I. Límites de la ciencia y de su método
No creo que las raíces de la ciencia y de la religión sean
antagónicas e irreconciliables. Al menos no para una interpretación no
dogmática de religión y ciencia, ni fanática ni cientifista. Tres de los científicos más eminentes que
conozco son sacerdotes. Si bien Hawking o Dawkins se oponen a la religión o al
deísmo, Fred Hoyle o el mismo Einstein tenían una opinión más matizada.
Ciertamente, la ciencia moderna se caracteriza por su método
o, mejor, por el “afán de método”, ese equipamiento o armadura con que se
pertrecha el científico que, con el ascetismo de un soldado o de un monje, sale
a la caza de realidades o de explicaciones sobre realidades. María Zambrano se
percató de que tal método es en realidad una cacería. Y –digo yo- según la
presa que busquemos, así el armamento metodológico que emplearemos. Y según el
armamento, la presa. La caza puede ser pesca, y si la malla es
poco tupida pero fuerte, se cogerán grandes peces, pero los pequeños pasarán
desapercibidos…

