sábado, 12 de septiembre de 2015

FANTASIA CONTEMPORÁNEA



Ana Azanza

En mi adolescencia y en el ambiente en que me movía el Opus Dei puso de moda las obras de Tolkien. Con 15 años recuerdo haber pasado un verano leyendo, más bien devorando, tomo tras tomo "El Señor de los anillos." Eran libros ya antiguos, que causaron furor entre muchas personas que me rodeaban. Surgieron como setas expertos literarios en la obra del escritor oxoniense. Tras "El Señor de los anillos" llegó "El Simarilion" y "El Hobbit". Esas otras historias me impresionaron menos. Sin embargo el viaje de la Compañía a través de la Tierra Media con la misión de destruir el anillo que se apoderaba de la voluntad de su portador, fue una lectura definitiva de adolescencia.

domingo, 6 de septiembre de 2015

IDENTIDAD Y SOCIEDAD



David Precht (1965) se ha convertido en uno de los filósofos más populares de Alemania, con sus libros ya traducidos a 26 idiomas “¿Quién soy yo?” (2015), “Amor, un sentimiento desordenado” (2011), “El arte de no ser egoísta” (2014). Con el primero de los libros mencionados pretendía explicar la filosofía a los más pequeños, y consiguió escribir una obra superventas. Precht que estudió germanística y filosofía nació y creció en un hogar alemán “multicultural”, con hermanos adoptados de otros continentes. Su tesis versó precisamente sobre la obra de Musil “Der Mensch ohne Eingeschaften” y sus implicaciones filosóficas. Hoy sigue siendo conocido por dirigir un programa mensual en la televisión alemana que consiste en una entrevista “a fondo”, un verdadero cara a cara, con filósofos, escritores, pensadores y autores de todos los ámbitos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Cultura simbólica en el Paleolítico superior. Orígenes del arte y la religión.


La “explosión creativa” del Paleolítico superior.

Hace alrededor de 40.000 años ocurrieron en una serie de cambios tecnológicos, nuevas conductas sociales y la aparición de una cultura simbólica cuya manifestación más espectacular es el arte paleolítico. Estos cambios están asociados a poblaciones de Homo sapiens que convivieron en Europa occidental con el Homo neanderthalensis en la transición del Paleolítico medio al superior. “Explosión creativa”, “explosión cultural”, “revolución del Paleolítico superior” o “revolución humana”, ha sido denominado este estallido de creatividad, esta profunda transformación cuyos productos nos caracterizan como especie.

Respecto del origen de lo específicamente humano nos movemos, inevitablemente, en el rango de las conjeturas más que en el de las firmes conclusiones científicas. Hasta ahora no se ha podido determinar con exactitud cuándo, cómo y dónde se originaron los diversos componentes que constituyen eso que llamamos cultura. No obstante, un registro arqueológico cada vez mejor estudiado y el actual desarrollo de las ciencias cognitivas permiten realizar conjeturas que nos acercan a la comprensión de los problemas relacionados con el origen de la mente humana y sus productos culturales. Las preguntas a las que tratan de responder las disciplinas susceptibles de ofrecer respuestas sobre el origen de la mente de los humanos modernos son: ¿qué ocurrió en la mente del Homo sapiens para provocar la “explosión creativa” en ese momento y ese lugar?, ¿surgieron entonces –y lo hicieron de manera repentina- las características específicas que nos definen como especie humana?, ¿cómo evolucionó la mente humana?, ¿cuáles fueron las bases sobre las que surgió?, ¿cuál es la relación entre la conciencia, el lenguaje, la religión o el arte?, ¿son estas cosas las que nos definen como humanos?, ¿es posible trazar una línea entre lo que es humano y lo que no lo es?, ¿separa esa línea dos espacios diferenciados cualitativa o cuantitativamente?

La cuestión, entonces, es determinar qué características posee la mente del hombre moderno que la diferencia de la de sus parientes homínidos extinguidos, y si es cierto que éstos no produjeron la cultura simbólica que nos caracteriza como especie.

martes, 1 de septiembre de 2015

CUENTOS Y EDUCACIÓN



PSICOLOGIA DE LOS CUENTOS DE HADAS (1975)
de Bruno Bettelheim
                                
Aunque este libro ya es antiguo y no contempla el desarrollo extraordinario y el “boom” de la literatura fantástica con Tolkien, J.K. Rowling… y sus versiones cinematográficas, tenía mucho interés en averiguar qué dice y cómo interpreta un psicoanalista este elemento esencial y básico en la educación que son los cuentos tradicionales.

domingo, 23 de agosto de 2015

Del cine y otros demonios: "Espérame en el cielo", de Antonio Mercero

Recientemente, Televisión Española repuso el título de Antonio Mercero Espérame en el cielo (1988), dentro del logrado ciclo de revisión de la historia de nuestro cine. La estimable cinta, dirigida por el realizador de la saga La gran familia, así como posteriormente de la serie de televisión Farmacia de guardia, dibujaba en las postrimerías de los ochenta una melancólica (que no nostálgica) visión de la España franquista, desde finales de la posguerra civil hasta la muerte de Franco (¿?), teniendo como fondo la incomparable canción de Antonio Machín que le daba título. En su argumento, Paulino (José Soriano), tendero de una ortopedia madrileña, es raptado y transformado en el doble del dictador para sustituirlo en menesteres peligrosos y todo tipo de intervenciones públicas; atrás queda una desconcertada viuda, Emilia (la entrañable Chus Lampreave), que intenta contactar con su supuestamente difunto marido mediante inocentes sesiones de espiritismo. El guion aparece firmado por el propio Antonio Mercero, Horacio Valcárcel, y el más conocido hoy como crítico de cine Román Gubern; una feliz confluencia de talentos y perspectivas que permite esperar alguna que otra joya barroca engastada en su libreto.

Cartel de la película

lunes, 17 de agosto de 2015

CULTURAS Y CIVILIZACIÓN



“NUESTRA ALMA SE EXPANDE A MEDIDA QUE SE LLENA”
                                                           Montaigne


“El miedo a los bárbaros” de Todorov ha resultado lectura veraniega "superprovechosa" . Pensamos que los bárbaros son los inmigrantes que se amontonan en la isla de Cos o en el Canal de la Mancha para entrar en Inglaterra.

lunes, 3 de agosto de 2015

A modo de desagravio: riqueza de la filosofía en Japón

Aunque cada tanto paso por aquí para leerlos, hacía tiempo -más de un año- que no escribía un post. Sigo viviendo en Osaka, una ciudad que, a pesar de sus reducidas dimensiones y la superpoblación, está tan armónicamente distribuida que no se siente el agobio típico de una gran ciudad. El idioma es  mi principal dificultad, aunque lentamente hago progresos. Por cierto se trata de una lengua tan distinta a nuestros idiomas latinos, incluso a toda la familia indo aria, que no tienes punto de apoyo posible en casi ningún aspecto. A lo cual hay que agregarle la escritura, que está considerada una de las más complejas del mundo, sino la más, y es un fiel reflejo del espíritu japonés: su notable propensión y aptitud para asimilar lo ajeno y transformarlo imprimiéndole características netamente japonesas.

Pues bien, dentro de ese espíritu japonés de asimilación y transformación hay que incluir también su filosofía. En mi último post, no sin arrogancia pero sobre todo por ignorancia, una ignorancia compartida por muchos (consuelo de tontos…), dije que a los japoneses el filosofar "no les sale del todo bien". Al decir eso no sólo me faltaba información sino que sin darme cuenta me hice cargo del prejuicio -elevado por Heidegger a la categoría de un dogma- de que la filosofía es occidental, y más propiamente europea. Así que en este post quiero hacer una suerte de desagravio a los pensadores japoneses, que por cierto merecen ser leídos y ocupar su lugar dentro del concierto universal del filosofar. De todos modos seré muy breve y general porque el tema da para mucho. 

No hay filosofía en Japón si por filosofía se entiende, como sucede muchas veces, la historia de la filosofía. Pero si llamamos filosofía al quehacer filosófico como tal, debemos decir que los japoneses se han sumado al mismo desde comienzos del siglo XX y han perseverado en ello hasta hoy. Y tal como corresponde al espíritu que mencionaba arriba, han hecho de ese quehacer algo propio. Es decir algo que refleja su propio modo de experimentar y comprender la vida. Hablando muy rápido puede decirse que la filosofía japonesa es la filosofía europea reabsorbida en un suelo budista.

Así, muchas de las categorías conceptuales y grandes tópicos del filosofar europeo se reinterpretan de modo peculiar bajo la luz de nociones budistas como vacío (ku), lugar (basho), etc. Y además permeando toda la reflexión se encuentra siempre una intuición de la totalidad. Un japonés no puede concebir, al menos no como lo hace el occidental, un sujeto subsistente del cual se predican cosas, ni un comienzo y final absolutos, ni muchas otras ideas que los occidentales heredan de Europa, y que ésta a su vez hereda del extraño maridaje entre las culturas griega y semítica. Para el japonés el sujeto y sus predicados son intercambiables, y el comienzo y el final también. Pues la totalidad, el único sujeto real de toda predicación, está siempre presente en las partes. No es casual que los filósofos japoneses muestren cierta predilección por Hegel o por Bergson, salvando las distancias entre ellos, pues son pensadores en los cuales la conciencia de la totalidad está más presente que en otros.

Por otro lado, el pensar japonés no se disocia nunca de la intuición. No hay nada parecido al racionalismo puro y duro de algunos occidentales, pues, por herencia budista, para ellos la especulación nunca descansa enteramente en sí misma: camina siempre sobre un evasivo suelo que la trasciende. Por eso no es casual tampoco que valoren especialmente a figuras como Nicolás de Cusa o Schelling, otra vez salvando las distancias, pues son autores en los cuales la especulación sabe ceder ante la intuición pura, donde el conocimiento como saber cede ante saber del “no saber”, la docta ignorancia.

Para darle un poco de cuerpo a estas generalidades digamos que en el concierto filosófico japonés se destacan: por un lado, la escuela de Kyoto, con su fundador Nishida, y sus más notables exponentes, por ejemplo Nishitani. Por otro lado, un pensador que no se deja encerrar en el molde ninguna escuela, el inmenso Toshihiko Izutsu.

La escuela de Kyoto es expresión de una interiorización y reelaboración japonesa de la filosofía europea.  Y como tal lleva la huella del momento en que se produce la apertura de Japón hacia el mundo filosófico: el siglo XX y el ascenso del nihilismo. En cierto sentido puede decirse que la escuela de Kyoto es la respuesta japonesa al nihilismo europeo. Una respuesta superadora, pues no se queda encerrada en el clisé de la "anti metafísica" ni tampoco pretende volver a ninguna positividad, sino que absorbe el nihilismo contra el fondo del pensamiento budista y lo reinterpreta.

Dicho sea de paso, la palabra japonesa “vacío”  (ku), utilizada en la tradición budista para aludir a la verdadera naturaleza de todos los fenómenos, se refiere en el habla ordinaria al “lugar vacante”. Y en su uso filosófico alude a la posibilidad indeterminada que subyace a todo lo determinado. Por eso su asimilación a la “nada” del nihilismo europeo, es inapropiada. Decir de un lugar vacío que es nada no es lo mismo que decir que es la posibilidad de algo. El "vacío" de la filosofía japonesa es fecundo, y está dotado de una energeia, por lo cual no puede ser asimilado a una mera nada.  

Por otro lado, está el inclasificable, y para mí mucho más interesante que la escuela de Kyoto, aunque esto es muy personal, Toshihiko Izutsu. Un autor sumamente prolífico del cual probablemente no sabríamos nada los occidentales si no fuera porque realizó un interesante trabajo sobre Ibn Arabí, que llegó a ser un "clásico" dentro de los estudios sobre el sabio de Murcia. Hablar de Izutsu me llena de entusiasmo, y por eso corro el riesgo de extralimitarme, así que sólo diré algunas cosas generales, y espero pronto terminar, y publicar en algún lado, un trabajo sobre él que tengo comenzado.

Para decir qué es la obra de Izutsu podemos empezar por decir que no es lo que habitualmente se cree que es: no es la obra de un islamólogo. Pues si bien fue pionero en el estudio del Islam en Japón, y es uno de los autores referentes sobre el tema en el mundo, su trabajo no se reduce de ningún modo al estudio del Islam como "objeto” de estudio. Más bien ese "objeto" fue para él el soporte, uno entre otros, de una reflexión orientada por una búsqueda interior más allá de cualquier temática particular: la íntima aunque paradójica relación entre Trascendencia y Palabra.

No por nada el propio Izutsu llamaba a su actividad "filosofía del lenguaje". Aunque esa denominación debería ser tomada, en su caso, en un sentido muy distinto al que tiene en los estudios seculares del mismo nombre. Más bien, si nos empeñamos en ponerle una etiqueta, habría que llamar a su actividad "metafísica del lenguaje". Y sus estudios sobre el Islam deben ser comprendidos, a mi juicio, dentro de ese horizonte. Una metafísica del lenguaje es una pregunta por la dimensión metafísica del lenguaje, una interrogación sobre la relación entre el Principio último y la palabra.   

Izutsu estudió alrededor de treinta lenguas y se dice que dominaba al menos diez de ellas. A los veintitrés años tradujo a Eliot, pocos años después escribía sobre la historia del Islam y sobre gramática árabe, siendo todavía joven hizo la primera traducción del Corán al japonés, a lo largo de su vida estudió a Ibn Arabí, Mulla Sadra, Hamadani y otros sabios de la gnosis islámica, y escribió sobre ellos. Pero también estudió el taoísmo, el confucianismo, el budismo, el Vedanta, y escribió sobre ellos. Así como sobre literatura rusa, lengua china e indostánica, y muchos otros temas.

Se trataba, por cierto, de una mente que no puede encerrarse en ningún campo de especialización. Pues donde hay una especialización quien comanda es el tema, el campo de estudio.  Mientras que en Izutsu, como en todo metafísico, el tema es sólo el lugar y soporte de una interrogación que apunta más allá de todo tema. Izutsu quería elucidar, y articular en un discurso coherente hasta donde fuera posible,  el misterioso nudo entre lo Absoluto inefable y la Palabra en tanto sin ella no habría cosmos ni sentido.  En esas aguas orillaba este notable autor.

En fin, la contribución de ambos, la escuela de Kyoto e Izutsu, a la cultura filosófica mundial es digna de respeto. Espero que este post,  aunque demasiado general, sirva como reparación de mi "injusticia” con los pensadores japoneses. Y ha sido un gusto para mí, por cierto, volver a compartir con Uds. -José, Ana, Encarna, Luis y los otros- en éste estupendo blog.

Nota posterior: al mes de publicado este post pude terminar el trabajo sobre Izutsu al que hice referencia aquí arriba. Me permito citarlo por si a alguien le interesa: Palabra y Trascendencia en Toshihiko Izutsu