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martes, 29 de octubre de 2024

ENTRENANDO LA ATENCIÓN



El mismo Sócrates platónico definió la Filosofía como "principal cuidado de la mente", como una 'therapeia psyches', es decir, tal que una terapia psíquica. No extrañe que María del Mar Cruz, filósofa, psicóloga, filóloga y coach profesional, nacida en Barcelona pero establecida en Bruselas, en su libro Derecho a soñar (2024) use los recursos de la tradición filosófica, incluida la oriental, en su propuesta de coaching. "Coach" es para la autora el entrenador especialista en hacernos ver nuestros puntos débiles, pero, sobre todo, en hacernos conscientes de nuestras fortalezas, nuestra brillantez y unicidad. El coach vive empeñado en que veas tus posibilidades de crecimiento personal y te concentres en ellas, en su crecimiento e implementación práctica.

Descubrir talentos y genio propio (o geniecillo) requiere perspicacia y concentración; ¡sobre todo, atenta concentración! Uno de los problemas más acuciantes hoy, especialmente en educación, es el de la atención o, para ser exactos, el de la desatención. Todos hablan, nadie escucha, todos buscan ser atendidos, pero nadie atiende, ni siquiera se oye el run-run íntimo de lo que sucede en el Interior de uno mismo, "la mejor brújula, la voz interior". "Tenderos" habían antes que atendían en los pequeños negocios familiares. La atención personal al cliente era lo importante. La persona de la caja del supermercado cumple su protocolo: "¿quiere usted bolsa?", "¿tiene tique de descuento?"... Pronto será una máquina quien nos cobre. Nosotros mismos trabajeremos por ello; todo el gasto será nuestro.

La incapacidad para concentrar la atención en faenas útiles o en la persecución de fines valiosos es plaga hoy; la atención, efímera, se dispersa, salta débil, distraída, de monitor en monitor. Acuciada, presionada por estímulos publicitarios y reclamada por consignas propagandísticas, nos hace perder el tiempo en lo que nos atrae rutilante en volumen alto y con sus policromías saturadas. La dispersión de la atención con lo externo que nos estimula, en lugar de con lo que nos interesa o aprovecha, hace fútil el humano afán por mejorarnos, esa dignísima ambición ética de edificarnos según modelos de belleza, perfección y excelencia moral.

El déficit de atención (TDAH), o -diríamos mejor- de desatención, es plaga de alboroto y fracaso en las escuelas. Antes que Daniel Goleman, ya William James enfatizó la importancia de la atención, de la capacidad de su concentración. Afirmó que para fortalecerla hacen falta: buen juicio, carácter y voluntad. Y sin embargo, ¡de la formación de la voluntad, de la forja del carácter, de la educación y maduración reflexiva del buen juicio maduro (Gracián le llamó "sindéresis") ni se habla en los panfletos psicodemagógicos que han servido de protocolo a las infinitas e infértiles reformas educativas que marean a maestros y profesores, condenados a servir en una burocracia cada vez más obscura, estéril y repleta de consignas ideológicas! Sus jerigonzas ni aluden a la importancia de la disciplina o a la del respeto a la autoridad del que sabe. Desprecian contenidos y tradiciones venerables. Sólo se habla de juego, sólo se juega a hablar y a escribir y a entender, cada vez menos y peor; se impone la "gamificación" y la externa motivación, es decir, se tiende a la conversión de la lección del maestro en espectáculo payasesco. Las obligaciones se cargan en los generosos hombros del maestro, reducido a animador sociocultural. El gusto del alumno es el único criterio de lo justo y ya no se habla de la capacidad de automotivación. Y no otra cosa, sino autonomía verdadera, capacidad de decisión y ejecución, es la voluntad, pues sólo puede quien quiere esforzarse por un logro deseable. "El verdadero rumbo de la vida está fijado desde dentro", escribe Stephan Zweig, autor preferido por María del Mar, que es especialista en su obra.

El mandamiento de Píndaro: "llega a ser el que eres", que cita con reverencia Mar, admite corrección, porque lo que busco es devenir lo que no soy todavía, deseo (re)apropiarme de toda ausencia y complemento. Hazte dios en la medida de tus fuerzas -pidió el platónico-. Divinicémonos, ¡pero, porfa, sin megalomanías ni narcisismos! Además, como reconoce la autora de Derecho a soñar, uno no es jamás solo uno, sino varios y apócrifos, aunque sea sano y de recibo que mande y ordene un Yo estable, un ego ejecutivo de carácter fuerte y nobles sentimientos. 


Freud descubrió el inconsciente, pero "el pobre Segismundo [Sigmund] penetró en la mujer como lo hace el hombre: hasta donde alcanza, que no es mucho". A la autora le parece machista y ridículo un concepto como "el complejo de castración", y el pansexualismo de Freud, una reacción ante el represor e histerizante puritanismo de su época. Hoy puede describirse la reduccion freudiana a libidine de la vida subsíquica, reducción de todo deseo a pulsión sexual, como una morbidez paleontológica que supone una culpabilidad ancestral, bíblica o rabínica, mera hipótesis acerca de la cámara oculta de la mente, que Freud, "teratólogo del alma" (Óscar Sánchez Vadillo), supone repleta de horrores atávicos y nuevos, más tanáticos que eróticos, según el autor de El beso de la finitud, tan siniestros como el Complejo de Edipo, que incluye homicidio e incesto. Nosotros indicaremos con Sánchez Vadillo que hoy el mercado funciona mejor espoleando deseos y pasiones que reprimiéndolas o sublimándolas. El mercado ha hecho que la descarga sexual resulte facilísima, no cabe represa neurótica donde prolifera la pornografía y se garantiza la estilidad del yogar, y ya nadie necesita recanalizar su libido en forma de Arte, Religión o Filosofía, las tres especies del espíritu absoluto de Hegel, cuyos autores son degradados por Freud a celibatarios voluntarios (incels). Más bien es el acto sexual el que se ha convertido en religión, sus creyentes ascéticos acuden al gimnasio de fitness a cumplir con ciertas liturgias preparatorias o propiciatorias. Para el judío vienés, gran escritor amigo de ritos ancetrales y de secretos primitivos, gótico y esotérico, preilustrado bajo una capa de positivismo científico, según el jucio de Sánchez Vadillo, nuestras pobres almas son tristes válvulas de débiles ideas que apenas pueden contener los briosos impulsos bestiales del cuerpo. Para contenerlos, las almas recurren al engaño, la tegiversación o el sueño. Nosotros mismos somoscomo ángeles o diablos cabalgando con dificultad panteras o hienas, siempre al límite del descalabro cerebral. Psicología del enfermo.

El libro de María del Mar Cruz usa acreditadas perspectivas de intelectuales, de psicólogos o de emprendedores de éxito con un propósito eminentemente práctico. Primum vivere, deinde philosophari!  Vale. Sin embargo, es claro que si aplicamos a rajatabla este principio que nos impone vivir antes que filosofar o filosofar después de haber vivido, aplazaríamos el hacer filosofía (algo inevitable, por cierto) para después de haber dejado de vivir. No sabemos qué nos espera más allá de la vida, si es que nos espera algo y no más bien nada. Tal vez la filosofía pueda concebirse como un "ejercicio de preparación para la muerte" (melete thanatou) como insinuó Sócrates en el Fedón, aceptando razonablemente, "estoicamente" diríamos avant la lettre, su ejecución con cicuta e inminente muerte, pero también es útil la reflexión filosofica para sacar partido al vivir, aquí y ahora. Es cierto, admitámoslo, que por racionalizar o explicar científicamente la vida nos perdemos a veces el disfrutarla, el sentirnos vivir. Y el bien vivir (el eu-zeîn de los clásicos), la vida digna y alegre, más que ciencia o técnica, es arte jovial. 

A algo que ennoblece y eleva nuestra vida, al asombrarnos con la incertidumbre, la perplejidad y el milagro de existir, nos invita María del Mar. Y del asombro y la admiración nació la filosofía, y también la ciencia. Lo hace en breves capítulos, claros y amenos, cada uno de los cuales remata en un breviario de ideas para recordar. Ser genuina no consiste en ser rara ni estrambótica, dice María del Mar. Aunque las hay que buscan su identidad en la extravagancia, no es el caso de esta filósofa y acreditada coach. Sabe que quienes vagan fuera de aldea pronto se verán solos y en peligro, porque para nosotros vivir es convivir, aunque también sabe que más vale vivir sola que mal acompañada o que "el buey sólo bien se lame" como repetía rebelde mi chacha Elvira, solterona y beata (feliz).

Nuestra autora sirve devota, como mi chacha Elvira, no al Cristo ni a la santísima Trinidad, sino al también venerable Apolo, que mandaba en Delfos que nos conociéramos a nosotros mismos. La mirada interior, la reflexión, la meditación, esa metaconciencia (mindfulness) que nos permite saber qué sentimos, ayuda también a comunicar mejor con la totalidad de la que formamos parte. (Digo "conciencia plena" o "metaconciencia" y me acusan de pedante. Pero digo "mindfulness" y una legión de papanatas me admirará mientras ereccionan sus antenas). Conocernos, sí, vale, debemos estudiarnos a nosotros mismos para mejorarnos, para descubrir nuestros talentos, para recrearnos en tareas que nos emocionen positivamente, que plenifiquen nuestra existencia real, dando valor a lo cotidiano y poniendo el acento en valores como la perseverancia, la ligereza, la sencillez (no simpleza), el humor, la gratitud, o en la debida admiración por aquellos que merecen servirnos como modelo para madurar y hallar alegría en cuanto hacemos. No obstante, el otro mandamiento de Apolo era "todo con medida", incluso la atención a lo que hacemos, vemos, sentimos y pensamos debe tener su tasa, que no debe sumirnos en el emsimismamiento bobalicón... En uno de sus pecios, escribe Sánchez-Ferlosio una filfa: "(AntiSócrates): 'Conócete a ti mismo'; ¡sí, hombre, como si no tuviera otra cosa en qué pensar!". Lo que uno puede conocer de uno mismo en cada momento es una fotografía, imágenes desfiguradas o transfiguradas de recuerdos, pero la película de la vida es dinámica: cambiamos, nos deterioramos o mejoramos, decaemos o progresamos.

Concentrarse en pequeños logros diarios nos da ánimos y fuerza ante la adversidad –dice María del Mar, citando a Víktor Frankl-. El optimismo triunfa y -con Leibniz- la autora prefiere pensar que este es el mejor de los mundos posibles, lo cual significa también que cualquier otro sería peor. El optimista confía en el futuro, aunque este repose en la rodilla de los dioses. El genial educador José Antonio Marina llamó la atención sobre la "anemia del proyectar" en la juventud actual, porque no hace planes y se entrega al carpe diem de un hedonismo grosero: "¡comamos, bebamos y yoguemos que mañana moriremos!"; un "presentismo" que no sacrifica placeres actuales por la consecución de mayores logros futuros. María del Mar cita a Marina para insistir en la importancia de proponernos en la vida metas asequibles de realización personal. Y cada persona es un mundo, por lo que cada quisque, "especie única" como diría Unamuno, ha de descubrir tanto sus aptitudes como sus limitaciones particulares, entendiendo al mismo tiempo que las dificultades y desafíos estimulan nuestra superación.

Todos tenemos defectos. Ama también tu caos, tus singularidades, dice María del Mar, tus manías... ¡Vale! Puede que Michel Foucault, buzo de experiencias abismales, tenga razón y cada sociedad defina su especie particular de locura. Y puede que una pizca de locura, cum mica salis, nos convenga y siente bien, como sienta bien el aderezo a la carne o la canela a la leche. Pero eso significa también que formas de vida hoy convencionales o normalizadas se verán pasado mañana como demenciales e insensatas. 

María del Mar podría hacer suyo el lema de Vicente Aleixandre "Hacer es vivir más". En principio fue la acción, decía Goethe, pero, aunque el silencio goce eventualmente de valor, también hablando, dialogando y escribiendo hacemos cosas, porque nos constituimos en el relato. Somos cuentos. Insiste Mar, como Hegel, en que nada grande hacemos sin pasión, así que nos conviene estimular y no reprimir aquellas pasiones que tengamos por auto-formadoras y creativas. También las hay destructoras e incluso tóxicas. Ya Platón recomendaba: "Procederemos como aquellos que, habiéndose enamorado de alguien alguna vez, se alejan de él, bien que haciéndose violencia, cuando reconocen que este amor acaba por serles nocivo" (República 607e). Reprimamos el amor que nos destruye o disminuye, que nos oprime o ningunea. Hay gente odiosa y no siempre amar es preferible a detestar. Cada edad tiene su propio campo de posibilidades, no sólo la juventud, divino tesoro, incluso en la vejez es lícito hallar fuentes saludables de placeres, puede que la más eminente sea la de amar. Fontana mágica. Del amor dice María del Mar que no sólo se basa en una atracción física, sino que comporta amistad y cuidado mutuo. Es una construcción social y somos monógamos por vocación, no por naturaleza. 

Insiste María del Mar en que la palabra, la comunicación verbal, es puerta eminente de acceso a la realidad, soslayando que también puede servir de ventana de escape urgente y puerta de salida y fuga... Palabras que alejan de inasumidas realidades porque el hombre sólo soporta una limitada dosis de realidad y por eso nos conviene también leer y disfrutar de la literatura. El arte en general puede prestarnos asilo en sus mundos imaginarios. Tales las utopías. Aunque ya se sabe que esa señora, la Señora Utopía es de noble frente pero tiene las manos ensangrentadas. Todas las revoluciones acaban en farsas sangrientas. Muchos inquisidores -como estamos viendo- acaban siendo víctimas de las guillotinas que levantaron, como Robespierre el Incorruptible. Como Juan Jacobo Rousseau, hay intelectuales que se intoxican con el opio de la revolución, y predican sobre la buena educación mientras abandonan a sus hijos en la inclusa o maltratan a su compañera sentimental. Como adivinó Kant, enorme profeta, siempre es preferible y más eficaz un camino de reformas. 

Reconoce la autora deuda con la tradición filosófica del Amor-fati. Como estoica, o nietzscheana en esto, María del Mar asume el AMOR-FATI no sólo como aceptación de la fortuna personal ("divina providencia" llamó el cristianismo a este fatum o hado), sino igualmente como amor al destino propio. Se trata de vivir lo que eres, y estés, COMO SI lo hubieras elegido. (Y ojo, porque en español no es lo mismo "ser delicado" que "estar delicado". La vida puede entenderse como un continuo camino de entrenamiento (coaching) y cada cual, aun con la ayuda de un entrenador o la orientación de un tutor o maestro, debe extenderse y aplicarse sus propias recetas. Necesitamos buenos modelos porque somos monos de imitación, el futuro tiene raíces muy antiguas y lo que no es tradición es plagio.

Tiene razón Mar: seamos agradecidos. Agradezcamos como Chavela Vargas lo que la vida nos da en lugar de andar ansiosos y resentidos por lo que nos falta o roba. Y antes de llorar por ausencias, pensemos si tantas presencias de cachivaches y complementos nos son necesarias. San Francisco, santo ecologista, puede servirnos de modelo de renuncia, más sostenible que el consumismo compulsivo al que nos entregamos inconscientes: "Cada día necesito menos cosas, y las que necesito las necesito muy poco", escribió el de Asís. Renunciar puede resultar liberador. Pobreza ascética, voluntaria, digna.

Lamenta con motivo la autora que los libros de autoayuda nos digan cómo ser felices, pero no cómo hacernos mejores personas. ¿En qué momento hemos empezado a asociar la bondad con la bobería y la debilidad? Mas seamos realistas. Bondad y felicidad, virtud y alegría, sólo se identifican en un mundo perfectamente justo. El del más allá, el de la fe en el Soberano Bien. Platón situó la Idea de lo Perfecto, con ser el género supremo y principio de todo, más allá de la existencia. Y, sin embargo, es útil y debido seguir confiando o soñando con la fuerza y poder mejorador de la bondad. Entrenémonos en la atención a lo justo, en la concentración en lo verdadero, hermoso y bueno. Derecho a soñar, porque, a fin de cuentos "sin sueños no hay ideales y sin ideales no hay progreso".

viernes, 29 de septiembre de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

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ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ. Explora y desarrolla tus posibilidades, pero acepta también tus limitaciones. Interpretado desde la ironía socrática: Comienza en todo caso por reconocer al necio que te habita.

"Conócete a ti mismo". Tal era el mandamiento de Apolo, el dios de la luz de la verdad, padre de las Musas, el dios más idolatrado por los griegos después de Zeus.

La idea del autoconocimiento como imperativo capital fue también muy popular en la ascética y la mística cristianas medievales. Bernardo de Claraval (1090-1153) siente este mandamiento como cuestión de dignidad y vida auténtica. Como en Sócrates: una vida que no se examina a sí misma no merece llamarse humana.

Bernardo fue el redactor de los estatutos de la Orden del Temple. Con él, la Orden cisterciense se expandió por toda Europa y ocupó el primer plano en la influencia religiosa y la doctrina de la Iglesia. Polemizó con el racionalismo de Abelardo y predicó la Segunda Cruzada. De Orígenes imitó la exégesis alegórica de las Escrituras (1), la más razonable.

Para San Bernardo, cuando el hombre no reconoce su propia dignidad se animaliza: "El que no vive como noble criatura, dotada de inteligencia, se identifica con los brutos animales". Conviene por ello evitar una doble ignorancia: la que nos incita a buscar placer en niveles más bajos que los nuestros; y la de atribuirnos cosas que superan nuestra capacidad (2). También conviene saber que la dignidad nos ha sido dada, es un regalo o una gracia, por eso "debes recordar que eres y que no eres por ti mismo. Así no serás nunca orgulloso". Independiente dependencia, individuo en comunidad pues, para nosotros, vivir es convivir.

Son por tanto evidentes dos cosas: "que la dignidad propia es inútil si no se reconoce, y que su reconocimiento sólo servirá de castigo si no le acompaña la virtud" (3). Ese "no se reconoce" impllica obviamente el reconocimiento de los otros. Y a este respecto, el conocimiento del yo es imposible sin la dialéctica con el prójimo, que corrige mis desmesuras y aporta ecuanimidad al juicio sobre mí mismo y mis acciones (o sea, lo que éticamente soy).

La dignidad reside en la libertad de la voluntad, el fondo esencial de la naturaleza humana que -para Bernardo- es imagen del amor divino. Esta Libertad de la Voluntad es otro nombre del Espíritu. Sin embargo, el autoconocimiento no lleva al ser humano a la soberbia (el peor de los pecados capitales), sino antes bien a la humildad, precisamente por el reconocimiento de la posibilidad de una mala voluntad. Quien explora suficientemente las entretelas de su corazón reconocerá la inconveniencia, el egoísmo de segundas y terceras intenciones. No extraña que San Bernardo fuera admirado por Lutero y por Calvino.

Por eso, conocerse a sí mismo es también descubrir la propia indignidad. Y no atender al Soberano Bien -al Ideal de Verdad, Justicia, Belleza y Unidad- de cuya imagen en nosotros depende toda dignidad lleva con ello a la desesperación. Por consiguiente, el conocimiento de lo que somos exige también el conocimiento de lo que debemos aspirar a ser, del ideal de crecimiento interior o -dicho al modo platónico- del ideal de hacernos semejantes a Dios en lo posible.

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Lactatio de San Bernardo.
Ilustración de manuscrito medieval


Notas

(1) La leyenda de la "Lactatio", según la cual San Bernardo recibió un chorro de leche de los pechos de una estatua de la Virgen María ("néctar de sus pechos"), la recoge el Cancionero de Juan López de Úbeda (1579-1586). La fuente literaria puede estar en dos de los sermones del santo: 'Monstra te esse matrem".
(2) Libro sobre el amor de Dios, II, 4.
(3) De diligendo Deo, II, 5.

Bibliografía

Miguel Siguán Soler. La Psicología del amor en los cistercienses del siglo XII, Abadía de Poblet, 1992.

viernes, 18 de julio de 2014

Miedo al Dolor

“Lo fácil es sufrir” es el provocativo título del ensayo de mi paisano José María García García (nacido en Huesa, Jaén, 1967). Sevillano de residencia, licenciado en Filosofía y doctor en Psicología, su libro, editado por Alegoría (Sevilla 2013), es el resultado de su experiencia como psicoterapeuta reconocido.

Es un libro útil para modificar ciertas tendencias generales en la Edad de la Queja, cuyas masas consumidoras se ven infectadas por el narcisismo soberbio y el narcisismo llorica. Parte su autor de la distinción entre "sufrimiento" y "dolor", palabras que suelen usarse como sinónimas. 

El dolor supone una amenaza directa a nuestra integridad física, es un signo, un aviso natural, también suele incorporar una lección saludable, no repetimos por naturaleza las acciones que nos resultan dolorosas, por eso hay que empeñarse en fumar o tomar alcohol. Sin embargo, entiende José María por “sufrimiento” la potenciación emocional y/o cognitiva del dolor. Y resulta que muchas veces el sufrimiento no es otro que la incapacidad para hacer frente a las causas que producen el dolor. “Porque no hay entendimiento, hay sufrimiento”. El mismo miedo a dolor, muchas veces puramente imaginario o injustificado, es causa principalísima de sufrimiento.

martes, 10 de junio de 2014

Misterios Órficos

Orpheus. Franz von Stuck, 1891
La música está hecha de tiempo, como el hombre, como la palabra. Únicamente existe en el momento en que se la ejecuta, en ese instante en que se la interpreta y se la escucha, entonces vive la música o media entre los vivos y sirve para comunicar almas. Nos afecta en ese momento que nunca es el mismo, con su valor espiritual e inmediato.

El sentido de la música es esa genialidad abstracta que agrada al oído, que no puede ser dicha, que sólo puede ser representada mediante sonidos, mediante ritmos y significativos silencios, y que no necesita ni de la imagen ni del concepto, aunque los soporte a su lado.

Todo lo que hay en nosotros: la pasión, la emoción, el sentimiento; todo lo que contiene nuestra mente: el miedo, la ternura, el coraje, la melancolía, la piedad; el niño que hay en mí, la mujer que hay en mí... todos los modos de ser de mi espíritu reclaman por amiga lo que el pensamiento lógico no puede dar ni contener: esa tonalidad que el alma reconoce como propia y que la reflexión mata.