jueves, 23 de junio de 2011

MAL DE AMORES


El amor está sobreapreciado. Es un abradacabra para las cancioncillas pegadizas, las hembras estrechas y los varones ingenuos, tipo festival de eurovisión. Deberíamos de ponernos de acuerdo sobre qué sea el amor antes de entregarnos a esa acracia amatoria propuesta por San Agustín: “ama y haz lo que quieras”.

-Me querrás mucho, vale, pero tú no harás conmigo lo que te dé la gana. O dirás que me querrás, pero “obras son amores y no buenas razones”. O mejor: “no me quieras tanto, pero colabora, ¡tío! (¡tía!)”

Cierta literatura pedagógica se empeña hoy en distinguir el “querer” del “amar”, con el argumento de que el “querer” implicaría deseo de dominio o posesión, mientras que el “amar” sería más desprendido y generoso… Pero, por mucho que nos empeñemos, la conjugación española de “amar” suena bastante cursi; y, por otra parte, es inocente creer que el amor no entrañe algún tipo de dependencia o sometimiento. No puede haber verdadero amor sin virtudes tan olvidadas como la humildad, la piedad o la compasión. Ya lo dijo el poeta (Cernuda): no conozco más libertad que la de estar preso en el corazón del otro (parafraseo). Pero ir de humildes, por una vida repleta de narcisos soberbios, es sumamente arriesgado. Así que la humildad, hoy, tendría que conjugarse con el disimulo gracianesco.

Dejarse querer está chupado, pero querer de verdad es otra cosa. Amar puede ser fácil, pero conseguir ser amado por quien amamos, y en la forma que nos gusta ser amados, es un milagro. Querer a una mascota es una cosa, querer a una persona fea, enferma, tarada o inútil, es otra. Afines pero distintos… El otro siempre tiene algo de infierno, siempre molesta a veces. Su presencia es querida, pero fastidiosa. Su ausencia es dolorosa, pero me deja libre.

Apego, cariño, afecto, admiración, confianza, complicidad, placer, interés, ilusión, imaginación, memoria, deseo, confidencia, confesión, conversación, belleza, compasión, vivencias compartidas… ¿en qué proporción se mezclan en la coctelera del “amor” todas estas acciones y afectos? Muchas veces, como pasa en la amistad, lo que la provoca (la simpatía) se confunde con la cosa misma, donde la cosa misma es una construcción moral, técnica, y por supuesto artística, una construcción cultural que requiere tiempo y habilidad. El amor es la obra de arte que fabricamos con el material de una fuerza tan salvaje como ciega.

La amistad, como el amor, requieren los delicados cuidados de una planta de interior: temperatura, luz, agua y abono, todo en su justa medida. El amor puede ser extenuante, agobiante, perverso. Y su contrario, el odio, puede estar más que justificado, pues existen personas y actitudes odiosas. De hecho, el odio tiene una mala prensa que no se merece. Para empezar, puede ser un pegamento tan eficaz como el amor en las relaciones humanas, aunque más triste…

Hay amores que matan y otros que enferman. Malas querencias inducidas por el oscuro interés de los genes; antes se decía: malas pasiones de la carne. “La carne” sabe lo que le conviene a ella, no a mí. Y a ella lo que le va es reproducirse. Yo amo el tabaco, pero parece que mis bronquios no. El espíritu puede estar tan equivocado como la carne necia. Por eso, las más tontas, fieles a la carne, acaban preñadas antes de tiempo, y, muchas veces, por quien menos lo merece. ¿Les equivocó el instinto? El instinto está preso de atavismos inútiles. O no tan inútiles: los pueblos más ignorantes se reproducen más y mejor que los pueblos cultos. Corolario: el vigor amatorio parece ser inversamente proporcional al grado de refinamiento civilizatorio. Los pueblos jóvenes ven eclipse de los deseos de la carne donde en realidad puede haber solo desprecio. Ser la preferida del canalla podía dar juego en un mundo de leones de diente de sable, pero se vuelve bastante inservible en el universo de las redes sociales, de donde el chuleta-de-a-peseta queda excluido por alcohólico. Cuanto más pesan las entrañas, menos la cabeza, aunque no todas nuestras decisiones merezcan ser racionales. Nada verdaderamente creativo e inteligente procede de la mera razón.

Mas lo interesante es hacer de tripas corazón; y de corazón, espíritu. Cuando el deseo se sublima, su satisfacción gana. Aunque lo nuestro sea padecer eternamente insatisfechos. El amor muestra así su origen patológico, una unión casi imposible, la de Carencia e Ingenio. Nunca se reflexionará lo bastante sobre el hecho de que el amor exija cierta penuria, cierto paso por la escasez. El amor se pervierte o desaparece en medio de la opulencia. Su regocijo siempre acaba mal, en fraude para el individuo. Su fuerza será eterna, pero el individuo no. Ese ‘palpito dell’universo intero, misterioso, altero’ no sólo es la delicia, sino también la cruz del corazón (croce e delicia al cor), según la partitura de La Traviata.

¿Cómo se doma a un gigante?, ¿cómo se cabalga a un tigre?, ¿cómo enseñarle pulcritud a un cerdo? ¿No es la Locura el lazarillo del Amor?

De un modo u otro, el amor, si demasiado fuerte, extravía. Como la libertad, también ella un licor de alta graduación. Por razones pedagógicas, hay que mostrar a qué tipos tan extremos de degeneración mortal nos puede llevar el amor, a qué enfermedades de la carne y del espíritu, antes que ideales rousseaunianos (que tan poco tienen que ver con lo que fue la verdadera vida de Rousseau, por cierto).

He aquí un catálogo, bien resumido, de desvaríos eróticos:

1)    Celopatías. Es natural no sólo querer lo que percibimos o estimamos como bueno, hermoso, atractivo, sino desear apropiárnoslo en exclusiva. Sin embargo, el celoso patológico es otra cosa; su paradigma, Otelo, ese moro de Venecia que mata a su inocente esposa, acusándola de una falsa infidelidad... Otelo no es una antigualla shakespearana u operística. Hoy abundan los nenes que intentan enjaular a sus novias, y algunas se dejan. Y culturas enteras, en que la mujer usa jaula portátil.

2)    Por amor maníaco entendemos el excesivo deseo de agradar de quienes gastan todo su arsenal erótico en provocar, ellos o ellas: un gusto por la atracción desmesurado. Lo peor es que quien tanto gusta de atraer, no consigue retener.

3)    Narcisismo morboso. Cada vez más frecuente en una sociedad dominada por los espejos mediáticos, que le devuelven al espectador un reflejo consolador o desproporcionado de sus prerrogativas. Ya sabemos cuál será el destino de Narciso… convertirse en el reflejo del espejo, ahogarse en el monitor, existir solo en la tele.

4)    El síndrome de Catulo es propio de la criatura que no sabe amar sin odiar, ni odiar sin amar. Los extremos se tocan aquí más de la cuenta, se puede decir que chocan. Es difícil esperar tranquilidad y alegría de una relación así.

5)    Por bovarismo (término procedente del famoso personaje de Flaubert, Madame Bovary) se entiende una exageración irracional de las virtudes del amado o la amada, más allá de toda sublimación razonable. La fantasía suplanta a la memoria.

6)    La que padece el “síndrome de Wendy” ve a su amante como un hijo al que somete a cuidados agobiantes. Si bien es cierto que todas las formas de amor sexual remiten en su génesis al amor de madre, o materno filial, en este caso la madre no asume roles de hija y permuta el origen con la finalidad.

7)    Luego estaría los del amor imposible y obsesivo, convertido en acosadores o vampiresas. Atracción fatal.

8)    Los del “síndrome de Cyrano” no se atreven a declarar su amor y disfrutan a través de un tercero. Acaban de voyeurs o voyeuses.

9)   Síndrome angelical. Llamo así al que padecen quienes tienen una idea tan pura del amor que sienten fobia por el cuerpo a cuerpo.

10)  Quienes padecen amor fóbico persiguen y huyen, huyen y persiguen al amado o amada, porque temen patológicamente el rechazo.

11)  Y por último, y sin pretender ser exhaustivos, estaríamos ante el amor disociado, lo que algunos psicólogos llaman el “síndrome de Agar y Sara”. La primera es la esposa santa y pura, que no merece sexo, y la segunda es la mujer seductora y sensual, que sólo merece sexo.

 Cipris nos oriente y su hijo, el ciego, nos olvide, cuando decide disparar saetas envenenadas.

miércoles, 22 de junio de 2011

Lenguaje o intercambio comercial

Autora Ana Azanza


José Manuel Sánchez Ron escribe en Babelia un interesante artículo sobre el papel de ciencia y tecnología en el desarrollo de nuestra especie.

Destaco las propuestas de Matt Ridley autor del libro "El optimista racional". No fueron las condiciones climatológicas ni una fortuita mutación genética la que cambió nuestro cerebro y nos hizo exitosos como especie. Neandertales y cromañones pueden haber tenido en común un ancestro hace 400.000 años. Y parece que ese ancestro común podría haber tenido un lenguaje bastante sofisticado. Por lo tanto no es la evolución de un lenguaje sofisticado lo que diferencia el hombre moderno de su pariente neandertal, ya que se suele decir que el lenguaje es lo que hace posible unas herramientas más complejas en los cromañón.

¿Por qué, de donde le vino la mayor inteligencia al homo sapiens por contraposición a los demás homínidos? La idea de Matt Ridley es que los nuevos homínidos comenzaron a intercambiar cosas cuando no tenían entre sí relaciones de otro tipo. Inventaron el comercio, el trueque, actividad desconocida en los demás animales. Y   Matt Ridley riza el rizo de la nueva hipótesis, probablemente ese trueque tenga que ver con la cocina.

Intercambiar nuevos platos con las tribus vecinas, clave en la evolución humana

"Más allá de brindar seguridad para vivir en el territorio y de liberar a nuestros ancestros para poder incrementar el tamaño de su cerebro con  dietas altas en energía, cocinar también predispuso a los seres humanos a intercambiar distintos tipos de comida. Es probable que ello los haya llevado al trueque."

Munford,  teórico de la arquitectura, historiador de la tecnología, filósofo, sociólogo y crítico artístico escribió "Técnica y evolución humana" (1967) y "El pentágono del poder" (1970). Para él los humanos no se pueden entender como homo faber, si la habilidad técnica bastase como criterio para fomentar la inteligencia, el hombre fue durante mucho tiempo un rezagado. La fabricación de herramientas no tuvo nada de singular hasta que se vió modificada por símbolos língüísticos, diseños estéticos y conocimientos socialmente transmitidos... Hay valiosas razones para creer que el cerebro del hombre fue desde el principio mucho más importante que sus manos, y que su tamaño no puede haberse derivado exclusivamente de la fabricación de herramientas.  

Según Lewis Munford (1895-1990) lo que puso en el disparadero la evolución cultural, científica y tecnológica a la nueva especie sapiens sapiens fueron dos cosas: el pensamiento simbólico y formas más elaboradas de organización social. 

"La elaboración del lenguaje, culminación de las más elementales formas de expresión de significados, fue incomparablemente más importante para la evolución humana posterior que la elaboración de una montaña de hachas manuales."

Mumford da primacía a la ciencia sobre la técnica, aunque haya casos aislados en que un invento técnico se haya adelantado al área científica correspondiente, como parece ocurrió con la máquina de vapor inventada antes de la termondinámica. 

Pero un error de la humanidad con la técnica fue y es no darse cuenta de que los adelantos técnicos inventados por un grupo de líderes no significa evolución mental de toda la humanidad en su conjunto. La evolución de la mente humana no es simultánea ni paralela a la evolución de la técnica, la humanidad camina trescientos años por detrás de esos inventores y científicos.

Vargas Llosa ilustra más bellamente esa idea de la relación del lenguaje simbólico con el avance de nuestra especie. Está en "El viaje a la ficción":

"Para mí, la idea del despuntar de la civilización se identifica más bien con la ceremonia que tiene lugar en la caverna o en el claro del bosque en donde vemos, acuclillados o sentados en ronda, en torno a una fogata que espanta a los insectos y a los malos espíritus, a los hombres y mujeres de la tribu, atentos, absortos, suspensos, en ese estado que no es exagerado llamar de trance religioso, soñando despiertos, al conjuro de las palabras que escuchan y que salen de la boca de un hombre o de una mujer a quien sería justo, aunque insuficiente, llamar brujo chamán, curandero."









lunes, 20 de junio de 2011

Una lectura etnográfica de los campos de concentración


En el corazón de la zona gris (Paz Moreno Feliú, Trotta, 2010) es un trabajo etnográfico que reconstruye las relaciones humanas cotidianas en el universo concentracionario de Auschwitz, mediante la lectura contextualizada de un amplio conjunto de fuentes documentales, entre las que destacan las memorias de los supervivientes con sus perspectivas plurales.

Mientras que la utopía revolucionaria soviética pretendió instaurar una economía sin mercado y una sociedad sin clases, el proyecto ideológico nacional socialista basaba su utopía en una política eugenésica y de repoblamiento neocolonialista de Europa del Este por alemanes "arios". En tal proyecto se insertaban los campos, con objetivos en conflicto (ej. el valor de la mano de obra de los judíos) y que fueron variando entre 1933 y 1945, al vaivén de los proyectos políticos del III Reich y las necesidades de la economía de guerra.
La entrada en ese escenario utópico de los campos constituía una ruptura total con los vínculos de origen de los prisioneros, marcada formalmente con rituales de paso (desposesión, desocialización, despersonalización y agregación) y con una nueva economía política del espacio -aislamiento y desubicación-, y del tiempo -supresión de relojes y calendarios excepto para las élites. Estas estaban integradas por los prisioneros alemanes, comunes o políticos, que actuaban como kapos por delegación de los mandos de las SS. Esta estructura de gobierno permitió regentar los campos con un número muy reducido de oficiales y personal civil.

En el nuevo marco vital del Lager [campamento], el único vínculo con el mundo exterior era el trabajo, concebido por los prisioneros como la única vía para su supervivencia, lo que de hecho entrañaba colaborar en su propio exterminio (la “zona gris” de Primo Levi.) Por ello puede afirmarse la compleja conexión entre la “solución final” y el trabajo como mercancía ficticia (es decir, según Karl Polanyi, la transformación de las relaciones personales de trabajo en un objeto sometido a las leyes de la oferta y la demanda). La autora descarta que se tratara de una variante esclavista del capitalismo, entendiendo que las relaciones laborales creadas en los campos de trabajo responden al concepto de instituciones económicamente pertinentes (Max Weber).

En esa discontinuidad radical con las relaciones de procedencia resultaba relevante, por un lado, la creación de relaciones sociales entre los prisioneros basadas en la jerarquía, que generaban clientelismos siempre inestables y, a nivel horizontal, la atomización de los grupos étnicos, nacionales y sociales y el fomento de antagonismos entre los mismos que suscitaban desconfianza y hostilidad; y, por otro, un peculiar sistema de circulación de bienes y servicios, al que llamaban “organizar” (organisieren), palabra clave en la LTI (lengua tertii imperii, V. Klemplerer), ejemplo extremo del concepto de reciprocidad negativa descrita por Marshall Sahlins, por la quiebra de la moralidad respecto a los demás sujetos en los actos precisos para la supervivencia de los prisioneros, que conllevaban hasta tener que procurarse una escudilla para comer. Frente a la moral compartida pero ambivalente de la reciprocidad generalizada, esto es, la acción de compartir todos los bienes con los próximos según sus necesidades, la subsistencia de los prisioneros desposeídos vino a depender de los aspectos negativos del don, teorizado por Marcel Mauss (tomar, pedir o guardar, en lugar de recibir, dar y devolver). Esa “organización” vital se extendía en un espectro que iba desde el intercambio más o menos equitativo hasta conductas claramente predatorias, como el hurto o el robo, según una escala de valores morales ad hoc que jerarquizaba el bien o el mal dependiendo de que la víctima fuese un compañero, un fallecido o un enemigo.

En las memorias del músico Simon Laks se relata la existencia en Auschwitz de un comercio ilegal de “escala inimaginable”, por la afluencia continua de bienes valiosos que traían los prisioneros, especialmente desde Hungría, puesto que los alemanes les incitaban a llevarlos consigo para subvenir a sus necesidades, y de los que eran completamente desposeídos en la propia rampa de entrada. Tal comercio se dividía en un sector interior, de artículos de necesidad (alimentos y ropa), y otro exterior de bienes de prestigio (joyas, licores, caviar…), articulado en las redes de relaciones jerárquicas (entre los Prominenten, miembros de las élites, con SS y trabajadores civiles). Igualmente existían lugares de mercado diferentes según las personas intervinientes y los bienes de que se tratara; dos patrones de valor: pan y, fundamentalmente, cigarrillos, que servían igualmente de medio de cambio y pago; precios fluctuantes por la inflación, e incluso grupos nacionales especializados en “organizar” (las griegas.)

Tal situación demuestra, en primer lugar, que las relaciones económicas se recomponen en cualquier contexto con instituciones ya conocidas y otras nuevas. Igualmente, como sostiene Moreno Feliú, la imbricación de la moralidad en el sistema socioeconómico como parte constitutiva del mismo, con diferentes graduaciones según el tipo de relación entre las personas y no tanto por la proximidad familiar o vecinal entre las mismas, que era el criterio de Sahlins, poniendo de relieve la ambigüedad inherente a las relaciones de reciprocidad.

Sin embargo, la segmentación organizativa de los campos no impidió el establecimiento de alianzas de amigos. La resistencia moral interior de los prisioneros se encarnó en la creación de leyendas de muertes heroicas. En una de ellas, la de la Bailarina, una mujer muy bella, de vida libre, objeto de la lascivia de los nazis, defiende su honor matando a un jerarca y suicidándose después. En otra, la de los amantes Mala y Edek, consiguen escapar juntos para contar al mundo las atrocidades de Auschwitz pero son capturados, aunque también reivindican el derecho a morir por su propia mano antes que ser cruelmente sacrificados para público escarmiento.
Tales leyendas, que se repiten con ligeras variantes en las memorias de las víctimas, recuperaban la aspiración a la libertad y dignidad en el imaginario colectivo de los prisioneros, resolviendo las contradicciones entre la colaboración de las víctimas con su propia explotación y la inalienable aspiración a la defensa de la humanidad en cualquier situación, en los términos del análisis de Eric Wolf en Cultura, ¿panacea o problema?
                   &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Si os interesan los temas relacionados con el Holocausto, en este enlace tenéis un relato magnífico para ilustrar gráficamente esas decisiones radicales, la economía de la elección a la que se refiere Paz Moreno Feliu http://eternamentekfk.blogspot.com.es/2013/08/eternamente.html
Para saber más sobre el autor, podéis acceder en el enlace http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2013/08/kfk-la-literatura-abisal.html

sábado, 18 de junio de 2011

Se podrá resucitar el cuerpo pero no la mente

Autora Ana Azanza

Gracias a este simpático científico chino me he enterado de qué es un conectoma y de las investigaciones que algunos "locos" científicos se han empeñado en llevar a cabo.

Empieza hablando de nuestro DNA que nos identifica, y puede estar en la base de enfermedades y desórdenes mentales. Pero a Sebastian le gusta pensar que "Soy más que mis genes". Y así se lo hace repetir al público.
De hecho su lema es "Soy mi conectoma" . Sólo se ha logrado conocer el conectoma de un gusano que tiene 300 neuronas, el C Elegans, las conexiones entre sus neuronas son su conectoma. Pero cada uno de nosotros tenemos un cerebro infinitamente más complejo que el de ese animal.

Con 100 billones de neuronas las conexiones son diez mil veces más que en el gusano.

¿Estarán nuestros recuerdos almacenados en las conexiones entre las neuronas de nuestro cerebro? lo que me hace ser yo serían esas conexiones de mis neuronas, únicas por otra parte. La información que me hace a mí ser yo.

¿Quizás también la personalidad y el intelecto están encriptadas en esas conexiones?

Hacen falta muchos años de trabajo para encontrar y dibujar el mapa de un solo conectoma. Sólo una neurona es como un árbol frondoso y muy ramificado.En el laboratorio colorean las neuronas para ver sus conexiones. La sinapsis la conexión entre dos neuronas las describe como dos amigos hablando por teléfono.

¿Son diferentes los cerebros de hombres y mujeres? Para responder a esta pregunta pone el ejemplo del cerebro gofre, sería el del hombre, y el cerebro como un plato de espagueti, el de la mujer.

Verdaderamente la complejidad del cerebro humano se puede relacionar con el sentimiento de la insignificancia que tuvo Pascal ante "los espacios infinitos". Quizás la infinidad está dentro de nosotros mismos.

¿Tendrá la humanidad algún día la tecnología adecuada para dibujar el conectoma de un ser humano recogiendo todas las conexiones neuronales del cerebro? Sebastian Seung piensa vivir para verlo.

Nuestra personalidad cambia con la edad. Las neuronas como los árboles tienen nuevas ramas, otras mueren. Las sinapsis son eliminadas, otras se empequeñecen. ¿Por qué cambian las conexiones? hasta cierto punto nuestro ADN tiene mucho que ver, pero no sólo. La actividad neuronal juega un gran papel. Como la corriente de agua hace su trabajo en el lecho del río, las conexiones trabajan nuestro cerebro. Nuestras experiencias pueden cambiar nuestro conectoma. Por eso cada conectoma es único, incluso en gemelos idénticos. Nuestra forma de pensar puede cambiar nuestras conexiones.

La actividad neuronal no para, está en continuo movimiento. El conectoma sería el camino que se va haciendo en nuestro cerebro a fuerza de pisarlo. La actividad de las neuronas puede cambiar ese camino, nuestro conectoma. La actividad de las neuronas es la base física de nuestros sentimientos, pensamientos y percepciones.

El objerivo de estos científicos sería deshacer el lío que tienen las neuronas entre sí y buscar los caminos de nuestra actividad  neuronal, por ejemplo el conectoma del pianista que sabe tocar una sonata de Bethoven.

La muerte sería la destrucción del conectoma.

La crionización puede conservar el cuerpo y que alguna futura evolucionada civilización lo resucite. Pero los recuerdos no se pueden recuperar.

Construir y reconstruir nuestro propio cerebro con la tecnología más evolucionada, todo un sueño de la humanidad al alcance de una tecnología que va a suponer un cambio en nuestra manera de vernos a nosotros mismos como especie.

Es todo lo que da de sí mi inglés, a lo  mejor si lo escucháis encontráis más matices que he pasado por alto en el vídeo que ayudan a maravillarse todavía más ante la complejidad del contenido de nuestros cráneos.

martes, 14 de junio de 2011

Eva Mitocondrial

El tejano Spencer Wells es un antropólogo genetista especializado en dibujar el árbol genealógico de la humanidad. Estudió con el célebre fundador de la genética antropológica: Luigi Luca Cavalli-Sforza.

El Proyecto Genográfico, patrocinado por National Geographic está empeñado en dibujar las grandes rutas de evolución y emigración de nuestra especie, desde la Eva mitocondrial hasta hoy, tomando muestras de sangre y saliva por todas partes y antes de que la globalización acabe por mezclar todos los genes.

¿Quién fue Adán? En la página https://genographic.nationalgeographic.com/genographic/lan/es/atlas.html
se responde a esta pregunta. Adán fue nuestro antepasado común que vivió en África hace 60.000 años. Su cromosoma Y puede considerarse la raíz de nuestro árbol genealógico. Desde luego, no era el único hombre vivo en ese tiempo, y él mismo tuvo muchos antepasados, pero sus descendientes somos los únicos que vivimos en la actualidad. Todos los humanos presentes procedemos de ese ancestro.

¿Quién fue Eva? Nuestra "madre mitocondrial" vivió en las sabanas africanas hace 150.000 o 170.000 años, y es la única humana de aquella época cuyos descendientes siguen vivos hoy día. Mucho más tarde, hace 60.000 o 50.000 años, los descendientes de esos dos seres abandonaron África y se extendieron por toda la tierra.
En la página del Proyecto Genográfico puede usted, si lo desea, hacerse con un kit que le permitirá ver descodificado su ADN para así hallar su "haplogrupo" específico y trazar su árbol genealógico desde Adán y Eva, podrá participar así en el Proyecto Genográfico.
Sus páginas de historia ofrecen una buena síntesis didáctica, bastante realista y ecuánime. Véase por ejemplo lo relativo a la conquista "mora" de la península o la conquista española de América...
Este proyecto desvanece completamente el viejo concepto de raza y abole por tanto cualquier ideología racista, pues todas ellas carecen de fundamento científico, porque tras recolectar decenas de miles de muestras de sangre por todo el planeta y centenares de miles de muestras de saliva, lo evidente es que todos formamos "una gran familia", ya que somos más similares desde el punto de vista molecular de lo que imaginábamos, a pesar de nuestras diferencias culturales. Los datos genéticos confirman que todos los que vivimos descendemos como mucho de diez africanos. "Hace 50.000, aquel puñado de Homo sapiens escapó de la sequía causada por una glaciación y sobrevivió contra todo pronóstico"... 



En una entrevista con Spencer Wells, este confirma lo que ya intuiamos: que los vascos no son genéticamente distintos del resto de los españoles, sólo que tal vez fueron menos romanizados, pues el latin no se impuso del todo a su lengua perromana... ¡Los vascos son idénticos genéticamente al resto de los iberos, a pesar de los deseos o creencias de Arzalluz! La diferencia es cultural, no racial; discrecional, no necesaria. Y Sabino Arana se equivocaba fundamentalmente. No existen "las razas" y los prejuicios racistas son fundamentalmente erróneos: http://profesordeeso.blogspot.com/2007/07/entrevista-con-spencer-wells-genetista.html

lunes, 13 de junio de 2011

Estamos locos

La OMS calcula en el mundo más de 450 millones de personas que sufren transtornos mentales. El alma humana está hecha de un tejido muy delicado.

Los enemigos del alma siguen siendo, por supuesto, "el mundo, el demonio y la carne". Entendamos por "carne" el desarreglo de las pasiones o el desequilibrio de las emociones -y no el sexo, como interpretaron los puritanos-, e interpretemos por "demonio" el diablo de la discordia, de la envidia, de los celos, del deseo de dominio, que se introduce en el mismísimo corazón de los hogares, donde la armonía debería ser más fácil a causa de los lazos afectivos y la comunidad de intereses. Por último, interpretemos por "mundo" ese infierno de atascos y prisas, de competencia salvaje y solidaridad hipócrita, de consumos inútiles y espectáculos ruidosos, tecnotontería, cables y autovías, a que nos ha llevado el denominado "progreso".

Los enemigos de la mente también "progresan" y se multiplican, y son diez, según un reciente Dossier de Muy Interesante (junio 2011, nº 361, pgs 56-57): la depresión, la ansiedad, el alcoholismo, los desórdenes alimentarios, el transtorno obsesivo compulsivo (TOC), las alteraciones de personalidad, el déficit de atención, el síndrome bipolar, la esquizofrenia y la demencia senil (particularmente la que provoca el alzhéimer).

Somos efecto de predisposiciones genéticas e impactos del medio ambiente, ¡pero también somos el efecto de nuestras decisiones! ¿O no puede el espíritu humano luchar contra la locura? Vivir en medio de la vorágine de una gran ciudad o en un pueblo tranquilo puede ser resultado de una decisión personal. Arreglarse con poco o ambicionarlo todo puede ser el efecto activo de una filosofía de vida adoptada voluntariamente. Por supuesto, no podemos conseguirlo todo. Vivir en una gran ciudad tiene muchas ventajas, aunque está demostrado que el porcentaje de urbanitas que sufren enfermedades mentales es superior al porcentaje de aldeanos.

Y vamos a peor, los transtornos mentales suponen hoy un 12,5% de las enfermedades del planeta, pero en la próxima década alcanzarán el 14%. Un 7% de los europeos toma psicofármacos y un 3% recibe psicoterapia. En España hay 400.000 esquizofrénicos, 800.000 bipolares y se estima que entre el 3 y el 7% de los niños sufre hiperactividad y déficit de atención (TDAH).

Una de las causas más conocidas de la enfermedad mental es el maltrato o el abuso sexual durante la infancia. Aunque tengamos cierta prediposición innata a la enfermedad mental, es obvio que el entorno, desde el vientre materno, es capaz de enfermarnos o mantenernos sanos. Los malos tratos son particularmente nefastos durante la fase crítica del desarrollo del cerebro, porque provocan un aumento de los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Cuando la situación es prolongada, el exceso de esta hormona causa lesiones en el hipocampo y la amígdala, zonas encefálicas asociadas al control (o descontrol) de los impulsos.

Las costumbres, particularmente las malas costumbres..., ¿qué papel tienen en el desarrollo de enfermedades mentales?, ¿cómo se relaciona la moral y la locura? Es sabido que la ingesta recreativa de drogas, y su mezcla, está causando estragos en la salud mental de nuestros jóvenes. La subcultura de la litrona no sólo causará estragos en los hígados, sino también en los cerebros. El círculo vicioso se cierra porque a los primeros síntomas de transtornos de comportamiento, la sociedad reaccionará proporcionando nuevas drogas... Hasta que todos necesitemos una pastilla para ponernos a funcionar -como en la canción de Martirio-, como en la triste distopía de Huxley.

"Las enfermedades no son prueba de la maldad, la incompetencia, la perversidad o la patología individual, sino de reacciones humanas a la desintegración cultural" Lawrence K. Frank, La sociedad como paciente, 1948.


Es verdad, la ternura protege del estrés, pero la prisa mata la ternura. La seguridad que da el sentido de pertenencia a una comunidad, cuyos símbolos y ritos resultan reconocibles, también protege del desquiciamiento, pero el individualismo posesivo y el nihilismo destruyen por doquier los viejos rituales. La autoridad de los padres puede ofrecer un catálogo de normas claras y de merecidas sanciones al niño bien criado, pero por doquier los hijos son abandonados delante de payasos halagadores y predicadores de la anomia o el libertinaje. Si se pregunta en nuestros centros educativos a nuestros adolescentes qué prefieren, más libertad o más seguridad, nos encontraremos con sorpresas. La mayoría añoran normas claras, que se cumplan, y graves sanciones para quiénes las transgreden.

José Giner, catedrático de psiquiatría de la universidad de Sevilla ha señalado cómo el aumento de transtornos de control de impulsos en nuestros jóvenes se debe "al sistema educativo y cultural tan permisivo que tenemos, en el que se le recuerda al adolescente cuáles son sus derechos, pero no cuáles son sus deberes" ("¿Un mundo de locos?", Laura González de Rivera, Muy Interesante, nº 361, pg. 53).

El mundo que hemos creado no parece hacerlos más felices. En 1990, la depresión afectaba ya a un 9% de los niños españoles de 9 a 10 años. Y para la OMS uno de cada cuatro suicidas tiene menos de 25.

El abuso de los monitores, amparado por las autoridades políticas y sumos sacerdotes "educativos" de las TICs, la obsesión por ese mundo bidimensional de los bideojuegos, la inmersión sin anticuerpos en esa virtualidad violenta, banal, inodora e insípida, donde uno puede ver pornografía gratis a cualquier hora, aprender a construir bombas lapa, exhibir las hostias que le da a la compañera y twentear con un perfecto desconocido..., ¿qué responsabilidad tiene ese sucedáneo de auténticas relaciones en el desamueblamiento de las seseras juveniles y en sus dificultades de concentración, atención y cuidado?

domingo, 12 de junio de 2011

Las tres psicologías

Autora Ana Azanza


Continuo con el Tractatus psychologico-philosophicus de Sloterdijk que dejé a medias.

Peter Sloterdijk
El hombre es un animal abierto. Posee todos los rasgos de un ser vivo sin terminar al que la idiosincrasia y la educación dan solo un bosquejo a grandes rasgos de la forma en que debe desarrollarse. Él debe ir hacia una culminación desconocida e incierta. Quien desee trazar una psicología para este ser ha de saber que no podrá hacerlo sin continuar la tarea de la evolución humana, aquí enlazo con el anterior artículo de Biedma sobre la evolución. Porque es imposible hablar de la psique del hombre sin hablar de su desarrollo, independientemente de si éste toma la forma del crecimiento o la del perfeccionamiento.

Distingue el filósofo alemán tres psicologías. 
La primera es la del animal, el ser-alma puro, es decir, un alma que no está marcada por la división y su única relación con el mundo es la adaptación y la armonía vigilante con el alma. El niño humano tiene un atisbo de esta psicología. Por lo demás, el reino animal está presente en nosotros sólo en modo de privación, como una  pérdida, como un absoluto y doloroso Nunca Más.

Estamos condenados a estar más cerca de Dios que de la divinidad. Los antepasados del hombre daban prueba de sagacidad al adorar a ciertos animales como dioses, para no perder la proximidad con el animal. Pero el comportamiento del hombre con el animal no permite formar una opinión muy halagüeña acerca de los hombres. Los hombres se conducen con el animal como el sobrino de Rameau lo hacía con el mundo civilizado. Del mismo modo que Rameau pisotea a los grandes con los que está irremisiblemente emparentado sin poder ser igual a ellos, así los hombres en general maltratan al animal divino que está inseparablemente unido a su destino pero cuya perfección original se ha hecho inalcanzable para ellos.

La segunda que tratamos como si fuera la única y verdadera trata del dilema del alma humana. Pero psicología humana en statu quo no puede haberla, psicología propiamente dicha sólo puede haberla del animal o de un dios. Para el hombre la psicología llega a destiempo, tarde porque no posee la simplicidad del animal, o pronto porque el hombre no es completo.
Por ello no puede habar psicología del individuo sino a lo sumo psicopatología, psicomecánica, psicodinámica, psicofísica. Por ello la segunda psicología sólo podrá ser una ciencia de las disculpas objetivas: por qué el hombre no es como podría ser. 

Así que la psicología humana forzosamente tiene una relación con su objeto sesgada, contrita o acusadora. La  segunda psicología se mantiene en una zona de penumbra moral. Siempre corre el peligro de convertirse en un factor en el engranaje de la mecánica psicopática. Si sucumbe a este peligro -imposible no sucumbir, dice Sloterdijk-, no adelanta ni un paso en los problemas que tiene planteados. Si no sirve para el perfeccionamiento del hombre la psicología no será más que una continuación de la psicopatía humana por otros medios.

Espero que no haya psicólogos leyendo estos propósitos, recuerdo que el libro de donde se han sacado estas ideas es una novela, no  un tratado. De hecho puede que lo que Sloterdijk está exponiendo aquí sea sólo el pensamiento del protagonista de la novela, el joven médico Van Leyden interesado por novedosos métodos de curación psicológica.

Sólo la tercera psicología (en el caso de que un día existiera) sería la verdadera ciencia del ser humano (en el caso de que un día existiera). Sería la psicología de la vida completa, una contemplación de la psique que ha superado la división provocada por la civilización. La tercera psicología encierra la utopía de la libertad real. Que no se alcanzará hasta que cada uno haya comprendido que se debe a sí mismo una libertad real. En esa etapa se habrá disipado la ilusión del Yo central que se ha introducido como un nudo en la relación de la vida consciente consigo misma.
El alma ya no sería la relación privada individual con un exterior sino el Acto de Ser que brotaría a través de mi cuerpo vacío. El pleno existir en sí misma del alma, exento de autorreflexión, el puro derramarse de una fuerza vigilante. Sólo entonces el alma se reconciliaría con su naturaleza meteórica, doliente e incandescente. Pero a esta reconciliación debe anteponerse el sometimiento del Yo doliente y pasivo a todo el peso de la propia vitalidad.

Sólo con la supresión del "yo pienso que soy así" con todos los imperativos de superación y oposición que conlleva, podría ese ser dividido convertirse en un ser completo de orden superior. Cuando se diluye en el Yo su vida rebasa los límites de la superación y la oposición para convertirse en una armonía infinita. 

El hombre sería impulsado a una existencia más alta y más consciente. Y desde esta tercera psicología "divina" se ve mejor el problema fundamental de la segunda psicología. El Yo está siempre en guerra consigo mismo. O bien es un rebelde condenado a la eterna revolución, o bien un tirano condenado a maltratarse a sí mismo. En cada caso, el sujeto es el reverso activo de su predisposición pasiva; un sojuzgador sojuzgado, un aislador aislado, un golpeador golpeado, un enloquecedor loco, un explotador explotado. Por consiguiente el sujeto, por su esencia más íntima, siempre será un eslabón de la cadena de las agresiones y las defensas. Donde quiera que se manifieste tiene que hacerlo para proseguir irremediablemente con la proliferación del dolor.

Por lo tanto la psicología es esencialmente psicología social, es decir, psicología del engaño y del abuso mutuos. Y he de reconocer que mi primer contacto real con la psicología social fue por mi interés en indagar el porqué de ciertos abusos de tipo laboral y vital que yo misma sufrí. Así que en este punto me parece que entiendo bastante bien lo que quiere decir Sloterdijk. La tercera psicología empieza allí donde termina el salón de los espejos de la psicología social, con su mecánica y su pedagogía. En la segunda psicología, con los espejos por medio, cada cual es otro y nadie es uno mismo. 

Pero en la tercera psicología no hay reflejos ni reacciones, sino pura espontaneidad. No hay pasiones, sino entusiasmo. No hay locura, sino comicidad. No hay problemas ni soluciones, sino el matrimonio de la transparencia con el secreto. Cuando los hombres empiezan a ser hombres totales renuncian a determinarse mediante sus relaciones. No más relaciones ni más disculpas. Sólo saludos lejanos en las encrucijadas del infinito, saludos de meteoro a meteoro. Un intercambio de destellos de incandescencia a incandescencia y un cauto caminar con los pasos inaudibles del amor.

Saludos de incandescencia a incandescencia.
Choque de galaxias