El futuro hunde sus raíces en una historia natural (antropología) y en una historia del espíritu (psicología).
En este blog reflexionamos sobre los vínculos y los desencuentros entre esos dos polos, en dirección a una anhelada armonía que unifique felizmente lo que somos. No sólo aquello de que estamos hechos, sino aquello a lo que aspiramos soñando y obrando.
NIetzsche y Spinoza son dos filósofos que se presentan como antitéticos a nivel de manual.
Nietzsche y Cioran son, en cambio, dos filósofos que parecen presentar secretas
afinidades. Muchos son los lectores que siente fascinación por ambos. El
filósofo contemporáneo Clément Rosset es un paradigma. Pero Nietzsche y
Cioran son incompatibles, mientras que Nietzsche y Spinoza son mucho más afines en su ética. Hablo de ética y no de política. En este campo Nietzsche tiene una concepción
jerárquica y antidemocrática, es antiigualitario. Spinoza, en cambio,
defendía la democracia radicalmente. Es el sistema político que
desarrolla todas las capacidades, todas las potencias. El hombre es un
esclavo cuando se somete a sus pasiones o cuando lo hace a una
Autoridad. La democracia conduce a seguir las leyes que la comunidad
como conjunto ha decidido. Spinoza es, en este sentido, muy superior a
Nietzsche. Cioran es, en cambio, un escéptico conservador en la política, aunque tuvo afinidades juveniles con el fascismo.
Nietzsche se
refiere a Spinoza de manera ambivalente, que no es poco. No es poco
porque Nietzsche quiere derribar ídolos y no perdona a nadie :
normalmente lo descuartiza. Que reconozca lo que tiene de bueno es ya un
síntoma de respeto por parte de Nietzsche. A veces se ríe de Spinoza
porque no soporta su ideal de conocimiento basado en el Amor de Dios.
Aquí Nietzsche, cegado por su agresividad contra cualquier forma de
deísmo, cae en la trampa y no es capaz de una lectura más sutil. Pero en
su correspondencia Nietzsche señala lo mucho que le une a Spinoza.
Deleuze fue el primero en unirlos.
"
Polvo prendado de fantasmas, tal es el hombre : su imagen absoluta, de
parecido real, se encarnaría en un Quijote visto por Esquilo..."
En el Breviario de podredumbre) en el fragmento titulado “Le mesonge immanent”escribe Cioran : Une poussière éprise de fantômes,- tel est l'homme: son imatge absolute, idéalement ressemblante, s'incarnerait dans un Don Quichotte vu part Eschyle... " ( Polvo
prendado de fantasmas, tal es el hombre : su imagen absoluta, de
parecido real, se encarnaría en un Quijote visto por Esquilo..." ) El aforismo, genial y certero, me abre un horizonte reflexivo muy rico.
El
hombre no es "sino la quintaesencia del polvo" dice Hamlet a Rosencranz
y a Guildnsteirn frente al esplendor del Universo, del cielo y de la
tierra. El polvo no tiene ni la noble solidez de la roca ni el ligero
fluir del agua. Es un materia que se disuelve, que se pierde sin
eliminarse en un movimiento circular. Ciertamente la dura frase bíblica
"Polvo eres y en polvo te convertirás" nos sugiere esta inconsistencia
humana tomada en sí misma. Pero para Cioran no hay un Dios que nos
redima, seguimos siendo lo que somos, que es nada. Este maldito yo, por
usar una certera expresión suya, no es nada. Ni siquiera es la Nada que
los budistas nos ofrecen como un horizonte de salvación. Nadie nos salva
ya, el mal está hecho : hemos nacido.
Solo
nosotros nacemos, solo nosotros morimos. Los animales aparecen y
desaparecen en este polvo que ni se reconoce como tal. Pero nacer
implica la idea de algo, de alguien, es la conciencia que se
materializa. Nuestro sistema nervioso, hipersensible, genera esta
conciencia que no es otra cosa que un suponerse separado, que un
desarraigo radical con la Naturaleza. Nacer es ser diferente y es esta
diferencia la que nos condena. Morir es la idea que nos atraviesa, es el
horror que nos espera. Somos algo y esta es nuestra desgracia porque
nacemos, primero biológica y después simbólicamente cuando nos hacen
entrar en el orden del lenguaje y de la ley. Algunos ilusos hablan de
contrato social cuando lo único que hay es un nacimiento y una
socialización violenta.
Ni
más ni menos : el resto son palabras, consuelos, engaños que nos
taponan la idiotez de lo real como diría un admirador de Cioran,
Clemence Rosset.