miércoles, 6 de enero de 2016

EL YO NO ES UNA ALUCINACION

Escrito por Ana Azanza

“Menos que nada” es el último libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek y el primero que leo de él. Hasta ahora lo conocía por referencias en Internet, por ejemplo por los escritos de Luis Roca. También lo recuerdo en un vídeo donde diferentes filósofos contemporáneos hablan de ética, Zizek aparece en ese vídeo en un vertedero de basura. No entendí semejante marco y contexto para una exposición filosófica. Tras leer "Menos que nada" y ver el nivel de sinceridad incluso obscenidad al que es capaz de llegar, me parece que he comprendido mejor. Aunque seguramente a Zizek le molesta “ser comprendido”.

viernes, 1 de enero de 2016

HUMANISMO ATEO VS. CRISTIANISMO IRRELIGIOSO

"
"Puedo pero no quiero"
Jacques Ellul

Humanismo ateo


Jacques Ellul (1912-1994) fue líder de la resistencia durante la Segunda guerra mundial, filósofo, sociólogo, teólogo y anarquista cristiano francés. Junto a su amigo Ivan Illich es considerado uno de los padres de las ideas sobre el post-desarrollo: decrecimiento, simplicidad voluntaria, ecología política.

Considera que el hombre moderno ha reducido la multiplicidad o diversidad de sus dimensiones (poética, simbólica, religiosa, técnica) a la tecnológica y política, en un mundo en el que sólo cuentan eficacia y potencia.

En Los nuevos poseídos (Monteávila, Caracas, 1978) afirma que vivimos en una era post-cristiana. Pero la vuelta al paganismo es imposible. Si nuestra época ha dejado de ser cristiana, es importante no obstante insistir en que ha pasado por la experiencia de serlo.

El humanismo ateo parece haberse impuesto. Su contenido ideológico se resume:

viernes, 25 de diciembre de 2015

Ortega y Gasset y nuestro tiempo

"Todo en el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas"
Ortega y Gasset

Quisiera hablar en este post acerca de Ortega y Gasset. Y aunque no conozco bien su obra, si me permito hablar de ella es porque no tengo otra pretensión que la de compartir, como en una charla entre amigos, algunas ideas orteguianas que me han resultado particularmente interesantes. 

Sin duda don Ortega y Gasset era un pensador lúcido y un observador penetrante. Además escribía en un español claro y elegante que proporciona una satisfacción accesoria al leerlo. Preocupado ante todo por el mundo, y no mucho por el "más allá" del cual sin embargo da muestras de tener una vislumbre, se interesaba no sólo por los grandes temas de su tiempo sino también por lo cotidiano y lo aparentemente trivial.

Yo no lo leía desde hacía muchísimo tiempo, décadas, y de hecho no recordaba casi nada de sus ideas. Esta vez, entre otras cosas, me sorprendió su capacidad para extraer significados de lo más nimio que resultan tan interesantes como sus análisis de los temas importantes.

Así, por ejemplo, en cierto momento plantea la siguiente pregunta: "¿Qué  color  vemos  cuando  vemos  un  color  desteñido?". Y enseguida contesta: "El  azul  que  tenemos  delante  lo  vemos  como habiendo sido otro azul más intenso y este mirar el color actual con el pasado, a través del que fue, es una visión activa que no existe para un espejo, es una  idea."

De ese modo, a partir de un asunto en apariencia irrisorio, Ortega pone al lector frente a una cuestión de suma importancia: la idealidad de nuestra percepción inmediata de las cosas. Si percibimos el azul que fue en el azul desteñido que tenemos delante, es porque lo que  percibimos está atravesado por el sentido. El pensar, el lenguaje, la cultura, y nuestra propia historia, mediatizan y configuran lo que percibimos con nuestros sentidos físicos. Y lo mismo sucede con todo lo que experimentamos a diario aunque no medie ninguna toma de conciencia ni reflexión sobre ello.

sábado, 12 de diciembre de 2015

ONFRAY: SOBRE ISLAM, ISLAMISMO Y OCCIDENTE

Escrito por Ana Azanza


Me permito este post en la línea del que escribió MáximoLameiro. Estaba ansiosa por saber cuál había sido la reacción de Onfray tras el 13N. Esta conferencia fue pronunciada un mes antes de los atentados de París,  su contenido no puede ser más ilustrativo a propósito de la cuestión del Islam y Occidente. De ahí el interés de escucharla, puesto que me parecen los propósitos de un filósofo que se informa, que estudia y que utiliza su saber para asuntos de interés general, además de hablar con fundamento. He escuchado otras intervenciones suyas posteriores a la fecha de autos que tampoco me han decepcionado.
Un detalle curioso es que esta conferencia fue pronunciada en la ciudad belga de Charleroi, el país que según hemos sabido después reunía condiciones excepcionales para fomento y cobijo de terroristas islámistas.

Los sucesos de París lo sorprendieron en Cayenne

lunes, 7 de diciembre de 2015

Hume y el suicidio


David Hume me ha parecido siempre un filósofo excelente, y no sólo porque despertara a Kant del sueño de la razón dogmática. Era un tipo simpático, gran conversador, extraordinariamente culto e inteligente, pero su fama de ateo le impidió ingresar en la universidad. No fue ateo, sino escéptico. Se comportó como un magnífico anfitrión de Rousseau cuando este viajó a la Gran Bretaña, y el suizo le pagó con reproches de paranoico. Su gran amigo Adam Smith, con el que cruzó cartas memorables, gozó de mejor gloria en vida que él, y no tuvo que ganarse el sustento como Hume, de bibliotecario y mercenario de la historiografía.
Aunque su exagerado empirismo le llevó al absurdo de negar el valor cognitivo de los saberes narrativos, poéticos o artísticos, su descubrimiento de lo mucho que debe nuestra idea de Dios al funcionamiento de nuestra mente, o de lo mucho que debe la idea del yo a la imaginación, igual que su conclusión de que nuestras certezas científicas están en deuda con nuestros hábitos y creencias; o su descalificación del dogmatismo, pues nuestro conocimiento sobre la naturaleza es sólo probable, dado que los mismos acontecimientos naturales no son necesarios, sino contingentes...; y en fin, su fino análisis de los sentimientos y pasiones del alma, a los que concede una importancia capital en la moral (emotivismo)..., todas estas ideas, y algunas más, me fascinaron hace más de treinta años y aún hoy siguen estimulando mi reflexión.

Monumento a Hume en Edimburgo
Por eso peregriné en Edimburgo buscando su tumba, que no hallé. Me indignó que los curas de las iglesias de Edimburgo a los que interrogué ni siquiera le conociesen. Años después, mi hijo Antonio José me hizo el favor de cumplir por mí con este precepto de honrar a los muertos (y a su padre humeófilo) e hizo las fotografías que ilustran esta entrada.

Por lo menos me traje en aquella ocasión de Edimburgo un ejemplar de sus Selected Essays (Oxford 1993), y sus Enquiries concerning the Human Understanding and concerning the Principles of Morals, un ejemplar de segunda mano, con exlibris manuscrito de Jan A. Sinclair (November 1959) en el libro salido de las prensas oxonienses, a parte de algunos discretos subrayados, el tomo no escondía por desgracia ninguna carta de amor.

Años después, y por mantener mi competencia in English, me propuse traducir uno de sus ensayos, y no sé por qué me dio por On suicide. No estaba deprimido, ni mucho menos. Lo traduje para la revista digital Casinada, editada por mi buen amigo Carlos Salinas en formato texto para que sus contenidos tuvieran fácil difusión en los países menos adelantados informáticamente.

martes, 17 de noviembre de 2015

ATAQUES TERRORISTAS EN FRANCIA



A pocos días de los atentados de Francia me gustaría tratar el tema aquí, a pesar de que Espíritu y Cuerpo no es un blog periodístico ni de "actualidad", como se dice, sino un espacio de reflexión. Y como sabemos la urgencia periodística y la inmediatez de lo actual suelen conspirar en contra, justamente, de la reflexión. Sin embargo, el carácter emblemático del caso amerita, creo, traerlo a la "mesa". Si bien los atentados terroristas casi siempre son emblemáticos, éste tiene una carga semántica particular sobre la cual me gustaría hablar. 

Como argentino recuerdo el ataque a la mutual judía de la Argentina, en el cual voló un edificio entero en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires y murieron 85 personas. Y si bien todos los argentinos de buena voluntad, y mucha gente del exterior, se sintieron entonces profundamente conmovidos e indignados, no dejaba de ser a los ojos de muchos un problema entre el extremismo islámico y los judíos. Casi dos décadas después, y omito muchos atentados ocurridos en el ínterin en diversos lugares del mundo, ocurrió el ataque a las torres gemelas. Pero, otra vez, si bien el repudio al atentado y la indignación fueron generales, no dejaba de ser a los ojos de buena parte del mundo un problema entre el Oriente Medio y el imperio norteamericano. Visto así,  en un caso los terroristas habían atacado a los judíos y en el otro a los imperialistas. Y esa lectura permitió que mucha gente, aún sin dejar de lamentar sinceramente lo sucedido, se mantuviera más o menos al margen de la tragedia. Eran cosas penosas, por cierto, pero les sucedían a otros.  

Ahora, después de lo de Francia, ¿qué vamos a decir? Yo propongo una lectura. Me pregunto ¿cuál es el emblema agredido en este caso?  

En lo personal no me convence lo que leído por ahí acerca de que Francia fue atacada por ser el símbolo de la democracia moderna. Pues esa manera de pensar, a fuerza de elevar el caso a su máxima expresión simbólica termina por desdibujar los hechos. Para mí hay algo que es igualmente emblemático pero más cercano a lo realmente sucedido: la violencia terrorista atacó a gente común y corriente que disfrutaba de las características distracciones en una sociedad moderna, como la música, el fútbol, las comidas fuera de casa y la reunión en el café. 

El emblema odiado, entonces, no es tanto la democracia, no al menos entendida como puro concepto, sino la gente; gente como nosotros. El terrorismo islámico odia a nuestra gente. Odia a quienes viven en los cientos de ciudades modernas y secularizadas que desde Santiago de Chile hasta Tokyo albergan a gente igual a la que murió en París el viernes pasado. 

Si nos preguntamos por las causas profundas del fenómeno y tratamos de responderlas con rapidez caeremos sin duda en alguna clase de generalización abusiva. Pues se trata de una cuestión compleja que requiere estudio, reflexión y un diálogo abierto desde distintas perspectivas. Hecha esa reserva,  quiero compartir con Uds. algunas nociones provisionales y sujetas a mayor profundización...

En principio me parece que hay que atreverse a poner en duda ciertos clisés que impiden pensar adecuadamente el tema: 

1. No me parece cierto que los terroristas sean víctimas de alguna injusticia social que los induzca al odio y la violencia. Pues, sin negar que las injusticias existan, la respuesta del extremista trasciende los factores psicológicos y ambientales y deviene una cuestión de principios. En el terrorismo se pone en juego un sistema de valores, una ideología y un programa de acción. Eso no es lo mismo que sucede con un joven marginado y sin esperanza que consume droga o que delinque para ser parte de una pandilla y darle "sentido" a su vida. Los pandilleros y los drogadictos no leen el santo Corán ni tienen ideas definidas acerca de cómo debe ser el mundo y cómo lograr que lo sea.

2. No me parece cierto que el mundo islámico no tenga nada que ver con el terrorismo. Y pienso que mientras los musulmanes pacíficos sigan filmando videos con el slogan "this is not my Islam", y limitándose a tomar distancia del extremismo, la semilla del mal va a seguir viva. 

Con esto no estoy diciendo que el problema sea el Islam en sí mismo. El Islam es vasto y profundo, y yo estoy muy lejos de subestimarlo o condenarlo. Pero lo que sí afirmo es que existe una extendida interpretación del Islam que es responsable indirecta del fenómeno que comentamos.  Y mientras no haya una seria e igualmente extendida autocrítica en el mundo islámico, el caldo de cultivo del terrorismo va a seguir siendo fértil. 

Pues es cierto que hay intelectuales reformistas importantes como Mohamed Talbi en Tunez, Soroush en Irán,  y otros semejantes. Y es cierto que el Islam también es Rumi e Ibn Arabí y todo lo que deriva de ellos. Y es cierto que el santo Corán es susceptible de lecturas múltiples y de sentido ascendente hasta llegar a la máxima altura metafísica. Pero si bien todo eso es cierto, lamentablemente a nivel de las estructuras de poder y educativas de varios países musulmanes se cultiva y se transmite una interpretación de la religión que demoniza la secularización, la modernidad y el Occidente. Y eso es real y comprobable independientemente de que algunos, como los cínicos de la casa Saudi, mantengan relaciones cordiales con todo el mundo a fin de proteger sus negocios. 

3. No me parece que la cuestión se reduzca a causas geopolíticas, aunque de hecho las hay. En general quienes argumentan así tienden, ya sea consciente o inadvertidamente, a culpar al Occidente por los conflictos con el mundo islámico. Circula y se ha instalado en la mente de muchos, especialmente en los países periféricos y entre los intelectuales "progre" de los países centrales, un estereotipo argumentativo según el cual todo lo que sucede al respecto es orquestado por algunos poderosos, EEUU a la cabeza, que quieren asegurarse el abastecimiento de petróleo a precios convenientes. Por supuesto las luchas por el control del petróleo y el territorio existen, pero ese tipo de explicación no alcanza para dar cuenta de un fenómeno como el terrorismo islámico.

Por supuesto habría mucho más que decir sobre este tema. Pero aquí sólo quise proponer una crítica de mínima que facilite el trabajo de pensarlo más seriamente. Pues si seguimos atados a clisés que tocan la sensibilidad sin pasar por la cabeza, tenemos pocas posibilidades de avanzar. Y si en este tema no avanzamos culturalmente, terminará por ser un problema exclusivamente militar...

Por último, y por si alguien cree que al hablar me mueve alguna clase de islamofobia, quiero citar las palabras de alguien a quien admiro y que, a mi juicio, representa lo más noble y elevado del Islam:   

Yo soy la Verdad, soy la creatura; soy el Señor, soy el servidor

Soy el Trono y soy la estera bajo los pies; soy el infierno y la eternidad bienaventurada

Soy el agua, el fuego, el aire y la tierra

Soy el cuándo y el cómo; soy la presencia y la ausencia

Soy la esencia y el atributo; soy la proximidad y la lejanía

Todo ser es mi ser; soy el Solo, soy el Único* 

Es un poema del Emir Abd al Qadir al Yaza’ri, conocido a veces como Abdelkader, quien combatió a los franceses pero por razones legítimas. Pues no hizo sino resistir en sus propias tierras  la invasión militar colonialista de aquellos. Y luego, sin rencor, supo negociar y hasta hacer buenos amigos en Francia. El poema transmite la característica visión, elevada a integradora,  del llamado sufismo. Es decir del corazón del Islam, del verdadero Islam.   

*) Traduje de la versión francesa de Michel Chodkiewicz (en Ecrits spiritueles, Abdelkader).    

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA INFANCIA DE LAS PALABRAS (Poesía, memoria y olvido)

                                                                                                                  MIGUEL FLORIÁN
Los Arqueólogos, de G. Chirico
Memoria y conciencia
El hombre es un animal que recuerda en exceso aseguró Nietzsche -¡él que hiciera suya la desmesura del eterno retorno de lo idéntico…! La memoria, de agigantarse, nos detiene en el pasado, disipándose el presente hasta reducirse a un simulacro de lo vivido. La hipertrofia del recuerdo conduce al entumeci­miento, a una quietud que aproxima el alma a la rigidez de la piedra. La evocación fiel y precisa amenaza el libre desenvolvimiento del devenir. Pero si ese exceso de memoria resulta nocivo lo es asimismo su defecto, porque el ser humano se constituye de olvido, y de recuerdo.

La capacidad de retener información no sólo es humana: cuanto existe, existe porque recuerda. El astro que, monótono, se sostiene en su órbita, las partículas imperceptibles que armoniosamente se ordenan en el cristal; todo parece someterse a un principio estructurador que se asienta en la repetición. El zigoto porta ya, ínsito, toda la información oportuna para el desarrollo espacioso de unas estructuras innatas que, al desplegarse, conformarán el animal adulto. La mor­fogénesis humana se somete a un proceso semejante. Es sorpren­dente -y terrible- darse cuenta de cómo en la naturaleza se dispersan principios organizativos, principios germinales (los spermata de Anaxágoras, los eîdos platónicos) que, a modo de moldes intangibles confieren orden y forma a la materia amorfa.