Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de mayo de 2013

AUTOBIOGRAFIA E INTERSUBJETIVIDAD










Muy interesante libro del psicoanalista y neurólogo Boris Cyrulnik sobre cómo funciona la memoria, fundamento de la identidad personal. Cyrulnik ha experimentado que la memoria construye, no sólo archiva. Que trabaja, rehace, borra y reescribe en función de la propia vida para lograr un relato coherente. El psicoanalista y neurólogo ha trabajado sobre su propia experiencia como niño judío en la guerra mundial.   Cyrulnik tenia recuerdos de su infancia y pensaba que correspondían firmemente a la realidad de los hechos que había vivido. Pero cuando fue a reconocer los lugares, como la sinagoga de Burdeos, y las personas, la enfermera que lo salvó, se dio cuenta de que su memoria había cambiado ciertas cosas. La memoria transformó involuntariamente, pero reforzando las imágenes en el sentido de la vivencia que los hechos vividos supusieron para él. No es que la memoria engañe, sino que “trabaja” a favor de la coherencia del relato de nuestra vida.

No podemos ni debemos “adaptarnos” a una realidad sin sentido, como pudo ser la persecución sufrida por los judíos en la guerra.

martes, 17 de julio de 2012

Talentos diversos (resiliencia y pedagogía)

Inteligencias múltiples de Gardner
En este blog ya me referí en general a la resiliencia. Pero hete aquí que el término también se emplea en pedagogía con un sentido más específico. Alumnos "resilientes" son aquellos que, proveniendo de entornos socioeconómicos desfavorecidos (pobres, miembros de familias desestructuradas, hijos de inmigrantes con baja competencia lingüística...) obtienen buenos resultados escolares y no repiten en la secundaria.

Los defensores de la Logse y del modelo "comprehensivo" de enseñanza afirman que no todo es desastre y fracaso escolar en la educación española. Parece ser que España es uno de los países con mayor número de alumnos resilientes. Luego su sistema es bastante equitativo. La estadística dice que suele ser alumnado autóctono, más bien niñas que niños, y que el hecho suele suceder en centros privados más que en públicos, lo cual parece contradecir el argumento de que los centros privados y concertados obtienen mejores resultados sólo porque escolarizan a un alumnado de un nivel socioeconómico más alto.

La característica más sobresaliente del alumnado resiliente es su afición a la lectura. No leen sólo por obligación, sino por gusto. Evidentemente, la heterogeneidad de las aulas favorece al alumnado de nivel socioeconómico bajo o muy bajo. Pasaba en la mili cuando era obligatoria. Las personas que llegaban a ella con estudios superiores tenían la sensación de estar perdiendo el tiempo; las que llegaban a ella con niveles bajos de conocimientos y estudios podían aprender a leer y a escribir, sacarse el carnet de conducir, o ganar "mundología" conviviendo con otras mentalidades diversas y más cultivadas...

Muchos pedagogos defensores de la heterogeneidad abrumadora que fomentó la Logse se niegan por principio a reconocer -sin duda resulta vergonzoso o doloroso hacerlo- que el beneficio de los que padecen retraso educativo causa perjuicios al resto, pues el tiempo que el profesor dedica a unos no puede dedicarlo a otros, ni tiene el don de la ubicuidad. El problema de la heterogeneidad es que si no queremos que la equidad resulte incompatible con la promoción de la excelencia y su reconocimiento, hemos de asignar importantísimos recursos económicos y personales para hacer posible una enseñanza personalizada. Y no me refiero sólo a recursos materiales, ordenadores y pizarras digitales, sino sobre todo a profesionales: profesores de refuerzo, de apoyo, pedogogos terapeutas, logopedas, educadores sociales; más imprescindible reducción de la ratio, formación continua del profesorado, etc. Donde las desigualdades se incrementan, también tendrían que incrementarse dichos recursos, si queremos compensar sin perjudicar a los académicamente mejores.

Un método en el que podríamos insistir sin excesivo coste es el fomento del placer de la lectura, tanto en las aulas como fuera de ellas.

El fenómeno de la resiliencia tiene la virtud de probar que nadie está determinado a ser ignorante porque sus padres o su entorno lo sea. Los estudios siguen ofreciendo una oportunidad de promoción personal y ascenso social, aunque el éxito académico no garantice esto último tan seguramente como sucedía en el pasado.

En relación con todo esto, me interesa insistir particularmente en el error de muchas personas -y de demasiados profesionales de la educación- acerca de la naturaleza de la inteligencia. Piensan equivocadamente que nacemos con un número fijo de "talentos", como una especie de maldición o bendición heredadas.

Pero, ¿qué es la inteligencia? Nadie lo sabe. He conocido a compañeros míos que, nulos para las matemáticas, se convirtieron en excelentes músicos o competentes empresarios. A otro que, fantástico en física, resultó un desastre en sus relaciones sociales, tanto públicas como privadas. El psicólogo Howard Gardner desarrolló una teoría de las "inteligencias múltiples", que son muchas más de dos. El cuadro de Gardner no creo que agote los tipos. Desgraciadamente, nuestro sistema académico entroniza sólo dos: la lógico-matemática y la lógico-lingüística, las cuales sin duda son relevantes, importantísimas, pero con ello se niegan otros tipos de inteligencia. Los chicos o chicas sin duda poseen aptitudes que la escuela actual -cuyo anticuado modelo es la producción estandarizada, industrial- no desarrolla, porque simplemente las desconoce, inhibe o desdeña. Este es uno de los tópicos que ejemplifica muy bien El Elemento de Ken Robinson (v. Bibliografía).


Desde luego, la inteligencia humana contiene mucho más que palabras y números. Pronto acusamos de hiperactividad a muchos estudiantes que sólo se sienten interesados cuando usan su cuerpo, entonces les recetamos drogas para que se tranquilicen. Los hemos bombardeado desde chicos con billones de estímulos mediáticos, y ellos se han acostumbrado a dispersar su atención en función de la intensidad o naturaleza de esos estímulos externos. Pero nos sorprendemos porque se aburren en la escuela cuando les pedimos que concentren su atención en algo que carece de atractivo alimenticio, de connotaciones seductoras o sexuales, de ritmo pegadizo o colores supersaturados...


Las personas modifican su inteligencia y el modo en que la aplican según  su entorno y según sus intereses y necesidades. Los test miden cierto tipo de inteligencia pero no toda la inteligencia. Se puede hablar de estilos personalizados de inteligencia, porque es diversa, polifacética, dinámica, y está viva. Por eso corre el riesgo de atrofiarse si no se la alimenta, y se despliega como la cola de un pavo real si halla su "elemento", aquello que la emociona. Puede dejarse ver en cosas que nada o poco tienen que ver con los números o las palabras, ¡y no sólo me refiero al fútbol! Es peculiar en cada persona, flexible y, por supuesto, más flexible aún en un adolescente.


El necesario, vocacional idealismo del buen maestro, del profesor excelente, y en todos los centros los hay, consiste en la capacidad para ver a las personas como podrían ser si no fueran como son. El maestro no sólo debe contagiar buenos hábitos, como el gusto por la lectura, sino también ayudar a desaprender los malos, y esto resulta trabajoso en una sociedad plagada de "niños malcriados" por el incesante halago de los Media, con la complicidad o el abandono de los padres.


Bibliografía
Feito Alonso, Rafael. "¿Educación de excelencia antes de la Universidad?". Cuadernos de Pedagogía, jul-ag- 2012, nº 425, pg. 80ss.
Robinson, Ken & Aronica, Lou. El Elemento, Mondadori, Barcelona, 2009.
Zancajo, Adrián & al. "Desigualdad social y resiliencia académica". Cuadernos de Pedagogía, nº 425, jul-ag., 2012.





martes, 7 de junio de 2011

Resiliencia



Si Séneca hubiera filosofado hoy, sería un apóstol de la resiliencia. El “palabro” viene de las voces latinas 're', hacia atrás, y 'salire', saltar, y es de esos términos-saltamontes que gustan de una dieta variada y transitan de una planta a otra, de una  disciplina (la biología) a otra (la psicología), como “memes” que amplían así su ámbito trófico para replicarse y sobrevivir.
 

“¿Qué es lo fundamental? Poder soportar la adversidad con alegre ánimo; aceptar todo lo que suceda como si quisieras que te acaeciese. Pues debieras haberlo querido si supieras que todo se hace por decreto de dios: llorar, quejarse o gimotear es una inconsecuencia inútil” (Séneca. Cuestiones naturales III, prefacio 10-17, trad. JB)


“Poca cosa es la vida del hombre, pero es mucho saber despreciarla. El que desprecia la vida verá sin temor los mares enfurecidos cuando les combaten todos los vientos, cuando un flujo extraordinario, producido por alguna perturbación del mundo, hiciese de toda la tierra un océano. Verá tranquilo el horrible espectáculo de un cielo lanzando rayos, y cuya bóveda cuarteada destruyese bajo sus fuegos toda la raza humana. Tranquilo verá hendirse el suelo, rota la trabazón de la tierra. Y aunque se descubriese ante sus ojos el imperio mismo de los infiernos, en el borde del mismo permanecerá tranquilo y erguido; tal vez, puesto que al fin ha de caer, se precipitará. ¿Qué me importa la grandeza de aquello que me mata? La muerte misma no es grande” (Cuestiones naturales, libro 6º).


Trágica y serena dignidad, la del cordobés. Muestra la vía del sabio hacia la quietud, su imperturbabilidad de ánimo ante la adversidad (lo que los estoicos llamaron "apatía"). El estoicismo es una filosofía que enseña a obrar con resiliencia, instruye en la capacidad para sobreponernos a las tortas que nos da y nos pegará la vida. A fin de cuentos (sic), la vida humana misma es una historia que acaba siempre mal. Y si consigues conservarla y alargarla, antes de agotarla tendrás que soportar los numerosos fastidios de la vejez, entre los cuales no es el menor la creciente soledad.
 
Los psicólogos se preguntan si la resiliencia es una cualidad innata, o si conviene aprender la resiliencia. Hace unos lustros, unos listos creyeron  haber dado con el gen de la resiliencia: el gen 5-HTT. Unos despabilados "empiristas" se empeñaron en que las personas que tenían la versión más larga de dicho gen parecían resistir mejor la depresión. En 2006, el gen 5-HTT saltó a la fama con un artículo en The New York Times Magazine; pero el optimismo inicial no tardó en convertirse en humo, como siempre que se trata de vincular un comportamiento complejo y voluntario (o sea, un acto del espíritu) a un solo factor biológico.



Si no es una cualidad innata, la de sobreponerse a las desgracias con que nos castiga la fatalidad, ¿podemos entrenarnos, para “rebotar” después de una catástrofe, colectiva o personal, hacia un “estado operativo”? ¿Cómo podemos prepararnos para sobrevivir cuando se desmorona nuestro mundo?

Si no hubiera posibilidades de entrenar la resiliencia, sería bastante absurdo que los EEUU destinen millones de dólares a la mejora de la resiliencia de sus soldados (800.000 han seguido cursos para mejorar su resiliencia). Hace dos décadas Martin E. P. Seligman creó el Programa de Resiliencia de Pennsylvania, y demostró su eficacia con niños en edad escolar. Seligman llegó a la "psicología positiva" tras descubrir que, tras administrarles electrochoques a unos perros, entraban en un estado de sumisión lamentable, que él denominó "indefensión aprendida". Esto le sirvió para explorar intervenciones clínicas que buscan lo contrario: alentar el optimismo, el bienestar y, sobre todo, la resiliencia.

¿Cómo superar la frustración? ¿Cómo desterrar la depresión? El programa de Seligman incluye técnicas como la reestructuración cognitiva, para que los pacientes revisen sus pensamientos bajo una luz positiva. ¡No hay mal que por bien no venga!
 

“Atiende ante todo a separar las cosas del tumulto que ellas mismas forman, y a considerarlas en sí mismas; verás entonces que no tienen de terribles más que el miedo que inspiran” (Epístolas a Lucilio, XXIV).
  Sobrellevar las peores tensiones nerviosas, restaurar nuestro equilibrio emocional, superar el TEPT (transtorno de estrés postraumático) puede exigir el enaltecimiento del ego:


“Aunque el sabio quiera por extremo a sus amigos, aunque al compararlos a él los prefiera frecuentemente, su satisfacción la hará consistir en sí mismo (…). Llevo conmigo todos mis bienes, es decir, la justicia, la virtud, la prudencia, la templanza y la hermosa resolución de no estimar como bien aquello que puede ser arrebatado” (Seneca. Cartas a Lucilio, IX).
El sufrimiento es parte de la condición humana, incluso -contra la ética indolora de los Media- hay sufrimientos que merecen la pena, dramas que nos mejoran, pruebas que nos fortalecen, crisis que nos purifican. Por supuesto, las grandes internacionales farmacéuticas estarán atentas y se esforzarán por ofrecer atajos bioquímicos para mejorar la resiliencia, pero consuela saber que aún pasará mucho tiempo hasta que den con pastillas que aumenten de verdad nuestra fortaleza emocional o mejoren nuestro equilibrio mental, y mucho más difícil será que dichos fármacos sean tan baratos y provechosos,-o al menos tan inocuos y entretenidos- como la lectura de los clásicos, cuya adicción jamás conlleva lamentables efectos secundarios.


Bibliografía
Gary Stix. "Claves de la resiliencia". Investigación y ciencia, mayo 2011, pgs. 15ss.
María Zambrano. El pensamiento vivo de Séneca. Losada, Buenos Aires 1965.