domingo, 1 de noviembre de 2015

Metensomatosis

Mosaico de esqueleto de Pompeya

De aquellos por quienes sentimos afecto y con quienes colaboramos en las faenas de la vida, a veces en la memoria sólo nos quedan las sombras de unos cuantos gestos. Un mohín, una sonrisa, un encogimiento de hombros, expresiones de ese espejo del alma que fue su cara en movimiento, el modo de andar, el timbre de su voz, la gesticulación de sus manos, el temblor de su carcajada, la sensación tibia de un beso, de un abrazo, de un apretón de manos… El regusto que deja una conversación amable presidida por una afinidad electiva… La filosofía y su enseñanza.

Antonio Gerardo García González también se ganó la vida como profesor de filosofía. Coincidimos en el Instituto “Andrés Segovia” de Villacarrillo, allá por los años ochenta del siglo pasado. Buen mozo, alto, bien parecido, afable, modesto, abierto a la verdad, dispuesto siempre a aprender, a entender a los demás… Supe de sus fáusticos amores con Margarita, amores comprometidos. Y tras mi traslado a Úbeda, la pareja nos visitó algunas veces. Por entonces, Antonio ya sería director del Instituto de bachillerato de Santisteban del Puerto (Jaén), donde los esposos pusieron casa y tuvieron hijos. Supe de aquella casa atacada por las termitas, como nuestros cuerpos por la enfermedad, batalla perdida.

jueves, 29 de octubre de 2015

Hortal de palabras para la Edad del Olvido

Mnemosyne. Dante G. Rossetti

Animal memorioso

Ortega dejó escrito que lo que nos distingue de las bestias no es la inteligencia, sino la memoria: el humano es, sobre todo, un “animal memorioso”. Gracias a los ecos y reminiscencias de la memoria, lo que acontece o aconteció en el pasado revive en la presencia del espíritu. La memoria añade un “aura simbólica” a lo sentido y hace del tiempo horizonte  humano: el hombre debe a su facultad de recordar el vivir no sólo en medio de objetos estimulantes, sino también con entidades significantes.

Desde siempre, ese reino de la representación, recordada por imaginada, es fuente de lo extraordinario donde anida lo maravilloso: los viejos relatos sobre la creación y el destino, el bien y el mal. 

No sólo recordamos la vigilia, sino aún las realidades soñadas, así como llegamos a adoptar como propias creencias, mitos y fantasías, cuando construimos nuestra identidad personal más permanente y profunda.

La memoria no pertenece sólo al mundo de los hechos, sino también al de las invenciones humanas. Así como mediante la historia el grupo conquista su pasado colectivo, asimismo mediante la memoria el individuo conquista su identidad según la configura su pasado individual (I. Gómez de Liaño. El idioma de la imaginación, 37s.). 
Fácilmente, si el presente se vacía y el futuro se encoge, acuden los recuerdos en auxilio del tiempo, para plenificarlo. Nos sucede en la vejez. Olvidamos donde hemos dejado las gafas, pero recordamos con asombroso relieve y nitidez lo que pasó hace más de medio siglo. Pero el humano comparte la memoria con otros seres, como una función general de toda materia orgánica (E. Hering): Principio de conservación en el mutable acaecer orgánico. Memoria y herencia, dos aspectos de una misma función vital, función de representación y comunicación: Todo animal conserva información en cada célula y la transmite en una memoria genética en que se recapitula[1] la evolución de su estirpe y, en cierto sentido, el proceso de nacimiento y desarrollo  del universo del que procede hasta su existencia como entidad particular.

martes, 13 de octubre de 2015

Acerca del origen de la religión



La publicación del libro de Gustavo Bueno El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión (Oviedo, 1985), abrió un debate sobre el fenómeno religioso, su esencia y su génesis. Éste transcurrió dentro de unos supuestos bien delimitados: ninguno de los participantes en la polémica partía de posiciones teístas, deístas o espiritualistas. La polémica siempre estuvo acotada por el materialismo que profesan todos sus participantes. El debate se inició en torno a la afirmación de Bueno de que no hay que buscar el núcleo de la religiosidad entre las superestructuras culturales o entre los llamados fenómenos alucinatorios:

“El lugar en donde mana el núcleo de la religiosidad –tal es la tesis de este libro- es el lugar en el que habitan aquellos seres vivos, no humanos, pero sí inteligentes, que son capaces de envolver efectivamente a los hombres, bien sea enfrentándose a ellos, como terribles enemigos numinosos, bien sea ayudándolos a título de númenes bienhechores (…) sólo de este modo la experiencia religiosa nuclear podrá ser, no solamente una verdadera experiencia religiosa, sino también una experiencia religiosa verdadera”. 

La crítica más amplia fue publicada por Gonzalo Puente Ojea, diez años después, en 1995, en un capítulo de su Elogio del ateísmo (Madrid 1995). A partir de ella los defensores de las tesis de Bueno y sus críticos publicaron una serie de réplicas y contrarréplicas en las revistas El Basilisco. Años más tarde, en el 2003, se reanudó el debate en la revista electrónica El Catoblepas, esta vez a partir de la ponencia de David Alvargonzález en el congreso Filosofía y cuerpo, celebrado en Murcia, titulada El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico. No me propongo historiar los avatares de esta polémica sino mostrar los rasgos básicos de las posiciones teóricas desde las que se defendió y criticó la tesis buenista que afirma la verdad de las religiones primarias.

Gustavo Bueno

sábado, 12 de septiembre de 2015

FANTASIA CONTEMPORÁNEA



Ana Azanza

En mi adolescencia y en el ambiente en que me movía el Opus Dei puso de moda las obras de Tolkien. Con 15 años recuerdo haber pasado un verano leyendo, más bien devorando, tomo tras tomo "El Señor de los anillos." Eran libros ya antiguos, que causaron furor entre muchas personas que me rodeaban. Surgieron como setas expertos literarios en la obra del escritor oxoniense. Tras "El Señor de los anillos" llegó "El Simarilion" y "El Hobbit". Esas otras historias me impresionaron menos. Sin embargo el viaje de la Compañía a través de la Tierra Media con la misión de destruir el anillo que se apoderaba de la voluntad de su portador, fue una lectura definitiva de adolescencia.

domingo, 6 de septiembre de 2015

IDENTIDAD Y SOCIEDAD



David Precht (1965) se ha convertido en uno de los filósofos más populares de Alemania, con sus libros ya traducidos a 26 idiomas “¿Quién soy yo?” (2015), “Amor, un sentimiento desordenado” (2011), “El arte de no ser egoísta” (2014). Con el primero de los libros mencionados pretendía explicar la filosofía a los más pequeños, y consiguió escribir una obra superventas. Precht que estudió germanística y filosofía nació y creció en un hogar alemán “multicultural”, con hermanos adoptados de otros continentes. Su tesis versó precisamente sobre la obra de Musil “Der Mensch ohne Eingeschaften” y sus implicaciones filosóficas. Hoy sigue siendo conocido por dirigir un programa mensual en la televisión alemana que consiste en una entrevista “a fondo”, un verdadero cara a cara, con filósofos, escritores, pensadores y autores de todos los ámbitos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Cultura simbólica en el Paleolítico superior. Orígenes del arte y la religión.


La “explosión creativa” del Paleolítico superior.

Hace alrededor de 40.000 años ocurrieron en una serie de cambios tecnológicos, nuevas conductas sociales y la aparición de una cultura simbólica cuya manifestación más espectacular es el arte paleolítico. Estos cambios están asociados a poblaciones de Homo sapiens que convivieron en Europa occidental con el Homo neanderthalensis en la transición del Paleolítico medio al superior. “Explosión creativa”, “explosión cultural”, “revolución del Paleolítico superior” o “revolución humana”, ha sido denominado este estallido de creatividad, esta profunda transformación cuyos productos nos caracterizan como especie.

Respecto del origen de lo específicamente humano nos movemos, inevitablemente, en el rango de las conjeturas más que en el de las firmes conclusiones científicas. Hasta ahora no se ha podido determinar con exactitud cuándo, cómo y dónde se originaron los diversos componentes que constituyen eso que llamamos cultura. No obstante, un registro arqueológico cada vez mejor estudiado y el actual desarrollo de las ciencias cognitivas permiten realizar conjeturas que nos acercan a la comprensión de los problemas relacionados con el origen de la mente humana y sus productos culturales. Las preguntas a las que tratan de responder las disciplinas susceptibles de ofrecer respuestas sobre el origen de la mente de los humanos modernos son: ¿qué ocurrió en la mente del Homo sapiens para provocar la “explosión creativa” en ese momento y ese lugar?, ¿surgieron entonces –y lo hicieron de manera repentina- las características específicas que nos definen como especie humana?, ¿cómo evolucionó la mente humana?, ¿cuáles fueron las bases sobre las que surgió?, ¿cuál es la relación entre la conciencia, el lenguaje, la religión o el arte?, ¿son estas cosas las que nos definen como humanos?, ¿es posible trazar una línea entre lo que es humano y lo que no lo es?, ¿separa esa línea dos espacios diferenciados cualitativa o cuantitativamente?

La cuestión, entonces, es determinar qué características posee la mente del hombre moderno que la diferencia de la de sus parientes homínidos extinguidos, y si es cierto que éstos no produjeron la cultura simbólica que nos caracteriza como especie.

martes, 1 de septiembre de 2015

CUENTOS Y EDUCACIÓN



PSICOLOGIA DE LOS CUENTOS DE HADAS (1975)
de Bruno Bettelheim
                                
Aunque este libro ya es antiguo y no contempla el desarrollo extraordinario y el “boom” de la literatura fantástica con Tolkien, J.K. Rowling… y sus versiones cinematográficas, tenía mucho interés en averiguar qué dice y cómo interpreta un psicoanalista este elemento esencial y básico en la educación que son los cuentos tradicionales.