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sábado, 20 de junio de 2020

VÍCTIMA DE LA GRIPE

En el centenario de la muerte de Max Weber


En 1788 Friedrich Schiller escribió el poema "Los dioses de Grecia". Se trata de un lamento contra la filosofía mecánica y la frialdad ontológica de la ciencia natural moderna, y al mismo tiempo alaba la magia y el mito tal como se expresaron en el mundo divino de la antigüedad:

martes, 15 de mayo de 2018

MUERTE DE MEMBRILLO


Flores de Membrillo. Loma de Úbeda.
El pobre León Leonardo, conocido piloto Sirio recordado por  Cunqueiro, quedó paralítico de un naufragio sucedido en la mar salada cuando salía a la arábiga, a la pesca de tortugas para vender a la corte bizantina, donde se las pintaba y eran famosas en piscinas decoradas con mosaicos de teselas.

Se enamoró por la risa que oyó tras una puerta. Aquella melodía le llegó a la entraña. Era la voz bien timbrada de una viuda, la cual no dudó en acudir presurosa con la última dosis de aceite a la lámpara mágica de los deseos cuando León la requebró. La mujer estaba por santificar el vínculo, pero Leonardo desistió de casarse al descubrir que era la misma mujer que de chico le amamantara.

Cesó la risa y cayó la noche. Casó León después con una eslava por ver palacios de algas y viñas submarinas en sus ojos verdes. Y engendró en ella a Paloma.

Después pasó lo que pasó en el mar arábigo. Ya inválido, cuidó de él su hija, que estaba muy enferma. Abandonada en amores, la herida de su corazón le ponía los labios azules. Su padre decía que moriría como un membrillo.

- ¿Cómo es eso? -le preguntó Alción de Ítaca a León Leonardo en medio de una de aquellas conversaciones interminables que sostenían en la terraza, mientras su hija vigilaba desde una ventana.

- Pones un membrillo en tu armario y algún día lo abres porque quieres vestirte camisa limpia, y te saluda el dulce olor. Vuelves unas semanas más tarde y el membrillo ha perdido de repente todo su aroma, y entonces dentro del armario se conserva la memoria del membrillo en los pañuelos, los pantalones, las camisas, los calzoncillos...

La hija de León murió antes que el padre, como paloma que no supo o no pudo volar. Y remata Cunqueiro que es porque está hecho para sufrir el cuerpo, que es mucho más débil que el espíritu. Eso o algo así imagino, pues también yo hablo de memoria.

sábado, 14 de abril de 2018

ALMA Y CORAZÓN



En Occidente hemos sufrido dos tendencias extremosas cuando se trató de explicar la compleja relación entre el cuerpo y el espíritu. Dos tendencias reductoras en lugar de mediadoras. El idealismo o espiritualismo pretendió reducir lo corporal a lo espiritual; y el materialismo o mecanicismo, desde el otro extremo, ensayaron reducir lo metafísico a lo físico; lo libre, intencional y voluntario, a determinación mecánica.

viernes, 29 de septiembre de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

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ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ. Explora y desarrolla tus posibilidades, pero acepta también tus limitaciones. Interpretado desde la ironía socrática: Comienza en todo caso por reconocer al necio que te habita.

"Conócete a ti mismo". Tal era el mandamiento de Apolo, el dios de la luz de la verdad, padre de las Musas, el dios más idolatrado por los griegos después de Zeus.

La idea del autoconocimiento como imperativo capital fue también muy popular en la ascética y la mística cristianas medievales. Bernardo de Claraval (1090-1153) siente este mandamiento como cuestión de dignidad y vida auténtica. Como en Sócrates: una vida que no se examina a sí misma no merece llamarse humana.

Bernardo fue el redactor de los estatutos de la Orden del Temple. Con él, la Orden cisterciense se expandió por toda Europa y ocupó el primer plano en la influencia religiosa y la doctrina de la Iglesia. Polemizó con el racionalismo de Abelardo y predicó la Segunda Cruzada. De Orígenes imitó la exégesis alegórica de las Escrituras (1), la más razonable.

Para San Bernardo, cuando el hombre no reconoce su propia dignidad se animaliza: "El que no vive como noble criatura, dotada de inteligencia, se identifica con los brutos animales". Conviene por ello evitar una doble ignorancia: la que nos incita a buscar placer en niveles más bajos que los nuestros; y la de atribuirnos cosas que superan nuestra capacidad (2). También conviene saber que la dignidad nos ha sido dada, es un regalo o una gracia, por eso "debes recordar que eres y que no eres por ti mismo. Así no serás nunca orgulloso". Independiente dependencia, individuo en comunidad pues, para nosotros, vivir es convivir.

Son por tanto evidentes dos cosas: "que la dignidad propia es inútil si no se reconoce, y que su reconocimiento sólo servirá de castigo si no le acompaña la virtud" (3). Ese "no se reconoce" impllica obviamente el reconocimiento de los otros. Y a este respecto, el conocimiento del yo es imposible sin la dialéctica con el prójimo, que corrige mis desmesuras y aporta ecuanimidad al juicio sobre mí mismo y mis acciones (o sea, lo que éticamente soy).

La dignidad reside en la libertad de la voluntad, el fondo esencial de la naturaleza humana que -para Bernardo- es imagen del amor divino. Esta Libertad de la Voluntad es otro nombre del Espíritu. Sin embargo, el autoconocimiento no lleva al ser humano a la soberbia (el peor de los pecados capitales), sino antes bien a la humildad, precisamente por el reconocimiento de la posibilidad de una mala voluntad. Quien explora suficientemente las entretelas de su corazón reconocerá la inconveniencia, el egoísmo de segundas y terceras intenciones. No extraña que San Bernardo fuera admirado por Lutero y por Calvino.

Por eso, conocerse a sí mismo es también descubrir la propia indignidad. Y no atender al Soberano Bien -al Ideal de Verdad, Justicia, Belleza y Unidad- de cuya imagen en nosotros depende toda dignidad lleva con ello a la desesperación. Por consiguiente, el conocimiento de lo que somos exige también el conocimiento de lo que debemos aspirar a ser, del ideal de crecimiento interior o -dicho al modo platónico- del ideal de hacernos semejantes a Dios en lo posible.

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Lactatio de San Bernardo.
Ilustración de manuscrito medieval


Notas

(1) La leyenda de la "Lactatio", según la cual San Bernardo recibió un chorro de leche de los pechos de una estatua de la Virgen María ("néctar de sus pechos"), la recoge el Cancionero de Juan López de Úbeda (1579-1586). La fuente literaria puede estar en dos de los sermones del santo: 'Monstra te esse matrem".
(2) Libro sobre el amor de Dios, II, 4.
(3) De diligendo Deo, II, 5.

Bibliografía

Miguel Siguán Soler. La Psicología del amor en los cistercienses del siglo XII, Abadía de Poblet, 1992.

viernes, 10 de julio de 2015

Una fe asequible

Comentarios a reflexiones de un agnóstico insatisfecho que no soporta la inalcanzabilidad de la fe



I. Límites de la ciencia y de su método

No creo que las raíces de la ciencia y de la religión sean antagónicas e irreconciliables. Al menos no para una interpretación no dogmática de religión y ciencia, ni fanática ni cientifista. Tres de los científicos más eminentes que conozco son sacerdotes. Si bien Hawking o Dawkins se oponen a la religión o al deísmo, Fred Hoyle o el mismo Einstein tenían una opinión más matizada.

Ciertamente, la ciencia moderna se caracteriza por su método o, mejor, por el “afán de método”, ese equipamiento o armadura con que se pertrecha el científico que, con el ascetismo de un soldado o de un monje, sale a la caza de realidades o de explicaciones sobre realidades. María Zambrano se percató de que tal método es en realidad una cacería. Y –digo yo- según la presa que busquemos, así el armamento metodológico que emplearemos. Y según el armamento, la presa. La caza puede ser pesca, y si la malla es poco tupida pero fuerte, se cogerán grandes peces, pero los pequeños pasarán desapercibidos…

martes, 10 de junio de 2014

Misterios Órficos

Orpheus. Franz von Stuck, 1891
La música está hecha de tiempo, como el hombre, como la palabra. Únicamente existe en el momento en que se la ejecuta, en ese instante en que se la interpreta y se la escucha, entonces vive la música o media entre los vivos y sirve para comunicar almas. Nos afecta en ese momento que nunca es el mismo, con su valor espiritual e inmediato.

El sentido de la música es esa genialidad abstracta que agrada al oído, que no puede ser dicha, que sólo puede ser representada mediante sonidos, mediante ritmos y significativos silencios, y que no necesita ni de la imagen ni del concepto, aunque los soporte a su lado.

Todo lo que hay en nosotros: la pasión, la emoción, el sentimiento; todo lo que contiene nuestra mente: el miedo, la ternura, el coraje, la melancolía, la piedad; el niño que hay en mí, la mujer que hay en mí... todos los modos de ser de mi espíritu reclaman por amiga lo que el pensamiento lógico no puede dar ni contener: esa tonalidad que el alma reconoce como propia y que la reflexión mata.

sábado, 19 de abril de 2014

NECESIDADES DEL CUERPO Y DEL ALMA

cats

Escrito por Ana Azanza

Se ha presentado en Madrid el libro de Silvia María Valls y Mailer Mattié titulado "Las necesidades terrenales del cuerpo y del alma. Inspiración práctica de la vida social", editorial La Caída, 2013. Ambas autoras dirigen el Instituto Simone Weil y comparten el interés por esta filósofa a través del Atlántico Silvia María Valls reside en el corazón de México y Mailer es una venezolana afincada en Madrid y voluntariamente apartada de la vida académica.
 Lamentablemente no pude acudir al evento, pero Mailer Mattié ha tenido la gentileza de enviarme y dedicarme un ejemplar lo que le agradezco públicamente. Simone Weil de la que escribí hace no mucho nos ha unido virtualmente.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Fantasma de luz de luna


 

“ils sont charnels, tous deux, l’amour et la mort”La montaña mágica. « Sopa de eternidad »


Hacia 1976 leí La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924) de Thomas Mann, en una traducción de Mario Verdaguer que editó Plaza y Janés en su popular colección Reno. Formaba parte de la biblioteca de mi padre, al que seguramente debo parte de mi afición a la lectura. La novela me absorbió tanto como aquellos Cuentos lapones que nos leía mi madre de chicos, tanto que mandé encuadernar sus dos volúmenes en tela azul añil, el color de los ojos del hada de Pinocho. Este verano, incitado por el artículo de Marisa Siguán “Hans Castorp: hechizado por el tiempo”, he retomado la lectura de sus capítulos centrales. Ahora, la traducción me ha parecido imperfecta; su prosa, algo retórica y reiterativa; su motivo romántico, un tanto cursi. Los gustos cambian y el tiempo hace de testigo insobornable.
Pista de patinaje del sanatorio de Davos

Sin duda sigue siendo una obra maestra, un ejemplo admirable de lo que a su autor le gustaba considerar como una “novela de formación” o “iniciática”, un Bildungroman. El protagonista, Hans Castorp, viaja a los Alpes suizos para visitar a su primo tuberculoso. Planea una visita de tres semanas, pero se quedará en el Berghof siete años. ¿Qué es lo que le hipnotiza y retiene en el sanatorio de Davos?

Según Marisa Siguán[1], tres ámbitos temáticos marcan sus experiencias: La abolición del tiempo convencional que miden los relojes; el contacto trascendental con la enfermedad, el amor y la muerte; y los grandes debates intelectuales de la cultura europea de las dos primeras décadas del siglo XX. Aquí insistiremos en los dos primeros temas.

viernes, 13 de septiembre de 2013

SIMONE WEIL, EXIGENCIA DE VERDAD

Autora: Ana Azanza 


1. Notas biográficas
2. La cuestión problemática de la pertenencia
3. La cuestión de sus publicaciones
4. Compromiso político de Simone Weil
5. Desprenderse de lo que se es
6. Un desafío a la sabiduría de los filósofos


Escribo este post después de escuchar la entrevista a Stéphane Barsacq, autor de “Le ravissement de la raison” y de las lecturas que ya he realizado de y sobre Simone Weil.




En este largo vídeo, más de una hora, aparecen testimonios de familiares, sindicalistas, religiosos, filósofos, que conocieron a Simone Weil y de otros “afectados” póstumos por esta vida fuera de lo común.

sábado, 1 de diciembre de 2012

LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE LA ANTIGUEDAD. EL DEBATE ENTRE PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT

   Desde perspectivas y trayectorias diferentes dos filósofos franceses, Pierre Hadot y Michel Foucault han intentado extraer lo que podemos aprender de las escuelas filosóficas grecorromanas. Nacidos con pocos años de diferencia (Hadot en 1922, Foucault en 1926) hasta muy tardíamente no coincidieron en sus intereses. La muerte prematura de Foucault malogró un debate que podía haber sido muy fructífero. Mientras las referencias de Foucault a Hadot son puntuales y académicas, Pierre Hadot formula tras la muerte del anterior una crítica respetuosa pero clara a su planteamiento. Sin duda hay un debate de fondo muy interesante sobre la manera como ambos defienden la filosofía como forma de vida y en cómo interpretan a los antiguos según sus diferentes perspectivas. El debate que filosóficamente sería posible y fecundo se vuelve imposible. Es curioso comparar cómo trayectorias tan diferentes pueden converger en la madurez, a partir del interés mutuo que manifiestan a partir de 1980 (Pierre Hadot tiene 58 años y Michel Foucault 54). Foucault apoyará en este momento la candidatura de Pierre Hadot para la cátedra del College de France, que por cierto conseguirá.

    Las vidas de Pierre Hadot y de Michel Foucault, a pesar de ser de la misma generación y de un origen social relativamente similar (familias conservadoras de la pequeña o mediana burguesía) radicalmente diferentes. Hadot tiene un carácter estable y una vida relativamente convencional mientras que Foucault tiene una personalidad difícil y tortuosa y una vida bastante inestable, moviéndose siempre en los límites de la transgresión. Pero en la madurez Foucault parece buscar la serenidad que Hadot, por su parte, ya parecía haber encontrado.


viernes, 28 de septiembre de 2012

Este es mi cuerpo

Mengs. 'Noli me tangere'

“Existo todo entero, contenido en los costados de mis músculos, esparcido en las márgenes compactas de los huesos. Alma soy que sobre la piel se extiende, y allí con dichosa complacencia se reconoce”

Las palabras son, claras, de un poeta bastante premiado, compañero de lides filosóficas y autor de más de una docena de libros. Me refiero a Miguel Florián.

Acabo de leer Este es mi cuerpo, un librillo de menos de ochenta páginas, preciosa y cuidadosamente ilustrado por Rafaela Gómez, entregado a la imprenta en el primogénito mes del 2012, “cuando la crisis se hizo horizonte y profecías apocalípticas anublaban nos”, como dice en su colofón no sé si el poeta o el editor, editor concienzudo, este de Alegoría, excelente prologuista, Carlos Rodríguez Estacio. Al libro no se le puede encontrar una errata, aunque sí algún lapso galicismo, cual gracioso resbalón menor.

El libro plantea interesantes cuestiones bajo una perspectiva sensual, entusiasta, metafórica, poética, desde una problemàtica próxima a las inquietudes inaugurales de este blog. Y es que no somos dos cosas, sino una sola compleja y misteriosa. “Nadie sabe lo que puede un cuerpo” –repite Miguel, la frase de Spinoza, a modo de dedicatoria. Al cuerpo simbólico de Jesús se refiere Florián. Noli me tangere! ¿Por qué ese cuerpo, ya resucitado, ya transfigurado, que escapa de la muerte, no quiere ser tocado? Ese mismo cuerpo ha propuesto ser comido por sus discípulos… “toma esta carne mía para endulzar tu boca; desciende hasta el centro oscuro de la pulpa, y conoce allí el regusto amargo de la almendra”. Cianuro contienen las almendras amargas y tóxicos letales los cuerpos. Sí, Jesús imaginó un tiempo en donde la carne y el espíritu se conciliaran, pero ¡ay! Nos cuesta menos creer en la reencarnación de los órfico-pitagóricos o de los gurús indostánicos, que en la resurrección de la carne…

Pero “los cuerpos sueñan, y al soñar edifican esa ilusión que llamamos vigilia”. Definitivamente, Descartes era un genio, pero se equivocaba. No somos dos cosas, sólo una enigmática y complicada. El cuerpo no es una prisión, sino una cifra de los espacios y los tiempos. Y –como escribe Miguel- el alma es un cuerpo que se sabe. Sin embargo, sólo parecemos enterarnos de que somos cuerpo cuando caemos enfermos. Entonces nos damos cuenta de que dentro del cuerpo nos acechan los peores males. Entonces, ¿sòlo soy cuerpo? Eso me angustia. Y es que la vida nos sujeta a axiomas insobornables a la voluntad. La sexualidad no es un mero accidente. Puede que el ideal andrógino, exceso del espíritu, demasía de la razón, nos acabe por convertir en seres abúlicos, híbridos y enfermos.

La llamada de la carne, ¿no es el canto de las Sirenas?, ¿hijas de las Musas?, ¿siniestra representación de la fertilidad? Letárgico vaivén de la lascivia. Lo bello, incluso si es sublime, nos seduce y enajena, nos perturba y saca de quicio. ¿Por qué Orfeo no pudo resistirse y volvió su mirada hacia Eurídice contraviniendo el dictado de los dioses? No pudo resistirse a la nostalgia del amor y a la belleza. Tal vez no se fiara de ellos; los dioses griegos compartìan la malicia de los  humanos. Tal vez fuese un cobarde y no tuvo el arrojo de morir, tal vez –como refiere Pausanias- creyó que el alma de Eurídice le seguía, pero al volverse comprobó que no era cierto. Ella no quiso volver a ser carne.

Y es que serlo es un latazo, ¡la carne me hace perder tanto tiempo! Cada vez más tiempo: lavarla, alimentarla, cuidarla, descargarla, taparla, vestirla, adornarla… En este punto son imprescindibles las enseñanzas de Diotima, la belleza de los cuerpos apunta más allá de sí misma. Sirve como trampolìn. ¿O no anhelamos la inmortalidad? Ansia de eternidad es el amor. La cualidad capital del erotismo –escribe Miguel-: “la determinación, la imperiosa urgencia por alcanzar un fin que nos trascienda, que nos coloque más allá de nosotros mismos”. Más allá del tacto, el gusto y el olfato, los sentidos noèticos: sólo los ojos y el oído, simetría, ritmo, armonía de las formas, consonancia de las estructuras. La emotividad universal de la música. Los ojos, “emisarios de la conciencia, heraldos del espíritu” nos elevan hacia esa belleza que dura siempre, y no tiene las horas contadas como las rosas de Ronsard. Para que la pasión no muera jamás, hay que situar la hoja de una espada entre Isolda y Tristán, para que el deseo no muera en su satisfacción y perviva en su tensión desesperada.

Algunas series populares americanas explotan esta tensión: colegas o amigos que se adoran pero que ni se tocan ni se besan. Eso sí, se miran mucho en ese monitor que nos sustrae los sentidos de la proximidad: olfato, gusto, tacto. Esa exaltación de la vista y del oído nos regatea un contacto más genuino, pero también más peligroso: esa sensualidad inocente de la infancia, abierta a un contacto que se hará distancia, burbuja de territorialidad desconfiada. ¿No será la pornografía un nuevo puritanismo que morigera el poder transgresor del erotismo, que nos desexualiza para reducirnos a mera anatomía?

Ciertamente, no debemos confundir el culto al cuerpo con el culto al look, con la idolatría de su imagen. Esas modelos anoréxicas no dicen nada, igual podrían ser máquinas o ciborgs. “Ver, pero no tocar” –llevan en sus trapos las etiquetas de los objetos de museo. ¡Pero necesitamos tocar y que nos toquen para no sentirnos solos! En una sociedad hipersexualizada, todo contacto se imputa sospechoso. 

Tienen razón quienes dicen que Eros fue el más antiguo de los dioses. En el erotismo –nos recuerda Florián- encontramos la curiosidad, la invitación al descubrimiento (al desnudamiento de la carne) que es propio también de la admiración filosófica. A fin de cuentas, la reverencia es también una muestra de amor, en su especie de devoción o de respeto.

Arriesga Miguel Florián en hipérbole –como todos los poetas- cuando escribe que el tacto es un sentido femenino, y que tal vez eso sea así porque lo femenino es el substrato de la especie. No estoy seguro de que –estadísticamente al menos- el tacto (la prensión fina) sea el sentido más desarrollado en la mujer. Creo que las mujeres son también, en general, finas olfateadoras, y que no es casual que algunos de los enólogos más célebres en la actualidad sean mujeres. Que la vista sea un sentido masculino –sobre todo en la atracción sexual- no deja de ser un tópico muy discutible…,  o que para el varón la caricia sólo cuente o como “un acto inoportuno o un mero hipódromo de la actividad genital”. También es discutible que la mujer sea menos púdica que el varón o más pródiga en mostrarse… ¡ça depend del genio del gallo o de la gallina!

Miguel explora las analogías entre el hambre y el deseo sexual (también llamado, no por casualidad, “apetito”). Muchas metáforas de requiebro y aproximación erótica denuncian esta originaria identidad de lo que Spinoza llamó conatus: ese deseo de seguir siendo, de perdurar en sí o en otro. El componente gástrico de la conducta amorosa. La lascivia se lleva bien con la glotonería.
Me ha sorprendido la afirmación de que de esta primacía de lo metabólico arranque el pensamiento de Anaxàgoras, la tesis de la panspermia, de que “en todo hay semillas de todo”… Si los seres se devoran y transforman unos en otros es preciso que en cada uno de ellos permanezca algún rastro del resto. Trágica es nuestra condición, pues siempre vivimos de la muerte ajena. Si respetásemos la vida de otros seres hasta sus últimas consecuencias, sucumbiríamos de hambre. Como saben esos seres hipersensibles y neurasténicos, asustadizos y paranoicos, todo contacto es un asalto. Sì, podemos cantar con Cernuda: es verdad que puede que algún día yo sea todas las cosas que amo: el aire, el agua, las plantas, el adolescente…; lo peor, que en ellas me disolveré, que en ellas solo se hallarán mis ruinas.

“Como un naufragio hacia dentro nos morimos” (Neruda)

Nacemos delicados, crecemos desequilibrados, maduramos ya enfermos. Si te levantas después de los cuarenta y no te duele nada, estás muerto. Ahora me doy cuenta –ya cincuentón- de cuánta verdad hay en la noción negativa de felicidad del maestro Epicuro: la felicidad es que no me duela nada, ausencia de sufrimiento. Habrá que reconocer –escribe Floriàn en referencia a Jaspers- que el estado de salud es excepcional. Puede que la salud sea tan incompatible con la lógica efímera de la vida, como la razón lo es con las pasiones, o sea, con nuestros padecimientos. Menos mal que el cuerpo no puede pensar su nada. Menos mal que sufriendo aún se siente viviendo. Aguda espina dorada... Menos mal que en esa afirmación del ser encuentra el cuerpo su destino, incluso en su acabose. 

Hay por debajo del querer del Yo algo mucho grande: “secreta intención de la naturaleza”, le llamó Kant; “ardid de la razón, espíritu del mundo”, dijo Hegel; “historia del Ser”, insistió Heidegger. Nuestro cuerpo no es más que una marioneta de los dioses, supuso rotundo Platón. Esa oscura fuerza es también la physis de nuestro cuerpo, que gusta ocultarse, tanto en sus momentos creativos, como en sus momentos autodestructivos.

“No hay diques entre la carne y el espíritu porque son manifestaciones del mismo ser”

Pero si la carne se hace eco de nuestra vida fracasada, en el síntoma neurótico, también el espíritu se aflige con los desengaños de la carne. Su decadencia nos desanima. Lo que hemos olvidado no es el sentido del cuerpo, está muy clara la gusanera en la que se disolverá, sino el sentido del espíritu que en el cuerpo sopla, cuando quiere y donde quiere. ¿El cosmos debe regresar al caos de donde surgió? ¿Y por qué no este caos de la naturaleza corporal, al cosmos espiritual del que procede? 

martes, 13 de septiembre de 2011

Jung y la educación del espíritu


Jung se percató de que en su tiempo los estudios de psicología todavía andaban trabados por el materialismo del siglo XIX y de que tal materialismo representó una reacción violenta -tal vez necesaria, pero exagerada-, frente el idealismo medieval. El materialismo es un prejuicio filosófico, no es la ciencia misma, aunque pueda desequilibrarla, y desde luego el materialismo no es la esencia del empirismo, como pretenden ciertas metafísicas.

El dogmatismo de Freud fue una consecuencia de aquellas exageraciones materialistas. Jung se dio cuenta de hasta qué punto el psicoanálisis freudiano imponía una interpretación unilateral de la experiencia. Sin embargo, por eso no le negó el mérito de haber abierto "las herméticas puertas del sueño" ni la importancia de examinar sus resultados para una mejor comprensión de la mentalidad infantil.

miércoles, 1 de junio de 2011

Soma y Pneuma


Pneuma y Soma. Psique, animus, anima, corpus, humus, homo. Somos un ser complejo. Como el gigante Anteo, somos hijos de la Tierra. Un puente tendido sobre un abismo: materia y energía, potencia y acto; causas, efectos, formas y fines; predisposiciones y proyectos; sensibilidad y percepción, memoria y fantasía, comprensión e invención.

Partimos de lo pesado y nos desvivimos por alcanzar los reinos de lo etéreo o tocar las tetas de las diosas. Placer y poder, resignación, dolor y servidumbre. Dos caras de lo mismo. Deseo y frustración. Necesidad y libertad. Polvo de estrellas, nostalgia de estrellas. Nostalgia del espíritu, que es algo más que el aroma de los buenos vinos.

Espíritu y Cuerpo, como un ángel cabalgando a un tigre o un diablo alimentando a un cerdo. Desengañémonos: no somos "almas bellas", aunque debamos aspirar a serlo. El espíritu también tiene sus pecados inconfesables, que afectan a la carne y la desordenan. La carne, sus particulares apetitos y pasiones, pero constituyen la fuerza del espíritu y la sal de la tierra. Nada grande se hace en el mundo sin pasión.

El futuro hunde sus raíces en una historia natural (antropología) y en una historia del espíritu (psicología). La antropología no para de cambiar la filogenia del homínido feroz y compasivo que también somos, gracias sobre todo a los descubrimientos paleontológicos. Erectus, habilis, ergaster, antecessor, heidelbergensis, neanderthal, sapiens, ¡y el perturbador enano de la isla de Flores!

La psicología, con su manojo de escuelas y tendencias, compensa sus complejos de inferioridad y su mala fama de magia laica usando la estadística y las matemáticas como una retórica y un crédito de cientificidad y rigor, en parte estéril. Las neurociencias apenas arañan los complejísimos pálpitos de ese reloj cuántico que vive y crece escondido en nuestro cráneo.

No somos animales, ni el mundo es para nosotros un mero conjunto de estímulos. Tenemos puesto en el mundo y la configuración del kosmos depende de nuestra acción creadora. No somos dioses, pero tampoco somos mecanismos computadores. Sin embargo, la etología muestra lo que nos hermana con las bestias, y las ciencias de la computación ofrecen reflejos de aspectos parciales de nuestras capacidades cognitivas. La lógica, por su parte, muestra su corazón tautológico y su periferia persuasiva, pura "fuerza ilocutiva".

Hemos de aceptar que somos un cuerpo con vida espiritual y una vida espiritual capaz de ordenar los movimientos del cuerpo, o lastrada por él. Y necesitamos encontrar un equilibrio entre condicionantes y aspiraciones.

El imperativo apolíneo del "conócete a ti mismo" no vale por sí mismo sin un propósito que lo vuelva inteligente. "Conoce las piezas para conservar su buen funcionamiento"; o tal vez: "reconstrúyete según un designio razonable, armónico, inteligente", o más humildemente: "descubre el orden que te constituye, guárdalo y el orden te conservará a ti".

Nota bene

Parece que la voz 'psyque' (alma, mente), significó primero en griego arcaico mariposa; la de la ilustración se llama Pararge aegeria -popularmente, Maculada-, y fue retratada a fines de mayo en la Loma de Úbeda, dispuesta a echarse a volar en cualquier momento, en el sotobosque de un almezal, sobre un montón de hojarasca. En el frescor de la sombra, buscaba un rayo de sol que la animase.
'Pneuma', la palabra que escogieron los helenísticos para exhalar su espíritu, significaba soplo, aliento, pero también llamarada, ángel y demonio, espíritu divino y, en fin, viento de la fortuna y prosperidad.