lunes, 17 de enero de 2022

De personas y cosas




En 2016 se celebró en Nueva York una exposición de arte invisible. Su numeroso público miraba las paredes como si no estuvieran vacías; alguno las contemplaba con gesto de aprobación, con los brazos cruzados y apoyando el mentón en una mano. La artista, Lana Newstrom, declaró a la prensa que el hecho de no poder ver nada en ella no significaba que no hubiese dedicado horas de trabajo a la creación de las piezas invisibles o que la obra no existiera, pues existía en su imaginación. Recientemente hemos conocido las esculturas inmateriales de Salvatore Garau (dice que ya ha hecho nueve, pero como si dice que son noventa), que asegura que basta con que él, el artista, señale un espacio vacío y nos asegure que ahí, aunque nada veamos, hay una escultura.

Dijo Kant: “Cien táleros reales no contienen más que cien táleros posibles. [Sin embargo] yo soy más rico con cien táleros reales que con un simple concepto”. Salvatore Garau es más rico con los 18.000 dólares reales que le pagaron por una escultura que se reduce a concepto (¿cómo no se le ocurrió al comprador pagar con dólares conceptuales?). El arte invisible o inmaterial (el límite radical del arte conceptual) es como el traje invisible que confeccionan Guido y Luigi Farabutto para el Emperador en el cuento de Andersen. No hay arte si no se manipula la materia. Sin agujas, tejidos, hilos y manos que sepan coser, no hay traje que tape las vergüenzas del emperador.




Una obra de arte no lo es porque la produzca el artista; al contrario, el artista sólo es artista cuando produce una obra de arte. Las esculturas inmateriales de Salvatore Garau o las pinturas invisibles de Lana Newstrom no son obras de arte porque ellos sean artistas; Lana y Salvatore dejan de ser artistas cuando crean arte invisible (creado ex-nihilo, como crearía Dios) y ponen todo su arte en explicarnos con detalle en qué consiste. Goethe dijo a un escultor: “Escultor, trabaja y no hables”. Yo digo: “Si sólo hablas y no esculpes, no eres escultor”. Para que una escultura o una pintura produzcan significado es necesario manipular una realidad material que tiene unas cualidades propias. Para comprender el sentido de una obra de arte es necesario percibir esas cualidades, la realidad sensible que la fundamenta. De una escultura inmaterial podemos percibir sensiblemente lo que su autor nos cuenta de ella: palabras habladas (oídas) o escritas (vistas). Pero entonces no es la escultura inmaterial la obra de arte, sino lo que de ella nos dice su autor; su significado no se encuentra en ella, sino en las palabras que aluden a ella. La obra de arte invisible consiste, pues, en las palabras que necesariamente la acompañan; sólo percibimos su título (“Afrodita llora” o “Yo soy” son dos de los nombres con que Garau titula sus ¿nueve o noventa? obras) y lo que su autor nos explica de ella. En definitiva, son las palabras las que nos permiten diferenciar una pieza de otra, una invisibilidad de otra. Nuestra sensibilidad, que es física, material, corpórea, debe ser impresionada por algo físico, material, corpóreo.




Todos los artefactos que existen son obra de la razón humana que opera sobre la materia sensible, ya sean científicos, artísticos o técnicos (ya sea un teorema, un poema o una hoguera). La filosofía ha solido desvincular la razón delcuerpo y la sensibilidad, determinando una racionalidad meramente conceptual. Pero la razón humana -sostiene el filósofo español Xavier Zubiri- está fundada en algo más modesto pero más decisivo: la percepción sensible de las cosas como siendo “de suyo”, como teniendo en propiedad las cualidades que percibimos en ellas. El ser de una aguja reside en coser, pinchar, etc. Esto es innegable, dice Zubiri, pero no es lo primero y radical, porque si puedo coser o pinchar con ella es porque tiene cierto tamaño, forma y composición: no puedo coser con una canica. El coser de la aguja es su “para mí”, pero la realidad de la aguja no consiste en coser, sino en tener “de suyo” tales o cuales propiedades que me permiten coser con ella (propiedades que no dependen de que yo utilice la aguja). Las cosas siempre son para mí instrumento, pero sólo porque lo que es “de suyo” me permite utilizarlas como tal. Esto quiere decir que las cosas son reales antes de ser percibidas por mí, y sólo por ello puedo percibirlas como reales, y sólo porque las percibo en forma de realidad puedo significarlas y añadirles propiedades, es decir, puedo crearlas, darles un sentido que de suyo no tienen. Las cosas, pues, tienen para nosotros dos dimensiones inseparables: tienen realidad y tienen sentido, son “de suyo” y son “para mí”. Y el ser para mí implica siempre libre creación, pero libertad relativa, condicionada: de la misma manera que la naturaleza no puede hacer surgir la vida de un átomo de carbono, el ser humano no puede fabricar una aguja de agua. Ocurre, además, que la tradición cultural en la que cría al individuo también pone límites. El contexto histórico cierra posibilidades que virtualmente están abiertas: el artista que talló la Venus de Willendorf tenía capacidades físicas y mentales para esculpir la Venus de Milo, pero no contaba con las posibilidades históricas para hacerlo efectivamente.




¿Y qué tiene todo esto que ver -se preguntará quien haya llegado hasta aquí- con esta exposición? Mucho –respondo-, en tanto que me sirve para ilustrar las virtudes que sobresalen en el proyecto Entretela de Isabel Cabello: la armonía entre concepto y realidad material; la coherencia y potencia plástica con la que ha sabido plasmar un ámbito de realidad concreto; y el valor, la pasión y la capacidad de trabajo necesarios para embarcarse en un proyecto de esta envergadura. Es la configuración final de la materia la que tiene que aprobar o reprobar la obra proyectada por la mente del artista, y buena parte de las obras conceptuales no dejan de ser proyectos cuya materialización expresa mucho menos que su explicación (algunos no expresan nada sin ella). En Entretela hay una presencia rotunda de la materia que el arte invisible niega. Es notable en cada pieza una preocupación formal y una manipulación cuidadosa de los materiales que están a mil leguas del propósito de adornar visualmente matracas teóricas, reflexiones supuestamente trascendentales, o simples provocaciones no demasiado ingeniosas (me ha venido a la cabeza el plátano pegado a la pared con cinta adhesiva de Mauriccio Cattelan… Dicho esto, el arte conceptual también nos ofrece imágenes sugerentes y metáforas sorprendentes de hondo significado). Los cuadros de Isabel Cabello no necesitan textos explicativos que expresen más que los cuadros mismos. Pero tampoco son puro formalismo. Precisamente la segunda gran virtud de esta obra radica en la adecuación entre lo expresado y la forma de expresarlo, en la coherencia y potencia plástica con que Isabel Cabello ha sabido plasmar un ámbito de realidad concreto.

En cuanto a la forma, no sería un despropósito etiquetar estas piezas bajo el rótulo ready-made (obras compuestas por objetos sacados de su contexto original). Pero es insalvable el abismo que se abre entre el origen (un urinario, un taburete, una rueda de bicicleta) y el destino de La Fuente o Rueda de bicicleta de Duchamps. En Entretela, al contrario, los objetos (telas, prendas, piezas de crochet, bordados y encajes, algunos originales de los años cincuenta) consiguen evocar con fuerza su ámbito de origen. Hay algo mucho más difícil que reproducir objetos o figuras: plasmar ámbitos de realidad, encarnar un mundo y que los demás puedan verlo. Una obra de arte es más valiosa cuanta más capacidad posee de remitirnos a las realidades más valiosas de nuestra vida. Entretela encarna un ámbito de realidad: la vida de las mujeres en el mundo rural andaluz vista por los ojos de una niña. Rilke decía que la verdadera patria del hombre es la infancia, y se puede decir que al adulto siempre le aflige la nostalgia de esa patria de la que fue expulsado y a la que nunca volverá. En este caso, nostalgia doble: por la infancia perdida y por ese mundo de Entretela que se estaba yendo cuando éramos niños y ya se ha ido para siempre.




Isabel Cabello podría haber representado convencionalmente esa realidad pretérita. Podría haber pintado a las mujeres de su familia cosiendo, lavando, cocinando… en definitiva, realizando esas operaciones en gerundio. Pero ha preferido -y ha hecho bien, puesto que en ello radica la singularidad y el valor de su obra- evocar esas operaciones realizadas en el pasado a través de objetos que portan su huella profunda. Son las cosas las que manifiestan la presencia de las personas ausentes. En lugar de retratar a su abuela cosiendo, ha recogido y recosido lo que su abuela cosía, y con ello ha realzado la presencia de su abuela. Así, el ámbito de realidad que plasma la obra queda íntimamente ligado a los materiales que la componen. Ocurre lo mismo con los colores: el blanco (de las paredes encaladas, de las sábanas tendidas al sol), el negro y los grises (el luto), los rojos que contrastan... Un mundo sobrio materializado con sobriedad. 

Una actitud característica de muchos artistas contemporáneos es el adanismo, la manía de creer que con ellos empieza lo bueno, que el pasado es un lastre del que desembarazarse. La originalidad y la provocación se convierten entonces en los motores de la creatividad. Es cierto que el arte contemporáneo debe ser original, y que siempre va a escandalizar a los reaccionarios, pero originalidad y provocación deben ser efectos colaterales del arte, no su finalidad. Hay que buscar la originalidad, claro, pero no a costa de romper con un pasado que -nos guste o no- sostiene el presente, no a costa de sacrificar lo que de valioso hay en él.

 


Distinguía Ortega y Gasset entre ideas y creencias: las primeras se tienen, en las segundas se está. Las creencias son las ideas arraigadas, el suelo fértil donde depositar la semilla de las ideas nuevas. Extrapolando estos conceptos al mundo del arte, mejor que arrasar con el pasado sería que el artista acoplara su inteligencia y sensibilidad a los repertorios estéticos que hereda (el conjunto de formas, materiales y haceres coherentes entre sí y relativamente estables que le permiten expresar su sensibilidad). Las creencias nos impulsan a repetir y recrear lo ya conocido; las ideas son las que nos permiten improvisar, inventar, experimentar. El equilibrio entre ambas es fundamental, pues algo que resultara totalmente novedoso acabaría siendo absolutamente incomprensible (pero como no hay nada totalmente novedoso no hay nada absolutamente incomprensible). Si introducimos ideas nuevas sin tener en cuenta las creencias en las que deben arraigar, hay una alta probabilidad de que no funcionen (las esculturas inmateriales parecen funcionarle muy bien a su autor, pero dudo mucho que les funcionen a sus espectadores). Y si no introducimos ideas nuevas (por miedo a romper la estabilidad de las creencias) no avanzamos, nos quedamos -como en el Antiguo Egipto- haciendo siempre lo mismo.



Antes de ver los cuadros, había leído el texto de presentación de Entretela. Luego, al verlos, me llamó la atención una frase: “[Este proyecto es] un camino sin filtros, donde la desnudez de los sentimientos…”. El impulso inicial que activa la voluntad puede ser oscuro, impreciso, fugaz: “sonidos, olores, e imágenes de mi niñez”. Pero la obra se resuelve haciéndola, manipulando una materia que impone siempre sus condiciones, hasta conseguir -filtrando mucho, trabajando mucho, con pasión y atrevimiento- el resultado buscado. La creación de una obra requiere y carga sobre ella la experiencia de toda una vida, el trabajo de toda una vida. Pero de esto el autor no es consciente… es algo que anda por ahí, y cuando es preciso sale (o no). Ahora bien, del trabajo empleado en el momento preciso de creación sí que es consciente el artista. Entretela no es efectista, no es fácil, no es fullera; los elementos que la integran tienen su porqué, su posición dentro de una estructura, tanto plástica como narrativamente. Hay mucho trabajo, del de verdad, no del trabajo invisible que ha ocupado taaaaantas horas a Lana Newstrom y Salvatore Garau. Y por eso el resultado obtenido es bien visible. Espero y deseo que la recompensa sea digna del resultado, porque lo merece.



José Javier Villalba Alameda

sábado, 4 de diciembre de 2021

VÍCTIMAS Y OBSERVADORES

 

De Maite Garaigordobil, Bullying y Ciberbullying (2018). Es mi contribución en Internet a toda persona víctima de cualquier tipo de acoso, escolar, laboral, psicológico… El acoso es por desgracia un fenómeno tan corriente en nuestra sociedad que ni lo vemos. Aceptamos que es normal que quien está al mando abuse del que está por debajo. Así lo vivimos, lo toleramos, es el orden de las cosas. “No te metas”. "Salva tu pellejo y deja hacer". Sinónimos e indicadores de que a pesar de los formalismos legales como una constitución votada por la población, elecciones cada cierto tiempo… vivimos en una sociedad autoritaria, que premia esos comportamientos, y que no hay visos de que esto cambie, más allá de trabajosacadémicos interesantes al respecto cuyos resultados en nuestro país están lejos de ser llevados a la práctica.

domingo, 10 de octubre de 2021

ALMA Y CARÁCTER

 En 1923 fue publicada la magna obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente,  en español constituyen 2 volúmenes de la colección Austral de más de 700 páginas cada uno. Lo podría haber titulado Historia del alma o mejor historia de las almas, pues al menos reconoce 3 tipos de almas en la historia de la humanidad: la apolínea, la mágica y la faústica. A cada cual le corresponde un tipo de arte, de matemática y de física.

FLUVIOTERAPIA

Río Borosa, Sierra de Cazorla, 20, sept. 2008.


“Toda la imaginería que no ha brotado del río,
barata bisutería”.
A. Machado

Tuve oportunidad de viajar a Francia adolescente por intercambio familiar de estudiantes, en el tren Puerta del Sol, que cambiaba la distancia entre sus ruedas en la frontera pirenaica. Atravesé la meseta en verano, seca, inhospitalaria, y me sorprendió el verde acogedor de “La douce France”, pero sobre todo el amplio caudal de sus ríos. Allí no escaseaba, como entre nosotros, el líquido elemento, el agua germinal. No me cansaba de contemplar aquellas riberas, hembras feraces. Por eso es verosímil la leyenda de que el doctor Laurentius recetaba la contemplación de determinados tramos de ríos contra la melancolía, que era el mal psíquico de su época; como de la nuestra, el estrés.

sábado, 25 de septiembre de 2021

ADICCIÓN A LA EMOCIÓN

La evolución de la tecnología digital no estaba escrita. Los nuevos imperios de la red han construido un modelo de servidumbre digital voluntaria, por decirlo adaptando las famosas palabras de La Boétie. Y en el anuncio desde el  Foro de Davos o Foro Económico Mundial de la instalación definitiva de la cuarta revolución industrial puede haber un determinismo tecnológico o no, es más clara  la mutación del capitalismo. Aprovechándose de la economía de la atención y de la credulidad y confianza humana en la autoridad.

El capitalismo digital intenta aumentar la productividad del tiempo para obtener un mayor beneficio. El tiempo se comprime y la aceleración ha sustituido en nuestra vida cotidiana la satisfacción por una obra bien hecha por la adicción. Esta nueva economía de la emoción utiliza los algoritmos.

viernes, 24 de septiembre de 2021

NUESTRA CARA ES LEGIBLE

 En la actual situación enmascarada por mor de razones higiénico sanitarias que merecerían discusión de expertos más que imposición, hemos perdido en parte el modo de transmitir y recibir las emociones de nuestros semejantes. Cuando se dice "la cara es el espejo del alma" no es solo una frase hecha, obvia y sin gracia. Silvan Tomkins y Paul Elman, profesor y discípulo, son los minuciosos investigadores del rostro humano, de sus mínimos gestos que han dado fundamento científico al trillado dicho.


La cara es una fuente de información acerca de las emociones de una riqueza inigualable. A través de ella podemos leer el pensamiento,  la información que hay en nuestra rostro no es solo una señal de lo que pasa en el interior de nuestra mente, podemos casi decir que es lo que pasa en el interior de nuestra mente.


Tomkins nació en Filadelfia, era hijo de rusos y enseñó psicología en Princeton, autor de "Afecto, imágeenes, conciencia" densa obra en 4 volúmenes de no fácil lectura. Gran conversador y conferenciante, era capaz de embelesar a las masas con cualquier tema, ya fuera una serie de televisión, los tebeos, las dietas o Kant.

En los años de la Gran Depresión (1929 en adelante) trabajó en una organización dedicada a las carreras de caballos. Pasaba horas en el hipódromo observando con prismáticos. Era capaz de predecir lo que haría un caballo en función de su relación emocinal con él.

Tomkins creía que las caras, también las de los caballos, ofrecen claves inestimables de las emociones y motivaciones interiores. Podía entrar en una oficina de correos y sólo con mirar las fotografías de los prófugos de la ley deducir qué delitos habían cometido. En un programa de televisión llamado To tell the truth era capaz de saber qué pensonas mentían. Durante la convencion nacional demócrata de 1988 asombró a una colega leyendo las caras de los candidatos que subían al estrado y emitía sus predicciones sobre lo que iba a suceder.

Facial Coding ó Codificación Facial: qué es, cómo funciona y sus usos.

Ekman fue un aventajado alumno de Tomkins que ya en los años 60 del pasado siglo se preguntaba ¿Las expresiones faciales de los seres humanos se rigen por una serie de rasgos comunes? La mayoría de los psicólogos opinaba que no. En aquellos años se tenía como establecido que las expresiones estaban determinadas por la cultura, usamos la cara según convenciones sociales aprendidas. 

Paul Ekman.jpgPaul Ekman (1934) estudioso de las emociones y su expresión

Ekman no sabía a qué carta quedarse y viajó por el mundo con fotografías de caras con expresiones características. En Japón, Brasil, Argentina...la gente coincidía con el significado de las expresiones.

El siguiente evento determinante de esta historia consistió en el visionado de 3000 metros de película realizada en Papúa Nueva Guinea, algunas secuencias eran de la tribu pacífica y amable de los fore. El resto eran de los kukukuku, tribu hostil en la que se estilaba un ritual homosexual de los niños preadolescentes con los patriarcas. Ekman pasó meses ordenando el material y cortando las escenas superfluas para comparar las expresiones faciales de ambos grupos.

SISTEMA DE... - Congreso de la Expresión Facial de la emoción | Facebook

Tomkins que no sabía nada de esto fue capaz de interpretar las caras de los fore "estas son gentes dulces, pacíficas, indulgentes" y de los otros "este grupo es violento y hay indicios que indican homosexualidad." Mientras pasaban la película a cámara lenta Tomkins iba señalando los pliegues en los que se había fijado para interpretar las emociones. Ekman se dió cuenta entonces de que si Tomkins podía descomponer la cara en sus partes e interpretar también los demás podrían hacerlo.

Así fue como decidieron elaborar una taxonomía de las expresiones faciales. Repasaron los músculos del rostro que describe la anantomía e identificaron cada uno de los movimientos musculares específicos que podía hacer una cara. Eran 43, los denominaron unidades de acción.

Se pasaron días sentados frente a frente, manipulando cada unidad de acción, ubicando el músculo mentalmente y concentrándose en aislar unas de otras, sin perder detalle de lo que el otro hacía, comprobando los movimientos en un espejo, tomando notas de cómo cambiaba el patrón de las arrugas con cada movimiento muscular, grabando en vídeo. Si no podían hacer un movimiento concreto, un cirujano de la universidad de San Francisco se ofrecía a estimular con aguja y electricidad dicho músculo.

Percepción | La codificación facial

Dominadas las unidades de acción, se pasaron 7 años combinando y superponiendo movimientos. Llegaron a la conclusión de que hay 300 combinaciones de 2 músculos, si se añade un tercero son más de 400. Ellos consideraron hasta 5 músculos de los que salen más de 10.000 configuraciones visibles. La mayoría no tienen significado. Son muecas. Al trabajar con cada una de las combinaciones averigüaron que más de 3000 podrían significar.

En una entrevista para el libro Inteligencia intuitiva de M. Gladwell se sentó en su despacho frente al entrevistador y habló de esta guisa:

"La unidad de acción número 4 puede hacerla todo el mundo" bajó el ceño valiéndose del músculo depresor del entrecejo y el superciliar. "La número 9 casi todo el mundo", arrugó la nariz mediante el elevador común del ala de la nariz y del labio superior. "Cualquiera puede hacer la 5", contrajo el elevador del párpado superior, levantándolo.

El investigador trataba de imitarle "hace ud muy bien la 5, cuano más hundidos se tienen los ojos más difícil es hacerla. Y luego está la 7", entrecerró los ojos. "La 12" sonrió activando el cigomático mayor. Disparó hacia arriba la parte interna de las cejas: "es la unidad número 1, aflicción, angustia". Elevando la porción lateral del frontal, elevó la mitad exterior de las cejas: "es la 2, es difícil pero no forma parte de nada, salvo del teatro Kabuki. Una de mis favoritas es la 23, consiste en apretar los labios, una muestra de ira que no falla, es muy difícil hacerla involuntariamente".

Después Ekman comenzó a superponer unidades de acción a fin de componer las expresiones faciales más complicadas que son las que reconocemos en general como emociones.

La expresión de felicidad es básicamente la suma de las unidades de acción 6 y 12: contracción de los músculos que levantan el carrillo (el orbicular de los ojos y la porción orbitaria del nervio óptico) en combinación con el cigomático mayor que sube las comisuras de los labios. 

La expresión de miedo se forma con las unidades de acción 1, 2 y 4, también la 5, la 20 pueden formar parte, así como la25, 26 y 27. El músculo que levanta la parte interna de la frente más el que levanta la parte externa, más el que hace que baje la ceja, más el que sube la parte superior del párpado, más el que estira los labios, más el que suelta la mandíbula.

Ekman y Friesen organizaron todas estas combinaciones, así como las reglas para leerlas e interpretarlas en el Sistema de Codificación de las Acciones Faciales (FACS). En esta obra de 500 páginas se dan detalles de lo que se puede hacer con los labios (alargarlos, acortarlos, estrecharlos, ensancharlos, aplanarlos, abultarlos, apretarlos y estirarlos), los 4 cambios de la piel que hay entre los ojos y las mejillas (protuberancias, ojeras, bolsas y arrugas).

Los principios del FACS se han usado para analizar los estados emocionales de las parejas que piden ayuda, o para otras invesgitaciones desde la esquizofrenia a las cardiopatías. También las han usado los animadores de Pixar en Toy Story y Dream Works en la película Shrek.

Dominar por completo el FACS lleva mucho tiempo y esfuerzo y solo unos cientos de personas en el mundo tienen certificación para usarlo en investigación. Quienes la obtienen adquieren un nivel descomunal en la percepción de los mensajes que nos enviamos mutuamente con los aparentemente imperceptibles cambios en los músculos de nuestro rostro.

Sistema de Codificación Facial - Wikipedia, la enciclopedia libre

Famoso es el análisis de que hizo Ekman cuando Bill Clinton se presentó a las primarias en 1992: "Le vi una expresión que es una de mis favoritas, es una mirada que parece decir: Mamá aquí me tienes con las manos en el tarro de mermelada, quiéreme porque soy un pillo. Se trata de las unidades de acción 12, 15, 17 y 22 con la mirada hacia arriba. Clinton había contraido el cigomático mayor, la unidad 12, formando una sonrisa clásica, y a continuación había bajado la comisura de los labios con el triangular de los labios, la número 15, había doblado el mentoniano, la número 17, que eleva la barbilla, luego había apretado ligeramente los labios para formar la 24 y por último había elevado la mirada".



sábado, 4 de septiembre de 2021

THEILARD E INTERNET

 He sacado este texto de Bruno Patino, "La civilización de la memoria de pez" (2020). 9 segundos es el tiempo que dedicamos antes de decidir si un vídeo en internet nos interesa o mejor pasar a otra cosa. A partir de los 9 segundos el cerebro desengancha. Necesita otro estímulo, una nueva alerta, otra recomendación.

La civilización de la memoria de pez - Alianza Editorial

Y esos 9 segundos son el reto para el gigante Google ¿cómo hacer para seguir captando las miradas de una generación "distraída de la distracción por la distracción"?