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lunes, 9 de abril de 2012

Tristeza del pensamiento


En 2007 Siruela publicó un opúsculo de George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. La idea de partida de esas reflexiones es el pesimismo romántico de  Schelling (1809), para quien la tristeza  amenaza toda vida mortal, como un velo de pesar que se extiende sobre la naturaleza entera. De ahí su afirmación de una profunda e indestructible melancolía que contamina con su oscuridad cualquier proceso mental. Una metáfora de ese malestar sería el  persistente ruido de fondo como eco del Big bang cosmológico: ya desde la creación del universo aparecieron la pesadumbre y la materia oscura. 
Desde estas premisas, Steiner elabora unas tesis provisionales acerca de las limitaciones que lastran la grandeza del pensamiento, y que pueden servirnos como antídoto útil contra los sueños dogmáticos de la razón. A riesgo de simplificar la riqueza de ideas del autor, intentaré resumirlas:

PRIMERA TESIS
 El pensamiento es ilimitado, infinito, el signo  más destacado de la eminencia humana. La poderosa imagen de Pascal nos dibuja como “cañas pensantes”. Nada escapa a las posibilidades de la imaginación. La ciencia ficción es capaz de crear universos alternativos. El modo subjuntivo nos permite enunciar toda posibilidad contrafactual. Gracias  al pensamiento conseguimos dominar la naturaleza. Pero la infinitud  de nuestras ideas es, lamentablemente, incompleta: no sabemos cuál es su concreta relación con la realidad, esto es, el grado en que el pensamiento coincide con su objeto, ni si nuestro análisis  racional no es más que una ficción. Somos capaces de formular las preguntas esenciales acerca del origen y sentido de la vida, y de ese impulso interrogador surgen la cultura, la ciencia y la religión, pero no logramos alcanzar respuestas concluyentes para las mismas. En el tumulto del pensamiento resuenan la duda y la frustración.