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martes, 14 de abril de 2020

DESIGUALDAD NO ES FELICIDAD



Hay estudios que muestran los efectos del egoísmo, la competencia y el materialismo sobre los seres humanos. Un análisis que da que pensar.

Ana Azanza por la traducción
 
El autor norteamericano  Dinesh D’Souza explica: "Algunos reprochan al capitalismo que es un sistema egoísta. Pero el egoísmo no está en el capitalismo sino en la naturaleza de los hombres”.

jueves, 22 de noviembre de 2018

FASTIDIO DE VIVIR

Resultado de imagen de primo levi


"El que posee el amor a la vida 
y el que lo ha perdido no tienen un lenguaje en común".

Primo Levi. "Hacia Occidente", en Cuentos completos
El Aleph eds. Barcelona, 2009.

Primo Levi (1919-1987), genial escritor italiano de origen sefardita, es conocido sobre todo por su memoria del Holocausto, al que sobrevivió de chiripa tras pasar diez meses en el campo de concentración de Monowize. Químico de formación, sus relatos tienen algo de profético, el humor sombrío de una prosa elegante, precisa, muy económica, y contienen agudísimas reflexiones sobre nuestra condición, sobre el "progreso" tecnológico, así como sobre nuestras relaciones con animales y máquinas.

martes, 7 de junio de 2011

Resiliencia



Si Séneca hubiera filosofado hoy, sería un apóstol de la resiliencia. El “palabro” viene de las voces latinas 're', hacia atrás, y 'salire', saltar, y es de esos términos-saltamontes que gustan de una dieta variada y transitan de una planta a otra, de una  disciplina (la biología) a otra (la psicología), como “memes” que amplían así su ámbito trófico para replicarse y sobrevivir.
 

“¿Qué es lo fundamental? Poder soportar la adversidad con alegre ánimo; aceptar todo lo que suceda como si quisieras que te acaeciese. Pues debieras haberlo querido si supieras que todo se hace por decreto de dios: llorar, quejarse o gimotear es una inconsecuencia inútil” (Séneca. Cuestiones naturales III, prefacio 10-17, trad. JB)


“Poca cosa es la vida del hombre, pero es mucho saber despreciarla. El que desprecia la vida verá sin temor los mares enfurecidos cuando les combaten todos los vientos, cuando un flujo extraordinario, producido por alguna perturbación del mundo, hiciese de toda la tierra un océano. Verá tranquilo el horrible espectáculo de un cielo lanzando rayos, y cuya bóveda cuarteada destruyese bajo sus fuegos toda la raza humana. Tranquilo verá hendirse el suelo, rota la trabazón de la tierra. Y aunque se descubriese ante sus ojos el imperio mismo de los infiernos, en el borde del mismo permanecerá tranquilo y erguido; tal vez, puesto que al fin ha de caer, se precipitará. ¿Qué me importa la grandeza de aquello que me mata? La muerte misma no es grande” (Cuestiones naturales, libro 6º).


Trágica y serena dignidad, la del cordobés. Muestra la vía del sabio hacia la quietud, su imperturbabilidad de ánimo ante la adversidad (lo que los estoicos llamaron "apatía"). El estoicismo es una filosofía que enseña a obrar con resiliencia, instruye en la capacidad para sobreponernos a las tortas que nos da y nos pegará la vida. A fin de cuentos (sic), la vida humana misma es una historia que acaba siempre mal. Y si consigues conservarla y alargarla, antes de agotarla tendrás que soportar los numerosos fastidios de la vejez, entre los cuales no es el menor la creciente soledad.
 
Los psicólogos se preguntan si la resiliencia es una cualidad innata, o si conviene aprender la resiliencia. Hace unos lustros, unos listos creyeron  haber dado con el gen de la resiliencia: el gen 5-HTT. Unos despabilados "empiristas" se empeñaron en que las personas que tenían la versión más larga de dicho gen parecían resistir mejor la depresión. En 2006, el gen 5-HTT saltó a la fama con un artículo en The New York Times Magazine; pero el optimismo inicial no tardó en convertirse en humo, como siempre que se trata de vincular un comportamiento complejo y voluntario (o sea, un acto del espíritu) a un solo factor biológico.



Si no es una cualidad innata, la de sobreponerse a las desgracias con que nos castiga la fatalidad, ¿podemos entrenarnos, para “rebotar” después de una catástrofe, colectiva o personal, hacia un “estado operativo”? ¿Cómo podemos prepararnos para sobrevivir cuando se desmorona nuestro mundo?

Si no hubiera posibilidades de entrenar la resiliencia, sería bastante absurdo que los EEUU destinen millones de dólares a la mejora de la resiliencia de sus soldados (800.000 han seguido cursos para mejorar su resiliencia). Hace dos décadas Martin E. P. Seligman creó el Programa de Resiliencia de Pennsylvania, y demostró su eficacia con niños en edad escolar. Seligman llegó a la "psicología positiva" tras descubrir que, tras administrarles electrochoques a unos perros, entraban en un estado de sumisión lamentable, que él denominó "indefensión aprendida". Esto le sirvió para explorar intervenciones clínicas que buscan lo contrario: alentar el optimismo, el bienestar y, sobre todo, la resiliencia.

¿Cómo superar la frustración? ¿Cómo desterrar la depresión? El programa de Seligman incluye técnicas como la reestructuración cognitiva, para que los pacientes revisen sus pensamientos bajo una luz positiva. ¡No hay mal que por bien no venga!
 

“Atiende ante todo a separar las cosas del tumulto que ellas mismas forman, y a considerarlas en sí mismas; verás entonces que no tienen de terribles más que el miedo que inspiran” (Epístolas a Lucilio, XXIV).
  Sobrellevar las peores tensiones nerviosas, restaurar nuestro equilibrio emocional, superar el TEPT (transtorno de estrés postraumático) puede exigir el enaltecimiento del ego:


“Aunque el sabio quiera por extremo a sus amigos, aunque al compararlos a él los prefiera frecuentemente, su satisfacción la hará consistir en sí mismo (…). Llevo conmigo todos mis bienes, es decir, la justicia, la virtud, la prudencia, la templanza y la hermosa resolución de no estimar como bien aquello que puede ser arrebatado” (Seneca. Cartas a Lucilio, IX).
El sufrimiento es parte de la condición humana, incluso -contra la ética indolora de los Media- hay sufrimientos que merecen la pena, dramas que nos mejoran, pruebas que nos fortalecen, crisis que nos purifican. Por supuesto, las grandes internacionales farmacéuticas estarán atentas y se esforzarán por ofrecer atajos bioquímicos para mejorar la resiliencia, pero consuela saber que aún pasará mucho tiempo hasta que den con pastillas que aumenten de verdad nuestra fortaleza emocional o mejoren nuestro equilibrio mental, y mucho más difícil será que dichos fármacos sean tan baratos y provechosos,-o al menos tan inocuos y entretenidos- como la lectura de los clásicos, cuya adicción jamás conlleva lamentables efectos secundarios.


Bibliografía
Gary Stix. "Claves de la resiliencia". Investigación y ciencia, mayo 2011, pgs. 15ss.
María Zambrano. El pensamiento vivo de Séneca. Losada, Buenos Aires 1965.

lunes, 6 de junio de 2011

La psicología, hija "fantasmal" de la filosofía

Autora Ana Azanza

En la novela "Der Sauberbaum", "El árbol mágico" de Peter Sloterdijk se describe la historia de un joven médico austríaco que viaja a París para conocer a Mesmer, pionero de la psicología. Mesmer, personaje que existio realmente,  http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Anton_Mesmer,
utilizaba la hipnosis para curar a sus pacientes. La trama en sí no me ha gustado especialmente, pero me ha parecido una pequeña joya el breve Tractatus psychologico-philosophicus que hay en la última parte del libro.


La única novela de Sloterdijk (1985)


"La filosofía moderna está maldita. Por sus ambiciones científicas está condenada a comprender toda la historia de todo el mundo y, sin embargo, no conoce ni la Historia, ni el mundo, ni lo que representan. La filosofía sólo puede saber que la historia del mundo ha de ser la historia de un despertar. De otro modo, ¿cómo sería posible que en lo infinito apareciera un ser vivo que, en las pausas y los vacíos de su vida, se asoma sobre el borde de lo inmediato? Pero tan pronto como el ser vivo da la espalda al presente inmediato, comprende que el mismo se escapa en todas las direcciones. Sabe que, más allá del horizonte, existen las montañas y mares invisibles y que, detrás de todo lo visible, se abre un espacio enorme que es dominado por coexistencias invisibles. ...."

Sloterdijk describe la vida consciente como un fenómeno meteórico que brota de lo inmenso e incandescente. Fugaz. El hombre es un meteorito pensante. Sólo en contacto con lo existente se inflama su envoltura. Yo ardo, por lo tanto no puede ser que no haya nada. Si yo ardo es que estoy aquí para coexistir con los demás que aquí están.

¿Qué es esa incandescencia? el mismo preguntar eso es infantil. La incandescencia está unida al preguntar, no hay posibilidad de averiguar el secreto de la incandescencia preguntona. Mientras ardemos pensamos y preguntamos, pero llega un día en que la incandescencia se extingue y las cosas ya no nos afectan. Sólo un loco puede plantearse las cosas como pensaría los muertos del Más Allá.

En la incandescencia no hay un más allá, el destino del espíritu humano se decide entre los polos de "contra" y "dentro". Los filósofos de todos los tiempos han intentado hablar como si estuvieran fuera de esas leyes. La filosofía moderna ha llegado a engullir el mismo concepto de ser para atribuirle el contenido de su imaginación. El yo pienso cartesiano acaba tragándose todo, incluido Dios y el Ser. "Pienso luego existo" significa en realidad "pienso que existo". Desde que este pensamiento se abrió paso, la vida humana se ha convertido en un baile de fantasmas que aparentan ser lo que se imaginan que son.

Y cuando los fantasmas predominan empieza la época de la Psicología. Asegura Sloterdijk que psicología es la filosofía que hace penitencia, tiene que pagar las consecuencias fantasmales del "yo pienso". La psicología es la filosofía negra de la edad moderna. Las incandescencias extintas, el Ser muerto por el pensamiento entran ahora por la puerta excusada del consciente: cuanto más se arman los hombres del yo pienso, más psicología tiene que surgir en esta sociedad para regular el tráfico de los fantasmas. La psicología está sometida al dominio de los fantasmas, y nadie puede garantizar que la psicología no termine en un círculo absurdo, en el que unos fantasmas pretenden ayudar a otros fantasmas a desembarazarse de su fantasmal condición. Si un día llega esta situación, la psicología regresará a su punto de partida, el "pienso luego soy" moderno. Que la psicología vuelva a la filosofía, y que la filosofía renuncie a su falsa perspectiva de verlo todo "desde arriba".  Así podrá recibir a la hija pródiga.

Nada de esto va a pasar mientras los propietarios de consultorios sigan ganando dinero.

Todo "yo pienso" se presenta como un "yo pienso que soy así y de esta manera". Nos presentamos en la pose del yo masivo que está en el mundo firmemente, en plena posesión de sí mismo. Este Yo se llena de fuerza y de un sentido prestados. Todo Yo total se parece a un loco que se cree otra persona y por lo tanto se halla en camino de convertirse en aquello que imagina ser. El que quiere ser plenamente dispone de todo el guardarropa de las grandezas humanas.

Cada uno de nosotros que escenifica un positivo "este soy yo" también padece cierta paranoia en la medida en que nos identificamos con nuestro yo interior como con una misión. Mi nombre no me pertenece, es un préstamo, un equívoco que delata solamente como me nombran los otros. Nombrar significa en este caso "producir" o "suprimir".

La contrafigura del yo paranoico la constituye el depresivo. La infinita melancolía del rey destronado que sueña con la felicidad perdida. El depresivo es víctima de una idea de sí mismo, que no es una imagen plena idéntica a sí mismo, sino la imagen de la desolación, de la infinita carencia. El depresivo quiere salirse del mundo para afrontarlo como una nada. Todo se resume para él en claudicación y pérdida. No conoce más que abrumadores recuerdos y privaciones del ser inalcanzable. El escenifica el "yo pienso que soy así" en sentido negativo, como un ser rechazado, despojado, alienado.

El loco poseedor del yo y el depresivo negador del yo son dos gemelos antagónicos. En el transcurso de la vida tantas personas pasan de un extremo al otro. Empiezan en la euforia y terminan en el pasmo. O empiezan en la insignificancia y acaban en caudillos esforzados del bien. Presentan la versión positiva y negativa de la identidad psíquica. Lo importante es mantenerse en la escala entre el Yo iluso del paranoico y el Yo negado del deprimido. Sólo en el delicado término medio se halla la salud psíquica que es, el lugar de la verdad filosófica, el filo del equilibrio.

El depresivo se cura con excitación y participación en cosas importantes, el paranoico con el relajamiento y liberación de grandes tareas. El abatido tiene que aprender a respirar hondo y dejar circular por su cuerpo el viento hinchado de una inspiración existencial. El paranoico por el contrario debe aprender a espirar y advertir que el viento de los grandes problemas no se preocupa de su Yo hinchado.

CONCLUSION POR HOY
Una de las grandes paradojas de la mente humana es que la fuerza y la verdad se han situado en campos opuestos y encajan entre sí perfectamente. Nadie tiene más energía que el que está empujado por el delirio y nadie está más cerca de la verdad que el sumido en el pasmo de la depresión. En uno realiza vuelos grandiosos y trascendentales. El otro mira el mundo como si no tuviera nada que ofrecerle.
Pero allí donde la FUERZA y la VERDAD se encuentran se crea el clima propicio para el milagro de la vida lograda.

Equilibrio sería poder decir ni esto ni lo otro. El ser vivo nunca se deja forzar a elegir porque intuye que él no es ni alguien ni nadie. Tiene algo de todo y no es nada de todo. El que ha encontrado el ojo del ciclón se funde con la vitalidad absoluta que no se disipa en naderías beligerantes, con sus posiciones, sus valores, sus intereses y sus razones. Hace de su vida una expedición a las regiones inexploradas del Ser que se encuentran entre la sinceridad y el don de la inventiva. Profundiza más y más en la auténtica tierra de la verdad. Es una tierra sin mentira ni pasado. Sólo en este mundo virgen puede producirse lo nuevo. Cuando aumenta la percepción y disminuyen las figuraciones, salimos al cielo del presente, errantes como nómadas, extáticos como derviches, quietos como árboles.

Dejo para otro día las tres psicologías.