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martes, 24 de junio de 2025

¿CIENCIA DE LA CONCIENCIA?

 

(Este artículo revisa y corrige levemente el publicado bajo el título "Hacia una comprensión científica de la consciencia" (2002), recensión del libro Las sombras de la mente, de Roger Penrose, Crítica, Barcelona, 1996).

 Ordenadores e inteligencias humanas

      Los ordenadores, por el momento, no tienen derechos ni obligaciones, y nosotros sí. Los ordenadores no saben que saben, y nosotros sí, aunque no siempre, desde luego. Los seres humanos, como los ordenadores, pueden simular comprensión cuando no la hay. Pero los ordenadores carecen por completo de libertad, responsabilidad y consciencia, nosotros actuamos como si estuviésemos hechos para ser causas suficientes de nuestras acciones. Los ordenadores son magníficos y sirven como poderosas computadoras, pero no sienten ni comprenden, esto quiere decir que la palabra "inteligencia" no significa lo mismo cuando hablamos de inteligencia artificial que cuando hablamos de inteligencia humana, de sujetos humanos conscientes. ¿Por qué no?

martes, 16 de enero de 2024

EL CONECTOR C DE KRIEGER

 

Juan Alberto Krieger paleando en un kayak 430

 Conservo algunos “emilios” que crucé en los años 98 y 99 con el físico y filósofo argentino Jorge Alberto Krieger Larraburu (1952-2015), en una lista (Symploké) propiciada por la facultad de Filosofía de la universidad de Oviedo, bajo la égida de Gustavo Bueno. Yo ponía objeciones a su idea de un Observador global del universo y discutía el principio antrópico de Hawking, asociándolo al relativismo de Protágoras (homo mensura) y al esse est percipi de Berkeley. He de reconocer que cuando en 2014 me envió su ensayo Ninguna serpiente puede tragarse a sí misma recordaba nuestras discusiones muy vagamente, ¡es tan frágil la memoria humana! Internet ha conseguido que desaparezca el Atlántico y que sea posible una comunicación casi instantánea entre los hispanohablantes de sus dos riberas, pero ninguna comunicación “virtual” puede sustituir la viva presencia real. No perdía yo la esperanza de conocer a Krieger personalmente, en persona y en figura. ¡No pudo ser!