Si tuviera que decir en pocas líneas cuál es la concepción hegeliana de la muerte, diría lo siguiente:
Tener conciencia de la muerte no significa sólo tener la certeza de que vamos a morir, sino comprender que la muerte es constitutiva de nuestra conciencia.
Dicho de otro modo, tener conciencia de la muerte implica comprender que la muerte no es algo que nos espera al final del recorrido de la vida, sino que nos hace ser lo que somos.
Para mayor claridad consideremos lo siguiente:
A diferencia del animal, y por supuesto del vegetal y el mineral, los humanos no somos seres dados. Nuestra naturaleza no está definida de suyo. Ya que nuestra naturaleza se define, entre otras cosas, por nuestra apertura e inacabamiento.
Así, el hombre no es un ser natural; no es un ser dado; el hombre es un ser cuya naturaleza consiste, justamente, en llegar a ser. Llegar a ser lo que era, pero lo era no de manera inmediata, ya dada, sino como finalidad a realizar.
Y esa finalidad puede quedar truncada. Ya que el humano puede fracasar en ser; puede perderse a sí mismo. Los animales, en cambio, no fracasan ni se pierden a sí mismos. Los animales padecen, por supuesto, pero son siempre lo que son hasta que mueren y dejan de serlo. A los animales, como al hombre, al vivir les va la vida, lo que no es poco, pero a diferencia del hombre no deben llegar a ser lo que son, no les va el ser.
Eso, la posibilidad y necesidad de llegar a ser, es lo que expresan intuitivamente tanto el hombre común y mundano como el hombre religioso cuando dicen 'estamos aquí, en el mundo, para algo'.
Incluso en un nivel prosaico y cotidiano se pone en juego esa intuición. Por ejemplo en los padres que le dicen a su hijo adolescente (sabemos que los adolescentes suelen vivir en la inmediatez propia de su edad y su entorno) que debe prepararse para 'llegar a ser alguien' en la vida.
Tener conciencia de la muerte no significa sólo tener la certeza de que vamos a morir, sino comprender que la muerte es constitutiva de nuestra conciencia.
Dicho de otro modo, tener conciencia de la muerte implica comprender que la muerte no es algo que nos espera al final del recorrido de la vida, sino que nos hace ser lo que somos.
Para mayor claridad consideremos lo siguiente:
A diferencia del animal, y por supuesto del vegetal y el mineral, los humanos no somos seres dados. Nuestra naturaleza no está definida de suyo. Ya que nuestra naturaleza se define, entre otras cosas, por nuestra apertura e inacabamiento.
Así, el hombre no es un ser natural; no es un ser dado; el hombre es un ser cuya naturaleza consiste, justamente, en llegar a ser. Llegar a ser lo que era, pero lo era no de manera inmediata, ya dada, sino como finalidad a realizar.
Y esa finalidad puede quedar truncada. Ya que el humano puede fracasar en ser; puede perderse a sí mismo. Los animales, en cambio, no fracasan ni se pierden a sí mismos. Los animales padecen, por supuesto, pero son siempre lo que son hasta que mueren y dejan de serlo. A los animales, como al hombre, al vivir les va la vida, lo que no es poco, pero a diferencia del hombre no deben llegar a ser lo que son, no les va el ser.
Eso, la posibilidad y necesidad de llegar a ser, es lo que expresan intuitivamente tanto el hombre común y mundano como el hombre religioso cuando dicen 'estamos aquí, en el mundo, para algo'.
Incluso en un nivel prosaico y cotidiano se pone en juego esa intuición. Por ejemplo en los padres que le dicen a su hijo adolescente (sabemos que los adolescentes suelen vivir en la inmediatez propia de su edad y su entorno) que debe prepararse para 'llegar a ser alguien' en la vida.