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lunes, 5 de octubre de 2020

ETICA Y MEDICINA DE LA SOLEDAD

 

https://www.deutschlandfunkkultur.de/medizin-und-ethik-des-alleinseins-einsamkeit-ist-keine.2162.de.html?dram:article_id=485174

La soledad puede aislarnos de importantes fuentes de vida. Pero también hay un lado creativo en estar solo. ¿Cómo podemos sacar fuerzas de la soledad y al mismo tiempo evitar que otras personas se sientan solas sin haberlo buscado?

jueves, 18 de junio de 2020

CEREBROS SOLITARIOS

Un profundo abismo: si una persona sufre de soledad se manifiesta en su actividad cerebral, ya que muestra un desacoplamiento mayor entre el circuito neuronal del pensamiento dedicado a uno mismo y el patrón de actividad cuando se piensa en los demás. Explicaría la sensación de alienación y soledad que sufren las personas obligadas al aislamiento, según los investigadores de la revista "Journal of Neuroscience".

martes, 14 de abril de 2020

DESIGUALDAD NO ES FELICIDAD



Hay estudios que muestran los efectos del egoísmo, la competencia y el materialismo sobre los seres humanos. Un análisis que da que pensar.

Ana Azanza por la traducción
 
El autor norteamericano  Dinesh D’Souza explica: "Algunos reprochan al capitalismo que es un sistema egoísta. Pero el egoísmo no está en el capitalismo sino en la naturaleza de los hombres”.

sábado, 8 de abril de 2017

SOLEDAD NO ES AISLAMIENTO


En una de sus disertaciones se preguntaba Gadamer (*) si el aislamiento es un síntoma de autoenajenación. Seguramente, el aislamiento como soledad no buscada, no querida, como abandono de los amigos, como abandono de Dios. Ese abandono que expresó Cristo en sus últimas palabras en la cruz. 

Gadamer ve una íntima relación, en toda experiencia religiosa, entre el abandono del otro y el abandono de Dios, pues el mandato cristiano ve juntos el amor del prójimo y la relación con Dios. También cita en su apoyo la sabiduría pagana de Eurípides: "Abrazar a los amigos, esto es Dios". Holderlin le llamó "la esfera comunitaria que Dios es". Los cultos se rinden en fraternidades, en cofradías, mejor que en sectas. Pero también en el cristianismo conocemos la soledad del devoto, la del monje, la del cartujo, la del anacoreta, que remite a la soledad del Hijo de Dios. También está la soledad del penitente que en las procesiones de Semana Santa se aísla eventualmente del tiempo y del espacio común y corriente con su capirote y su máscara.

sábado, 8 de octubre de 2016

MIEDO A LA SOLEDAD

   
                
“Era la playa metafísica de las grandes soledades. Allí la arena se mezclaba al polvo siniestro del cemento y de todo lo torpe, hasta formar un plano de infinita desdicha. El mar era sólo una espesa materia corporal simulando el movimiento de las olas, y la luna una mancha de empobrecidos grises”
                                       Rafael Pérez Estrada. Los oficios del sueño, Madrid, 1992.

Quizá no haya un miedo tan general, cerval y tan traicionero para la especie humana como el miedo a la soledad. De cómo se trenza con el miedo a la libertad tal vez dé cuenta el popular libro de Erich Fromm. No lo recuerdo.

La celda de aislamiento es el peor castigo para el castigado, la más temible prisión para el preso. La soledad conduce a la locura y Robinson Crusoe perdería por completo la razón si no fuera por la compañía de Viernes. Y esto, a pesar de la necesidad que todos tenemos de soledad y recogimiento, la necesidad visceral y mental de estar solos de vez en cuando, de reservar y conservar una intimidad. Tu corazón –decía Balzac- es un tesoro, vacíalo de golpe y quedarás arruinado. Elegir vivir solo un tiempo está bien. Muchos rituales de tránsito de diversas culturas así lo imponen. Pero no poder sino estar solo continuamente es un infierno.

jueves, 14 de abril de 2016

Apología del recogimiento


Todos los excesos son malos. Vivimos en mitad de una utopía de la comunicación, o de una "comunicracia". Sociedad del espectáculo incesante; parece que estemos obligados por imperativo mediático al infierno de los otros, incesantemente. Pero los otros no inquietan demasiado, no amenazan con su presencia real, porque no se ofrecen ya aquí en persona, en cuerpo y alma, sino virtualmente, en imagen, como fantasmas. 

Oír, ver, salir, entrar, participar, vender, comprar, tratar, reunirse, entre el ruido y el humo, con sombras... Vivimos en una sociedad que prolonga la niñez, una sociedad adolescente en la que nadie sabe estar quieto ni solo, consigo mismo, entretenido en sentir sencillamente el rumor de sus propios pensamientos.