miércoles, 22 de julio de 2015

ROBERT MISRAHI Y LA FELICIDAD







Ana Azanza

I. EL TRABAJO DE LA LIBERTAD

Robert Misrahi filósofo octogenario al que acabo de descubrir por medio de Michel Onfray. En 2006 publica "Le travail de la liberté", balance de un pensamiento que se extiende a lo largo de 50 años. Profesor en la Sorbona, Misrahi quiso desde el comienzo dejar una obra. Misrahi ha encontrado y ejercido la filosofía como realización personal. Pero ademas quiere darle a esa realización una dimensión mayor, que su pensamiento sea un legado para sus lectores. No se trata de aumentar el número de libros en la estantería, se trata de dejar unas lecciones de vida, una ética.



Dejando a un lado la erudición y jerga filosófica, Misrahi ha querido escribir y "conferenciar" para la gran mayoría. Onfray lo señala como ejemplo de vida filosófica, fecunda en los dos sentidos señalados, por su dimensión creativa y por ofrecer una propuesta de vida. Lo que el autor vivió puede ser camino para otras vidas. En este y otros vídeos explica las dificultades a las que se ha ido enfrentando, en su infancia de niño judío durante la ocupación alemana de Francia, en su ancianidad la pérdida de su compañera o la propia vejez. Hay una serie de vídeos en los que reflexiona sobre cómo afronta él esa etapa de la vida.

El placer de leer y el placer de escribir enriquecen la vida y le aportan creatividad, que también es alegría de fundar algo, de iniciar.

Robert Misrahi dice en su libro que su "yo" es personal pero también debería de ser universal, "Yo, Robert Misrahi experimento alegría al escribir por el acuerdo conmigo mismo, alegría que tú lector deberías experimentar al leer cuando experimentas como lector el acuerdo contigo mismo."

Todos vivimos ARRANCÁNDONOS de nuestra situación para CONSTRUIR nuestra propia vida.

Judío turco, hijo de un sastre y de una costurera que emigraron a París en 1920. Pudieron salvarse de la deportación cuando llegaron los alemanes. Él fue recogido con otros niños en un castillo de Maine et Loire. Su primera decisión existencial, que le hubiera podido costar cara, fue quitarse la estrella obligatoria para los judíos. En 1943 siendo un adolescente de 17 años escribe a Sartre cuya obra "El ser y la nada" le había entusiasmado. Sartre fue una especie de padrino para Misrahi, le facilitó escribir en la revista "Les temps modernes".

Misrahi escribió una trilogía sobre la condición judía. En "La condición reflexiva del hombre judío", a partir de la Shoa reflexiona sobre ser judío como hecho cultural y social, comunidad que ha pasado por innumerables sufrimientos. Pero desde ahí escoge la laicidad, la religión no es el principio ordenador de una sociedad y por tanto se impone el respeto a todas las creencias en una sociedad en la que las instituciones no son religiosas.

Misrahi se dice solidario con el pueblo judío por la reflexión, es un acto ético, es algo que ha escogido, solidaridad con los movimientos de defensa del antisemitismo y del Estado de Israel, aunque él no es persona religiosa y nunca se ha planteado emigrar a Palestina. Prefirió seguir ciudadano francés en solidaridad moral con los judíos.

Respondió en su libro sobre Marx a las críticas de la izquierda contra el Estado de Israel, el verdadero espíritu de la izquierda, si es generosidad, implica reconocimiento para todos los pueblos, incluido el pueblo judío. El mismo principio de reciprocidad por el que se reconoce un Estado palestino.

De la reflexión sobre la condición judía llegó al primado de la laicidad. La laicidad además del respeto enseña lo universal, la laicidad es fuente de formación política y de sensiblidad democrática, la laicidad enseña a prestar atención a la dimensión general de la vida. Separando la política de la religión, el principio de laicidad libera al individuo frente a su comunidad y frente a las demás comunidades. Es una doctrina que introduce la ciudadanía.

A partir de esa reflexión sobre laicidad, se plantea el despliegue de la libertad que nunca es fácil. Sólo a partir del sufrimiento (soledad, paro, persecución) se plantea la cuestión de la orientación de la acción.

¿Cómo inventar la vida? la filosofía fue la respuesta que encontró Misrahi y desde su juventud vivida en la ocupación nazi, decide que la filosofía sería su "oficio", su "modus vivendi", su "vocación".
Empezó informándose de todos los filósofos que le precedieron para aprender y formar la suya propia. De Sartre le llamó la atención el concepto "libertad", de Spinoza "felicidad", dos ideas clave en sus principios. Trabajando, estudiando para obtener un puesto de docente ganó su libertad. De ahí el título del libro, la libertad es trabajo y la filosofía es una herramienta para conseguirla.

Lo primero que se encuentra el filósofo como cualquiera es el sufrimiento existencial en sus múltiples formas. En la guerra, racismo,  antisemitismo, el temor de la deportación. En la paz, la dificultad de la relación con el otro, la comunicación es difícil. Sea en el amor, la amistad o el trabajo.
La ceguera, la voluntad de poder, la presunción, la complacencia en la mediocridad generan sufrimiento. La falta de autenticidad en las relaciones cotidianas, la competitividad, el odio, el desprecio, la envidia, tienen como consecuencia la soledad, el individuo se ve echado al absurdo de la existencia.

El malentendido, desconocer las verdaderas intenciones del otro, la diferencia de intereses y de opiniones entre todos los que entran en una relación, por ejemplo, en un partido político o asociación.
Cuando el malentendido se expresa provoca la guerra, el conflicto. Siempre está presente. El conflicto fuente y expresión del sufrimiento. La separación de las conciencias, el enfrentamiento es tan frecuente que puede desembocar en el nihilismo, y en el pensamiento de que es imposible entenderse.

La crisis por lo intolerable del sufrimiento nos plantea ante el dilema: o dejarse hundir o reaccionar.
¿Cómo salió él de su crisis existencial? Misrahi decidió construir su vida sobre bases que no sean ni el reconocimiento ni el poder. Se vio frente al suicidio, pero decidió tener una actitud creadora, prepararse para ser profesor y escribir una obra. Esa fue su CONVERSIÓN que describe en su obra de ficción "Construction d'un château" (1981).

La definición de filosofía de Misrahi: reflexión constante y coherente sobre los problemas de la vida para salir de la infelicidad cotidiana y entrar en una vida satisfactoria.

Filosofía es rigor, pero no tecnicismo, la mayoría tiene que poder entender. De ahí el estilo claro y el recurso a la metáfora y la poesía para explicar la intensidad de una experiencia. Respetar el rigor filosófico es instrumento de liberación, respetar en sí mismo el propio poder de reflexión y deseo de liberación. Filosofar de una manera simple y concreta es quererse a sí mismo y abrirse al futuro.

Misrahi describe la propia experiencia, lo vivido, examina su propio pensamiento, su propia acción, lo que él ha vivido para acercar escritor a lector lo más posible. La proximidad, incluso la identidad entre lo descrito y el que describe garantizan la objetividad y validez de los análisis. Validez que se alcanza no por la fidelidad a la anécdota sino por EL SIGNIFICADO UNIVERSAL.

La filosofía por tanto como ética, para cambiar la vida. La filosofía como acontecimiento para el escritor y para el lector, algo que cambia la vida, porque cuando se lee o se escribe, invita a RECOMENZAR. Filosofía, vida nueva guiada por un nuevo pensamiento. La filosofía es así CONVERSIÓN. ¿Es posible la conversión filosófica?

Pero para que la ética filosófica no se quede en papel mojado, es preciso conocer al hombre tal cual es, de ahí la necesidad de una antropología filosófica. Una descripción del hombre que reflexiona sobre la acción, que no es determinista, que no prejuzga, que describe.

Heidegger se preocupó de la muerte más que de la libertad. Sartre intenta recuperar la alienación y el determinismo neutralizando la libertad que había exaltado. Levinas y Ricoeur hablan en perspectiva teológica. A Misrahi le parece que no dejan a la libertad todo el campo que le corresponde.

La antropología filosófica tiene que describir los contenidos e intenciones de ese ser que es el hombre. No postula ningún determinismo y afirma que su campo de investigación es el hombre tal cual existe. A partir del hombre real construirá una doctrina ética.

La libertad no es ni un postulado ni una incertidumbre. Si estamos en crisis y nos planteamos salir de ella, tenemos por tanto la idea de que podemos cambiar nuestra conducta, que nuestra manera futura de hacer será diferente a la pasada.

Esta certeza permite resolver la aporía de la libertad: Si el hombre es libre ¿por qué busca liberarse? La paradoja se resuelve distinguiendo dos niveles: la espontaneidad y la reflexión. La ética no procede mecánicamente de las estructuras humanas presupuestas, la ética procede de la libertad, y la filosofía tiene como tarea establecer el hecho de la libertad.

El trabajo de la reflexión que intenta construir una ética para vencer la banalidad de la infelicidad es un trabajo de la libertad. La libertad verdadera no es un don, sino fruto de un esfuerzo. Y ese trabajo de filósofo consiste en establecer el hecho de la libertad y analizarlo. Depués vendrá la descripción del trabajo efectuado por la libertad misma para establecerse y para crecer, ese es el trabajo de la CONVERSIÓN.

II. LA CONVERSION FILOSOFICA

Es un acto voluntario que requiere de valentía e invención. Es un esfuerzo que se construye por sus propios medios. Es un instante que se prolonga en el tiempo, un trabajo de crítica, información, cultura, investigación e invención.

El trabajo de conversión no es posible más que por la reiteración de la decisión, el sujeto se distancia del mundo. Se puede sentir soledad, incomprensión.

Pero una vez superada esa tentación, la distancia con respecto a la banalidad social es una alegría.
La masificación, la incultura, el consumo acelerado están en las antípodas de la búsqueda de la sabiduría. Esta situación de servidumbre es la llamada a cambiar. ¿La conversión es posible para muchos individuos? Es la naturaleza humana la que la hace posible. Todo hombre puede ponerse al trabajo filosófico, no se trata de un ideal alejado del mundo. La posible conversión está anclada en las insatisfacciones y los movimientos mismos del deseo. La vocación de la conversión como trabajo consiste en modificar la vida más carnal y más concreta en la perspectiva de una permanencia y de una validez verdaderas. Es la vida del Deseo, individual  y social, que debe cambiar por el trabajo de liberación y no sólo por la vida del espíritu.

Conversión filosófica no es un estudio, ni un perfeccionamiento moral, ni una revelación, tiene que ser entendido como trabajo radical del espíritu y de la reflexión.

Conversión filosófica consiste primero en dirigir la atención a uno mismo en vez de estar volcada al mundo, y en vez de fijarse en el sufrimiento, iluminar la vida con vocación y búsqueda de alegría.
El sujeto se descubre a sí mismo como creador y dador de sentido.

1. Creador porque se pasa de la pasividad al acto, libertad de la conciencia reflexiva que se conoce a sí mismo, amo de sus proyectos y sus pasiones en lugar de siervo, sin caer en la trampa del deseo de notoriedad, de riqueza de amor sometido a su objeto. El individuo en suma como causa de sí mismo.

2. Conversión del deseo que se dispersa en objetos decepcionantes. No se puede vivir sin deseo como pretendía Schopenhauer. Más bien la vida hay que disfrutarla y disfrutar de disfrutarla, pero un disfrute que surge de un trabajo de reflexión del que venimos hablando. Comprender que el deseo del sujeto constituye él mismo el valor de sus objetos.

Es una nueva perspectiva en relación con las cosas que buscamos y que hacemos: el paseo vale por el valor que sabemos darle, o el deporte, o el arte, o la lectura o una conversación. Una nueva perspectiva de relación al objeto y la alegría que procura que hará que esas actividades sean intensas y significativas.

3. Conversión en la relación con el otro. El otro puesto como un centro, no como un obstáculo, sino como centro de decisión y creador de valores. Más allá de la relación dominio-siervo y caridad-gratitud. El reconocimiento del adversario permite la instauración de la palabra, el paso de la violencia al contrato, la renuncia a la estrategia y al cálculo. Sólo la reciprocidad verdadera puede regular los conflictos. La dificultad en este caso es que las dos personas se tienen que "convertir".

Esta conversión es la SABIDURÍA, una distancia de lo inmediato, un vuelco de la relación con el mundo, porque la primacía está en la búsqueda de la alegría.

Ya es posible plantearse la ética, la acción, desde la autonomía, la independencia de quien es fuente de sus propias elecciones. Deseoso de la relación con el otro pero sin necesidad ni fascinación; abierto al otro, sin condescendencia; preocupado por el reconocimiento y la reciprocidad.

La conversión es por sí misma alegría. Conocimiento, cultura no son cosas sino actos. La educación es fuente de alegría porque da los medios para la independencia del pensamiento, la estima verdadera de sí sin orgullo ni presunción, del individuo que decide sus propios principios. Aprender a mirar y juzgar el propio pasado sin dejarse guiar por el juicio ajeno, liberado de pasiones y de fantasmas enajenantes.

La conversión producto de ese trabajo reflexivo lleva a disfrutar de todo: cultura, familia, vida, naturaleza, trabajo porque en todo se ve el sentido, un PLACER que es síntesis de cuerpo y espíritu,
un acto del espíritu, la alegría del acuerdo consigo mismo.

5 comentarios:


  1. No conocía a ese pensador, Ana, y por cierto lo haces parecer muy interesante.

    Algunas de las definiciones que has citado me resuenan íntimamente; es decir, dentro de mis estrechos límites las hago mías. Gracias por descubrirme este arcano. Veré qué consigo de Misrahi.

    Saludos

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    1. Yo lo he conocido porque Onfray lo pone de ejemplo de vida filosófica, es decir, de filósofo coherente, no simple trovador de bellas frases o comentarista, sino persona cuya vida coincide con lo que "predica".
      Es una suerte de espinosismo revisado que me cae bien, Spinoza no es mi "cup of tea" normalmente, pero esta postura de Misrahi, actual y no queriendo deducirlo todo me es más atrayente
      ME alegro de que te interese, a mí me gustaría conseguir Le nacre et le rocher, pequeña autobiografía recientemente publicada

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  2. feliz de visitar su blog, sus artículos son muy buen vocabulario, una vez leído, el diseño de la pantalla no está demasiado llena, así que no es difícil cuando se lee. buen blog, me sorprendió que

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  3. Mola esa concepción positiva de la educación como conversión del espíritu y ampliación de las posibilidades de disfrute y realización, en lugar de la cutre visión de la educación como represión de los instintos, domesticación, etc.

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  4. Hola! Me ha gustado mucho este post, Matthieu Ricard menciona a Misrahi en su libro "Plaidoyer pour le bonheur", y gracias a él lo conocí. Me sorprende que no hayan traducido nada al español de este sabio autor. Me parece que va en la línea de Pierre Hadot o Comte Sponville: la filosofía como forma de vida. Muchas gracias por este artículo!

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