domingo, 3 de diciembre de 2017

AUTOEXHIBICIÓN Y AUTOPRESENTACIÓN



Ana Azanza


La vida del espíritu de Hannah Arendt se inicia con las conferencias Gifford que pronunció en 1973 en la universidad de Aberdeen. Trata sobre el pensamiento y en ellas se mide con todos los grandes: Kant, Platón, Agustín, Hegel además de inspirarse en poetas antiguos y modernos que le sirven de estímulo e ilustración de sus reflexiones.

domingo, 12 de noviembre de 2017

UNA EDUCACIÓN IDEALISTA



Ignoraba que un famoso filósofo comenzó su vida “útil” pastoreando gansos pues había nacido en una familia pobre. Pero desde niño manifestó una deslumbrante capacidad para aprenderse los sermones del párroco de memoria, así fue como se ganó la confianza del aristócrata del lugar que decidió facilitarle estudios en el seminario de Schulpforta.

jueves, 2 de noviembre de 2017

BUEN HUMOR


A finales del siglo pasado Faustino sostenía un vaso de vino en una mano y una sonrisa en los labios, y en la palabra que los atravesaba,  volaba lo siguiente: que el giro más importante sufrido por la vida pública española en los últimos tiempos es el viraje hacia el mal humor.

Es una lástima que los comunicadores y los líderes se sacudan con la badana dialéctica mientras ponen cara de pimiento y gesto de acritud, o que los intelectuales moralicen contra la franca risa del pueblo, ¡los muy desaboridos! "Niños -parecen sermonearnos- no sólo hay que ser buenos, además hay que ser serios". Lo que les pasa es que se enrabian, y con motivos, porque el pueblo no lee más que las noticias deportivas, las lecturas de los sonadísimos bodorrios de "Er mundo cañí" (famosa revista de corazón de cabrito), las programaciones de la tele y los eructos, gruñidos, suspiros y frasecillas punteadas con corazoncitos y carillas sonrientes del guasap.

En verdad hay una risa cruel y otra falsa y enlatada, una benevolente y compasiva, ligera como el espíritu de los buenos vinos, que revela tolerancia y cordura, y otra pesada que delata la necedad del simple o del chistoso ese, maestro de la chocarrería, elevado por una ola efímera, entre payaso y demente, que expone en sí, a la burla pública, a la perplejidad colectiva, el factor común del atraso cultural, la memez nacional o el resentimiento de los mediocres.

El humor es, sin embargo, un deber racional indispensable, un paraguas para el temporal, un paracaídas para los ineludibles batacazos de la vida. El buen humor es el mejor de los conjuros contra el peor de los consejeros: el Miedo, gran sofista generador de obsesiones y prejuicios. 

Únicamente el humor hace soportable el insufrible peso de la autoridad, especialmente cuando ésta se pasa de rosca. O sea, casi siempre. Sólo son buenos maestros quienes, alguna vez, entre dos verdades, saben hacer reír, que es como situar el espíritu por encima de la presuntuosa pretensión de nuestro entendimiento, cuyo contenido siempre consiste en medias verdades, todo lo más medio y mitad de cuarto, o tres cuartos, con suerte y a lo sumo...

- ¡Pero no me ponga usted más gramos de verdad, y cuénteme una mentira graciosa!

Mi colega José L. Suárez de esto sabía un rato. Cita en su libro sobre Filosofía y Humor (el guiño de la lechuza) una sentencia en que Nietzsche proclama saber por qué el hombre es el único animal que ríe: Porque sufre tan profundamente que ha tenido que inventar la risa. La risa, que es expresión sincera de la alegría, la alegría que es la moneda contante y sonante de la felicidad. 

Nietzsche hizo mucho por rehabilitar la legendaria jovialidad griega, la aceptación jovial de los placeres y hasta de los dolores de la vida, y parece que incluso se contentó con los últimos, pues su vida solitaria de errabundo enfermizo no fue precisamente un charlestón.

Pero mejor que la carcajada sarcástica y estrafalaria del Zaratustra, es la ironía desenfadada y benevolente de Ramón, nuestro Ramón. Decía Gómez de la Serna que el humorismo no es cinismo, aunque tenga, no obstante, ese dejo de amargura del que cree que todo es un poco inútil. El cadáver de Ramón reposa junto a los restos mortales de Larra, para que a éste le sea imposible suicidarse otra vez ante la Incomprensión Suprema.

Y es que una sonrisa siempre sirve de reclamo para cazar el pájaro sabroso de la esperanza, como el canto de La Codorniz inocente (aquella revista de humor con mucho ingenio y pizca de mala leche que sólo reconocemos ya los mayores). Que en paz descanse desplumada en mi plato o añorada en mi memoria. 


El humor transige entre el hambre y la muerte. Contra el duro acero de la realidad, el pedernal del ingenio hace saltar la chispa que enciende el humor hasta consumir en fuegos de artificio la negra pólvora de la melancolía.

Al contrario que Ramón, creo yo que el humor sí puede corregir y enseñar y mejorar. Hace estallar el globo de la vanidad y nos levanta por encima de la atmósfera enrarecida del cuidado de nosotros mismos y la preocupación por las cosas y los sucesos; desde arriba parecen más pequeñas, más indignas de nosotros, esas tonterías que nos desgracian los mejores y breves momentos de la existencia.

El buen humor es la mejor tarjeta de visita de la amabilidad. Si es fingido, aún tiene más mérito como signo de buena educación, pues por supuesto uno no se levanta todos los días con el pie derecho...

Y es que Irene, Bienvenida, Rosalinda y un servidor, ya estamos un poco hartas de oírles tantas quejas a nuestros consortes, a nuestros hijos, a los sindicatos, a los empresarios, a la oposición, al gobierno, a la conferencia episcopal y hasta al caballo de Santiago, que siempre le he visto mohíno bajo el espadón gordo del apóstol. ¡País de máscaras sufrientes, de dolientes quejicas, de plañideros penosos y críticos biliosos!

- Oiga, don, pero es que el que no llora no mama.

- ¡También; esa es otra! 




domingo, 29 de octubre de 2017

CIENCIA Y CULTURA

Resultado de imagen de max scheler

La palabra "Cultura" (con mayúsculas), como cultivo interior de la persona, tiene una larga tradición que arranca de Cicerón. Entendido el cultivo del espíritu como emancipación y crecimiento personal tiene algo, si no todo, de secularización racionalista e ilustrada de la gracia cristiana (fe, esperanza y caridad).

Pero la cultura secular en su lucha contra la superstición, el dogmatismo y la ignorancia, se opuso justamente y contrastó con el culto religioso y los rituales vacíos, mas luego la cultura (con minúsculas) como concepto antropológico vino a significar una memoria social diversa y un elenco inmenso de herramientas aptas para la adaptación y la ampliación de las aptitudes naturales de los humanos, y entre esas herramientas ocupan un lugar genuino y muy resistente: mitos, religiones, ideologías, rituales, creencias trascendentes, fantásticas creencias, y todos los proyetos y sueños de los hombres.

En Die Formen des Wissens und die Bildung, Max Scheler hace un encomio de la ciencia occidental, expresando más bien un desiderátum, un ideal: la gran antorcha encendida por la ciencia pitagórica de la naturaleza se convirtió en nuestro solar europeo en una inmensa llama que ha acabado iluminando al mundo entero... Si Scheler pensó esta expresión como una metáfora, el control de la energía eléctrica y su uso civil la ha convertido en una realidad. Ningún romanticismo, ni cristianismo, ni hinduismo, ni orientalismo, ni nacionalismo, ningún irracionalismo la debería apagar.

Sin embargo, también debemos reconocer que esta llama no ilumina por sí misma el núcleo de nuestra alma, ni la energía eléctrica aporta por sí misma demasiado a esa luz cuyo ardor silencioso tiembla en el sagrario íntimo de la persona espiritual, alentando en cada hombre, ni calla a ese demonio socrático que nos obliga a examinarnos a nosotros mismos y a buscar la excelencia moral.

Aun en la hipótesis de una realización perfecta de la ciencia positiva, el humano podría sufrir absolutamente vacío como ser espiritual, incluso caer en un estado de barbarie más destructivo que los que atribuimos irreflexivamente a los llamados pueblos llamados bárbaros o "primitivos".

La tecnología y los saberes prácticos, útiles para la realización de los fines propios del ser viviente deben también servir al desarrollo de lo que hay de más profundo en el hombre: su persona.              
Escribe Scheler:

«La idea "humanista" de la cultura -aquélla de la que Goethe fue en Alemania la más alta encarnación- debe subordinarse a la idea de un saber de salvación y servirlo como a su fin supremo. Porque todo saber en definitiva tiene por objeto y por fin la Divinidad.»
Entiéndase por Divinidad lo que se quiera, mientras no mande matar, maltratar, robar o mentir(se). El Soberano Bien es en la tradición humanista e ilustrada un ideal humano, demasiado humano, de justicia, unidad, verdad y belleza.

Todo el saber científico y tecnológico, valioso en sí mismo, separado y divorciado del saber sacro y culto, de los ideales humanizadores y humanistas,  puede constituir, en efecto, la muerte para la persona humana o su desesperación; y podría volverse -y se volvió de hecho poco después de que Scheler (1874-1928) escribiera ese texto- el instrumento más eficaz de una nueva e inédita barbarie con el desastre de la guerra mundial y los grandes genocidios perpetrados por el nihilismo del XX, precisamente por las naciones más avanzadas tecnológicamente. 

viernes, 13 de octubre de 2017

EL COMUNISMO COMO RELIGIÓN POLÍTICA (II). LA IGLESIA MARXISTA-LENINISTA.



La sociedad comunista que imaginó Marx no ha existido ni existirá, como no existieron ni existirán el Edén, Shangri-La o el País de Jauja. El comunismo que veremos aquí es el existente en una época determinada, en lugares concretos: el comunismo encarnado en Estado totalitario que abismó a millones de seres humanos en una oscura y profunda pesadilla.

viernes, 29 de septiembre de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

Resultado de imagen de CONÓCETE A TI MISMO

ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ. Explora y desarrolla tus posibilidades, pero acepta también tus limitaciones. Interpretado desde la ironía socrática: Comienza en todo caso por reconocer al necio que te habita.

"Conócete a ti mismo". Tal era el mandamiento de Apolo, el dios de la luz de la verdad, padre de las Musas, el dios más idolatrado por los griegos después de Zeus.

La idea del autoconocimiento como imperativo capital fue también muy popular en la ascética y la mística cristianas medievales. Bernardo de Claraval (1090-1153) siente este mandamiento como cuestión de dignidad y vida auténtica. Como en Sócrates: una vida que no se examina a sí misma no merece llamarse humana.

Bernardo fue el redactor de los estatutos de la Orden del Temple. Con él, la Orden cisterciense se expandió por toda Europa y ocupó el primer plano en la influencia religiosa y la doctrina de la Iglesia. Polemizó con el racionalismo de Abelardo y predicó la Segunda Cruzada. De Orígenes imitó la exégesis alegórica de las Escrituras (1), la más razonable.

Para San Bernardo, cuando el hombre no reconoce su propia dignidad se animaliza: "El que no vive como noble criatura, dotada de inteligencia, se identifica con los brutos animales". Conviene por ello evitar una doble ignorancia: la que nos incita a buscar placer en niveles más bajos que los nuestros; y la de atribuirnos cosas que superan nuestra capacidad (2). También conviene saber que la dignidad nos ha sido dada, es un regalo o una gracia, por eso "debes recordar que eres y que no eres por ti mismo. Así no serás nunca orgulloso". Independiente dependencia, individuo en comunidad pues, para nosotros, vivir es convivir.

Son por tanto evidentes dos cosas: "que la dignidad propia es inútil si no se reconoce, y que su reconocimiento sólo servirá de castigo si no le acompaña la virtud" (3). Ese "no se reconoce" impllica obviamente el reconocimiento de los otros. Y a este respecto, el conocimiento del yo es imposible sin la dialéctica con el prójimo, que corrige mis desmesuras y aporta ecuanimidad al juicio sobre mí mismo y mis acciones (o sea, lo que éticamente soy).

La dignidad reside en la libertad de la voluntad, el fondo esencial de la naturaleza humana que -para Bernardo- es imagen del amor divino. Esta Libertad de la Voluntad es otro nombre del Espíritu. Sin embargo, el autoconocimiento no lleva al ser humano a la soberbia (el peor de los pecados capitales), sino antes bien a la humildad, precisamente por el reconocimiento de la posibilidad de una mala voluntad. Quien explora suficientemente las entretelas de su corazón reconocerá la inconveniencia, el egoísmo de segundas y terceras intenciones. No extraña que San Bernardo fuera admirado por Lutero y por Calvino.

Por eso, conocerse a sí mismo es también descubrir la propia indignidad. Y no atender al Soberano Bien -al Ideal de Verdad, Justicia, Belleza y Unidad- de cuya imagen en nosotros depende toda dignidad lleva con ello a la desesperación. Por consiguiente, el conocimiento de lo que somos exige también el conocimiento de lo que debemos aspirar a ser, del ideal de crecimiento interior o -dicho al modo platónico- del ideal de hacernos semejantes a Dios en lo posible.

Resultado de imagen
Lactatio de San Bernardo.
Ilustración de manuscrito medieval


Notas

(1) La leyenda de la "Lactatio", según la cual San Bernardo recibió un chorro de leche de los pechos de una estatua de la Virgen María ("néctar de sus pechos"), la recoge el Cancionero de Juan López de Úbeda (1579-1586). La fuente literaria puede estar en dos de los sermones del santo: 'Monstra te esse matrem".
(2) Libro sobre el amor de Dios, II, 4.
(3) De diligendo Deo, II, 5.

Bibliografía

Miguel Siguán Soler. La Psicología del amor en los cistercienses del siglo XII, Abadía de Poblet, 1992.

sábado, 9 de septiembre de 2017

LA LUCIDEZ DE LA MIRADA : POR UNA HERMENÉUTICA DE LAS ARTES DE LA EXISTENCIA

Resultat d'imatges de ejercicios espirituales para materialistas comprar luis roca jusmet


Reseña de

Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault

Luis Roca Jusmet
( Prólogo de Francisco Vázquez García )
Barcelona : Terra Ignota, 2017


 Escrito por Víctor Hugo López Martín

Este “libro-experiencia” de Luis Roca Jusmet, escrito desde una serena lucidez y un sobrio rigor, nos sirve como “caja de herramientas” para orientarnos en un mundo, el nuestro, sumido en un profundo nihilismo, una insoportable mediocridad y un lamentable hastío…esto es, en un mundo falto de creatividad, de inteligencia; de vida. Y es aquí donde su obra cobra sentido, en tanto que propone una relectura de las “artes de la existencia” de los filósofos antiguos, una nueva mirada a esas “artes de la vida” del mundo grecolatino, a partir de las fértiles y disímiles interpretaciones de Pierre Hadot y Michel Foucault, interpretaciones propiciadas, en parte, por el diálogo filosófico que ellos mismos mantuvieron en vida, interpretaciones, también, enriquecidas por nuestro autor, que prolonga el diálogo al imaginarlo más allá del ámbito de lo posible, poniendo en valor la afirmación de otro diálogo, esta vez el que establecen “Ernest” y “Gilbert” en “El Crítico como Artista” de Oscar Wilde, donde el literato defiende que no hay creación sin crítica, y, a su vez, que no hay crítica sin creación.