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martes, 11 de octubre de 2011

Robinson Crusoe, héroe de la Ilustración




Tal vez sea poco conocido que el famoso relato de Daniel De Foe (1660-1731) se inspiró en la historia verídica de Alexander Selkirk, marinero escocés abandonado en 1705 en una isla desierta del archipiélago de Juan Fernández, frente a las costas chilenas, donde sobrevivió solo, en estado semisalvaje, durante cuatro años y cuatro meses.
La relación de sus peripecias se publicó en 1713, despertando gran interés en el público, pues el suceso evocaba algunos de los tópicos fundamentales del siglo dieciocho: civilización versus estado de naturaleza, la empresa colonial europea en el Nuevo Mundo, la capacidad del ser humano para superar grandes adversidades, aventuras en lugares exóticos todavía por explorar…, a los que la novela de De Foe, publicada en 1719, aún añadiría otros varios, esenciales para la comprensión de la mentalidad contemporánea y que convierten a Robinson, todavía hoy, en un prototipo de constante referencia.

De Foe es uno de esos raros ejemplos de literato tardío ya que, hasta los 62 años, solo había entregado a la imprenta algunos panfletos. Dedicado al comercio y a la política sin éxito, hasta llegó a ser encarcelado en varias ocasiones. Como necesitaba de dinero para dotar a sus hijas, aceptó el encargo de novelar la historia de Selkirk, que debía presentarse a los lectores, ávidos de noticias sobre el suceso, en forma memorialista, como si constituyera el relato fiel de lo acontecido. Del talento del autor para reflejar en el texto,-muy moderno en su época, por su estilo realista y periodístico-, no solo los temas sociales más candentes del momento sino otros más universales, hasta forjar uno de los mitos claves de la civilización occidental, da cuenta el hecho de que es el libro de mayor número de ediciones después de la Biblia.

Todos conocemos la historia en sus líneas generales: un muchacho rebelde, desoyendo los consejos paternos de conformarse con una plácida vida sedentaria (el aurea mediocritas), escapa de su hogar y, tras diversas desventuras (naufragio, prisión en manos de piratas…), recala en Brasil, donde explota un engenho, plantación esclavista. Hastiado de esa vida, se dirige a Guinea en un barco que naufraga frente a las bocas del Orinoco, siendo Robinson el único superviviente.

En la desierta isla de la Desesperación, como la bautiza, en completa soledad y enfrentado a una naturaleza hostil, consigue reconstruir el mundo civilizado que ha perdido. El esfuerzo que invierte en ello es su tabla de salvación contra la locura. Pero el éxito de la empresa depende de un evento que marca una ruptura trascendental en su existencia.