domingo, 23 de agosto de 2015

Del cine y otros demonios: "Espérame en el cielo", de Antonio Mercero

Recientemente, Televisión Española repuso el título de Antonio Mercero Espérame en el cielo (1988), dentro del logrado ciclo de revisión de la historia de nuestro cine. La estimable cinta, dirigida por el realizador de la saga La gran familia, así como posteriormente de la serie de televisión Farmacia de guardia, dibujaba en las postrimerías de los ochenta una melancólica (que no nostálgica) visión de la España franquista, desde finales de la posguerra civil hasta la muerte de Franco (¿?), teniendo como fondo la incomparable canción de Antonio Machín que le daba título. En su argumento, Paulino (José Soriano), tendero de una ortopedia madrileña, es raptado y transformado en el doble del dictador para sustituirlo en menesteres peligrosos y todo tipo de intervenciones públicas; atrás queda una desconcertada viuda, Emilia (la entrañable Chus Lampreave), que intenta contactar con su supuestamente difunto marido mediante inocentes sesiones de espiritismo. El guion aparece firmado por el propio Antonio Mercero, Horacio Valcárcel, y el más conocido hoy como crítico de cine Román Gubern; una feliz confluencia de talentos y perspectivas que permite esperar alguna que otra joya barroca engastada en su libreto.

Cartel de la película

lunes, 17 de agosto de 2015

CULTURAS Y CIVILIZACIÓN



“NUESTRA ALMA SE EXPANDE A MEDIDA QUE SE LLENA”
                                                           Montaigne


“El miedo a los bárbaros” de Todorov ha resultado lectura veraniega "superprovechosa" . Pensamos que los bárbaros son los inmigrantes que se amontonan en la isla de Cos o en el Canal de la Mancha para entrar en Inglaterra.

lunes, 3 de agosto de 2015

A modo de desagravio: riqueza de la filosofía en Japón

Aunque cada tanto paso por aquí para leerlos, hacía tiempo -más de un año- que no escribía un post. Sigo viviendo en Osaka, una ciudad que, a pesar de sus reducidas dimensiones y la superpoblación, está tan armónicamente distribuida que no se siente el agobio típico de una gran ciudad. El idioma es  mi principal dificultad, aunque lentamente hago progresos. Por cierto se trata de una lengua tan distinta a nuestros idiomas latinos, incluso a toda la familia indo aria, que no tienes punto de apoyo posible en casi ningún aspecto. A lo cual hay que agregarle la escritura, que está considerada una de las más complejas del mundo, sino la más, y es un fiel reflejo del espíritu japonés: su notable propensión y aptitud para asimilar lo ajeno y transformarlo imprimiéndole características netamente japonesas.

Pues bien, dentro de ese espíritu japonés de asimilación y transformación hay que incluir también su filosofía. En mi último post, no sin arrogancia pero sobre todo por ignorancia, una ignorancia compartida por muchos (consuelo de tontos…), dije que a los japoneses el filosofar "no les sale del todo bien". Al decir eso no sólo me faltaba información sino que sin darme cuenta me hice cargo del prejuicio -elevado por Heidegger a la categoría de un dogma- de que la filosofía es occidental, y más propiamente europea. Así que en este post quiero hacer una suerte de desagravio a los pensadores japoneses, que por cierto merecen ser leídos y ocupar su lugar dentro del concierto universal del filosofar. De todos modos seré muy breve y general porque el tema da para mucho. 

No hay filosofía en Japón si por filosofía se entiende, como sucede muchas veces, la historia de la filosofía. Pero si llamamos filosofía al quehacer filosófico como tal, debemos decir que los japoneses se han sumado al mismo desde comienzos del siglo XX y han perseverado en ello hasta hoy. Y tal como corresponde al espíritu que mencionaba arriba, han hecho de ese quehacer algo propio. Es decir algo que refleja su propio modo de experimentar y comprender la vida. Hablando muy rápido puede decirse que la filosofía japonesa es la filosofía europea reabsorbida en un suelo budista.

Así, muchas de las categorías conceptuales y grandes tópicos del filosofar europeo se reinterpretan de modo peculiar bajo la luz de nociones budistas como vacío (ku), lugar (basho), etc. Y además permeando toda la reflexión se encuentra siempre una intuición de la totalidad. Un japonés no puede concebir, al menos no como lo hace el occidental, un sujeto subsistente del cual se predican cosas, ni un comienzo y final absolutos, ni muchas otras ideas que los occidentales heredan de Europa, y que ésta a su vez hereda del extraño maridaje entre las culturas griega y semítica. Para el japonés el sujeto y sus predicados son intercambiables, y el comienzo y el final también. Pues la totalidad, el único sujeto real de toda predicación, está siempre presente en las partes. No es casual que los filósofos japoneses muestren cierta predilección por Hegel o por Bergson, salvando las distancias entre ellos, pues son pensadores en los cuales la conciencia de la totalidad está más presente que en otros.

Por otro lado, el pensar japonés no se disocia nunca de la intuición. No hay nada parecido al racionalismo puro y duro de algunos occidentales, pues, por herencia budista, para ellos la especulación nunca descansa enteramente en sí misma: camina siempre sobre un evasivo suelo que la trasciende. Por eso no es casual tampoco que valoren especialmente a figuras como Nicolás de Cusa o Schelling, otra vez salvando las distancias, pues son autores en los cuales la especulación sabe ceder ante la intuición pura, donde el conocimiento como saber cede ante saber del “no saber”, la docta ignorancia.

Para darle un poco de cuerpo a estas generalidades digamos que en el concierto filosófico japonés se destacan: por un lado, la escuela de Kyoto, con su fundador Nishida, y sus más notables exponentes, por ejemplo Nishitani. Por otro lado, un pensador que no se deja encerrar en el molde ninguna escuela, el inmenso Toshihiko Izutsu.

La escuela de Kyoto es expresión de una interiorización y reelaboración japonesa de la filosofía europea.  Y como tal lleva la huella del momento en que se produce la apertura de Japón hacia el mundo filosófico: el siglo XX y el ascenso del nihilismo. En cierto sentido puede decirse que la escuela de Kyoto es la respuesta japonesa al nihilismo europeo. Una respuesta superadora, pues no se queda encerrada en el clisé de la "anti metafísica" ni tampoco pretende volver a ninguna positividad, sino que absorbe el nihilismo contra el fondo del pensamiento budista y lo reinterpreta.

Dicho sea de paso, la palabra japonesa “vacío”  (ku), utilizada en la tradición budista para aludir a la verdadera naturaleza de todos los fenómenos, se refiere en el habla ordinaria al “lugar vacante”. Y en su uso filosófico alude a la posibilidad indeterminada que subyace a todo lo determinado. Por eso su asimilación a la “nada” del nihilismo europeo, es inapropiada. Decir de un lugar vacío que es nada no es lo mismo que decir que es la posibilidad de algo. El "vacío" de la filosofía japonesa es fecundo, y está dotado de una energeia, por lo cual no puede ser asimilado a una mera nada.  

Por otro lado, está el inclasificable, y para mí mucho más interesante que la escuela de Kyoto, aunque esto es muy personal, Toshihiko Izutsu. Un autor sumamente prolífico del cual probablemente no sabríamos nada los occidentales si no fuera porque realizó un interesante trabajo sobre Ibn Arabí, que llegó a ser un "clásico" dentro de los estudios sobre el sabio de Murcia. Hablar de Izutsu me llena de entusiasmo, y por eso corro el riesgo de extralimitarme, así que sólo diré algunas cosas generales, y espero pronto terminar, y publicar en algún lado, un trabajo sobre él que tengo comenzado.

Para decir qué es la obra de Izutsu podemos empezar por decir que no es lo que habitualmente se cree que es: no es la obra de un islamólogo. Pues si bien fue pionero en el estudio del Islam en Japón, y es uno de los autores referentes sobre el tema en el mundo, su trabajo no se reduce de ningún modo al estudio del Islam como "objeto” de estudio. Más bien ese "objeto" fue para él el soporte, uno entre otros, de una reflexión orientada por una búsqueda interior más allá de cualquier temática particular: la íntima aunque paradójica relación entre Trascendencia y Palabra.

No por nada el propio Izutsu llamaba a su actividad "filosofía del lenguaje". Aunque esa denominación debería ser tomada, en su caso, en un sentido muy distinto al que tiene en los estudios seculares del mismo nombre. Más bien, si nos empeñamos en ponerle una etiqueta, habría que llamar a su actividad "metafísica del lenguaje". Y sus estudios sobre el Islam deben ser comprendidos, a mi juicio, dentro de ese horizonte. Una metafísica del lenguaje es una pregunta por la dimensión metafísica del lenguaje, una interrogación sobre la relación entre el Principio último y la palabra.   

Izutsu estudió alrededor de treinta lenguas y se dice que dominaba al menos diez de ellas. A los veintitrés años tradujo a Eliot, pocos años después escribía sobre la historia del Islam y sobre gramática árabe, siendo todavía joven hizo la primera traducción del Corán al japonés, a lo largo de su vida estudió a Ibn Arabí, Mulla Sadra, Hamadani y otros sabios de la gnosis islámica, y escribió sobre ellos. Pero también estudió el taoísmo, el confucianismo, el budismo, el Vedanta, y escribió sobre ellos. Así como sobre literatura rusa, lengua china e indostánica, y muchos otros temas.

Se trataba, por cierto, de una mente que no puede encerrarse en ningún campo de especialización. Pues donde hay una especialización quien comanda es el tema, el campo de estudio.  Mientras que en Izutsu, como en todo metafísico, el tema es sólo el lugar y soporte de una interrogación que apunta más allá de todo tema. Izutsu quería elucidar, y articular en un discurso coherente hasta donde fuera posible,  el misterioso nudo entre lo Absoluto inefable y la Palabra en tanto sin ella no habría cosmos ni sentido.  En esas aguas orillaba este notable autor.

En fin, la contribución de ambos, la escuela de Kyoto e Izutsu, a la cultura filosófica mundial es digna de respeto. Espero que este post,  aunque demasiado general, sirva como reparación de mi "injusticia” con los pensadores japoneses. Y ha sido un gusto para mí, por cierto, volver a compartir con Uds. -José, Ana, Encarna, Luis y los otros- en éste estupendo blog.

Nota posterior: al mes de publicado este post pude terminar el trabajo sobre Izutsu al que hice referencia aquí arriba. Me permito citarlo por si a alguien le interesa: Palabra y Trascendencia en Toshihiko Izutsu

miércoles, 22 de julio de 2015

ROBERT MISRAHI Y LA FELICIDAD







Ana Azanza

I. EL TRABAJO DE LA LIBERTAD

Robert Misrahi filósofo octogenario al que acabo de descubrir por medio de Michel Onfray. En 2006 publica "Le travail de la liberté", balance de un pensamiento que se extiende a lo largo de 50 años. Profesor en la Sorbona, Misrahi quiso desde el comienzo dejar una obra. Misrahi ha encontrado y ejercido la filosofía como realización personal. Pero ademas quiere darle a esa realización una dimensión mayor, que su pensamiento sea un legado para sus lectores. No se trata de aumentar el número de libros en la estantería, se trata de dejar unas lecciones de vida, una ética.

viernes, 10 de julio de 2015

Una fe asequible

Comentarios a reflexiones de un agnóstico insatisfecho que no soporta la inalcanzabilidad de la fe



I. Límites de la ciencia y de su método

No creo que las raíces de la ciencia y de la religión sean antagónicas e irreconciliables. Al menos no para una interpretación no dogmática de religión y ciencia, ni fanática ni cientifista. Tres de los científicos más eminentes que conozco son sacerdotes. Si bien Hawking o Dawkins se oponen a la religión o al deísmo, Fred Hoyle o el mismo Einstein tenían una opinión más matizada.

Ciertamente, la ciencia moderna se caracteriza por su método o, mejor, por el “afán de método”, ese equipamiento o armadura con que se pertrecha el científico que, con el ascetismo de un soldado o de un monje, sale a la caza de realidades o de explicaciones sobre realidades. María Zambrano se percató de que tal método es en realidad una cacería. Y –digo yo- según la presa que busquemos, así el armamento metodológico que emplearemos. Y según el armamento, la presa. La caza puede ser pesca, y si la malla es poco tupida pero fuerte, se cogerán grandes peces, pero los pequeños pasarán desapercibidos…

domingo, 5 de julio de 2015

LA HERENCIA EUROPEA

JAN PATOČKA, UN SÓCRATES DE NUESTRO TIEMPO
 Ana Azanza

Ahora que Europa está en crisis por Grecia, me he encontrado con un libro fundamental, muy iluminador sobre Europa, sobre la filosofía, sobre lo que hay de “salvable”, “exportable” al resto del mundo en nuestro acervo cultural europeo.

Por supuesto nada tiene que ver con la finanza. Si Platón viera cómo hemos construido un mundo en el que la especulación dineraria tiene un peso tan determinante, me parece que se llevaría las manos a la cabeza.

El fundamento de un mundo humano no puede ser la finanza, lo fundamental es el cuidado del alma. Es el mensaje de la filosofía platónica, de la filosofía en su mismo nacimiento. Es lo que debería importarnos a cada uno en particular y por extensión, como a Platón, el cuidado “del alma de la polis”, es decir, la justicia. Nada más lejos de lo que estamos viviendo, por tanto, nada más necesario de ser traído a primer plano.

Patocka 1971.jpg
Patočka (1907-1977)

domingo, 7 de junio de 2015

La libertad de ofender



Se critica a nuestra cultura diciendo que ha perdido todos los “valores”, sin pensar que esta libertad para la crítica es en sí misma un gran valor. Además, es falso en general que una cultura pueda sostenerse careciendo de valores. Otra cosa es cómo se jerarquizan éstos, si es bueno que la gente prefiera tener un coche carísimo a un amigo leal y tiempo que dedicarle; o si es mejor pasar el tiempo viendo como se insultan los famosos en la tele, antes que invertirlo en  jugar con los hijos o en leer un buen libro.

Pasa lo mismo con los derechos humanos, todo el mundo está de acuerdo con ellos hasta que unos entran en conflicto con otros, o mejor, hasta que el ejercicio que hace el otro de su “derecho” nos fastidia.

¿Cuál es el límite de la libertad de expresión? Las leyes europeas lo marcan. Perseguimos, multamos y condenamos a quienes ofenden a homosexuales o minorías étnicas, a quien niega el holocausto o a quien desprecia expresamente a las mujeres… Y no sólo porque la homofobia, la xenofobia o el machismo sean contrarios a las buenas costumbres democráticas, sino porque es falso que un homosexual, un negro o una mujer sean menos dignos por su diferencia de inclinación sexual, su color de piel o la naturaleza de sus gónadas. Y sin embargo, no multamos a quien niega la evolución de las especies o la teoría del big bang. Y tampoco a quien publica chistes sobre la pederastia de los curas (así, en general) o blasfema públicamente. Ofender a la Iglesia o a la tradición cristiana ni siquiera es ya políticamente incorrecto.