparo de las contradicciones inherentes a los diferentes mecanismos institucionales implicados, la acción crítica podrá contribuir a la extinción progresiva de la dominación masculina.

Por su parte, la “tercera mujer” de Lipovetsky (superación dialéctica de la “mujer depreciada”, como ser inferior y peligroso para el orden social durante la antigüedad y el medievo, y la “mujer exaltada”, con la burguesía, solo en su condición de esposa y madre) se muestra para tal autor como un proyecto todavía indeterminado, con un destino imprevisible en su autocreación aunque, frente a su visión optimista, puede dudarse si la tan anhelada autonomía femenina no acabará sucumbiendo, como los ejemplos históricos previos, a un modelo heteronormativo (pensemos en la agresividad publicitaria del mercado y en la docilidad femenina a las imágenes impuestas por el mismo).

La última etapa en la dinámica igualitaria moderna sería, para Lipovetsky, la feminización del poder.
El feminismo de la diferencia ha dado origen a un nuevo mito, la mujer como sujeto revolucionario, depositario de las esperanzas de salvación de la humanidad merced a su reserva de valores elevados: sensibilidad, intuición, preocupación por el prójimo… Lipovetsky, sin embargo, prefiere la idea de una unidad del género humano pero descartando esa temida utopía de una sociedad hiperracional, en la que la diferencia de sexos sería solo anatómica.