François Jullien nació el 2 de junio de 1951 en Embrun,Hautes Alpes. Empezó como profesor agregado en l'École Normale centrándose en el trabajo sobre los textos griegos, a los que considera la base de nuestra cultura.. Pero quiere cuestiona la filosofía, nuestra filosofía de manera radical, para evidenciar y poder pensar lo más familiar, aquello de lo que no podemos distanciarnos porque está demasiado cerca. El proyecto sólo es posible, considera, desde el afuera de nuestra tradición cultural. Esto, por las razones que más tarde explicaremos, le lleva a China. Consigue una beca en este país y empieza a estudiar la lengua y el pensamiento chino. Estudia en las universidades de Pekín y Shanghai. Inicialmente tiene muchas dificultades coyunturales : China está todavía atrapada por la Revolución cultural, auqnue sea en su fase final. Pasa despues a ser el responsable de la Antena francesa de sinología en Hong Kong. Viaja también a Tokio, con una beca de la Casa franco-japonesa. Preside la Asociación Francesa de Estudios Chinos ( de 1988 a 1990). Dirige el Departamento de Asia oriental de la Universidad de París VII (1990-2000) y preside el Colegio Internacional de Filosofía (1995-1998). Actualmente es profesor de la Universidad París Diderot y director del Instituto de Pensamiento Contemporáneo y del Centro de Marcel Granet. Miembro del Institut Universitaire de France. La obra escrita de Jullien es muy amplia : es un escritor muy prolífico que empieza a escribir en 1979. Se han organizado múltiples coloquios internacionales sobre su obra.
2. El sabio chino no filosofa
El planteamiento de Jullien no es el de un sinólogo
sino el de un filósofo ( Jullien, 2005b). Se trata de salir de la
filosofia, es decir de la tradición que arranca en Grecia y continua
en Europa, para retornar a ella. Pero para hacerlo radicalmente hay
que iniciar una especie de exilio intelectual que nos conduce hacia
otra tradición para poder volver desde ella al punto de origen. Es
una cuestión estratégica oblicua, un movimiento de ida y de vuelta
para elaborar este trabajo filosófico que es imposible hacer sin
movernos del interior del propio marco cultural. Es un viaje
circular. Cuestionar las raíces nos lleva indudablemente a la
lengua, que es la estructura básica de su pensar específico. La
elección de China es para Jullien es lógica : la India comparte con
Grecia su matriz lingüística europea y el hebreo y el árabe
comparten la historia, por lo que en ambos casos hay mezcla. Por esta
razón no acabamos de salir realmente de la propia tradición. China,
en cambio, es el afuera de nuestra cultura. Nos permite un poyecto de
descontrucción de la filosofía desde el exterior.