martes, 15 de mayo de 2018

MUERTE DE MEMBRILLO


Flores de Membrillo. Loma de Úbeda.
El pobre León Leonardo, conocido piloto Sirio recordado por  Cunqueiro, quedó paralítico de un naufragio sucedido en la mar salada cuando salía a la arábiga, a la pesca de tortugas para vender a la corte bizantina, donde se las pintaba y eran famosas en piscinas decoradas con mosaicos de teselas.

Se enamoró por la risa que oyó tras una puerta. Aquella melodía le llegó a la entraña. Era la voz bien timbrada de una viuda, la cual no dudó en acudir presurosa con la última dosis de aceite a la lámpara mágica de los deseos cuando León la requebró. La mujer estaba por santificar el vínculo, pero Leonardo desistió de casarse al descubrir que era la misma mujer que de chico le amamantara.

Cesó la risa y cayó la noche. Casó León después con una eslava por ver palacios de algas y viñas submarinas en sus ojos verdes. Y engendró en ella a Paloma.

Después pasó lo que pasó en el mar arábigo. Ya inválido, cuidó de él su hija, que estaba muy enferma. Abandonada en amores, la herida de su corazón le ponía los labios azules. Su padre decía que moriría como un membrillo.

- ¿Cómo es eso? -le preguntó Alción de Ítaca a León Leonardo en medio de una de aquellas conversaciones interminables que sostenían en la terraza, mientras su hija vigilaba desde una ventana.

- Pones un membrillo en tu armario y algún día lo abres porque quieres vestirte camisa limpia, y te saluda el dulce olor. Vuelves unas semanas más tarde y el membrillo ha perdido de repente todo su aroma, y entonces dentro del armario se conserva la memoria del membrillo en los pañuelos, los pantalones, las camisas, los calzoncillos...

La hija de León murió antes que el padre, como paloma que no supo o no pudo volar. Y remata Cunqueiro que es porque está hecho para sufrir el cuerpo, que es mucho más débil que el espíritu. Eso o algo así imagino, pues también yo hablo de memoria.

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