lunes, 5 de diciembre de 2022

SUEÑO REPARADOR

 

Durmiente, JBL, óleo (detalle)

"¡Dormir! ¿Sabes lo que es eso?"
Antonio José, cinco años

Los asiáticos, con el fin de "lavar el cerebro" de sus prisioneros convirtiéndoles a su causa ideológica, inventaron una tortura nueva: Impedían al torturado que durmiese profundamente y con ello ¡mucho peor! evitaban que soñase. Cada vez que la víctima caía en las profundidades de la fase REM (movimientos rápidos oculares), síntoma de que empezaba en su intimidad mental "el cine de las sábanas blancas" llamado por los psicólogos sueño paradójico(1), le despertaban. El resultado era que a los pocos días el torturado deliraba, soñaba despierto, sus alucinaciones tomaban la intensidad subjetiva de realidades, de verdaderos perceptos... Entonces el insomne resultaba más fácil de "convertir" "reeducar" y manipular.

Los animales también sueñan. Necesitamos soñar, nuestra mente requiere esos estados en que se ocupa, entretiene y desahoga, con un fantástico juego de escenas cuyo simbolismo ha tratado de desentrañar el psicoanálisis, aunque tal vez dichas vivencias sean refractarias a cualquier desmenuzamiento lógico y sus llamadas de atención sólo puedan ser interpretadas activamente por el soñador, tal vez como avisos. 

Y, antes que nada, necesitamos dormir. En cierto sentido se puede decir, con Heráclito, pues venimos del sueño, que la mayoría de los hombres viven como dormidos. Un tercio de la vida lo pasamos inconscientes, sin saber ni notar que estamos viviendo, o con el cerebro en niveles bioeléctricos de poca activación (relax, somnolencia, sueño ligero...). El cerebro tiene una necesidad tónica de representarse ese fondo último de sí que es enigma, donde se (re)presentan enmascarados los "ínferos" de la vida personal. 

Somnolencia, JBL, 2022

El francés distingue entre el sueño como predisposición, letargo o acto de dormir (sommeil) y el sueño o el soñar como actividad onírica (rêve, avoir des rêves) y añade -ya con culto matiz rusoniano- "les rêveries" (ensoñaciones) del que fantasea despierto; sin embargo, el término castellano "sueño" resulta ambiguo; no es lo mismo "tener sueño" que "tener un sueño": soñar, ilusionarse o padecer pesadillas. 

En esta entrada me referiré brevemente -parafraseando sobre todo a María Zambrano-, no al contenido de los sueños, sino a su "lugar" o ámbito, tan distinto del espacio físico, y a su etérea materia (2), es decir, a ese dormir (sommeilen el que cesan las actividades superiores del espíritu: la atención, la tensión del discurrir consciente, la voluntad con sus intenciones teleológicas. 

En El sueño creador (1965-1985) (SC) María Zambrano describe ese misterio de la atención bajo la metáfora del "tentáculo primario de que dispone todo organismo vivo", pero que se despliega en grado eminente como propiedad específica del hombre, pues en efecto, nuestra atención no es una simple reacción ante estímulos externos, sino que, como la flecha de un arco que armamos con intención, la dirigimos voluntariamente según prerrogativas de libertad y diversos niveles de concentración, para incorporar cuanto toca o queremos aprehender en nuestro círculo vital. 

Si bien atendemos a lo que tendemos ("a-tención" de 'ad tendere', tender hacia), nuestra atención no gira sólo con la veleta de los factores estimulares externos, sino también en función de factores intrínsecos o subjetivos, entre los cuales las finalidades, pretensiones o expectativas de la persona desempeñan un cometido fundamental. "Persona -escribe Zambrano-, es decir: un ser no sólo dotado de finalidad, sino constituido esencialmente por ella" (SC, 83). 

El manejo voluntario de la atención, su potencia de concentración cobra por ello un papel superior y decisivo en los procesos de (auto)transformación y en las actividades creativas, de auténtico desarrollo personal. Y, al contrario, el déficit de atención, que hoy llamamos TDAH asociado a la hiperactividad, es desventaja educativa o "handicap" personal, a veces insuperable. El nombre del "síndrome de hiperactividad y déficit de atención" (TDAH), tal vez debería relacionarse con un déficit de voluntad (facultad esta, la voluntad, olvidada o despreciada por la psicopedagogía moderna), tal asociación, de la incapacidad para atender o concentrarse voluntariamente a la hiperactividad, vela u oculta el hecho de que la capacidad de concentración y duración de la atención concentrada es también actividad, acción voluntaria que consume grandes cantidades de energía, propiamente, se trata de una actividad superior o del espíritu. 

La atención -como enfatizó William James- es actividad selectiva y yo diría que también electiva y selecta, pues su uso depende de la fuerza del espíritu, del poder de la voluntad personal, de la integridad del carácter. Y qué duda cabe que la voluntad y el carácter (que no hay que confundir con el temperamento heredado), igual que los sentidos o la memoria, pueden formarse y disciplinarse, crecer y madurar.

El tránsito del psiquismo onírico al de la vigilia y al estado de alerta o alertación (arousal), o de plena vigilia, acontecen de la mano de la memoria y de la verbalización, como un puente de acceso a la conciencia o una espoleta de activación que, paradójicamente, roba a la conciencia normalmente lo soñado, mandándolo al vasto desierto del olvido. Si lo soñado persevera, es mala seña, indicio tal vez de un trauma o de una obsesión. Una vez más, la memoria se muestra piadosa dejándose borrar monstruos y pesadillas.

Naturalmente, esto sucede durante la vigilia y en grados diversos según el grado de autonomía, autarquía y alerta del sujeto despierto, según esté o se quiera despabilado. Durante el sueño, por el contrario, cesa la tensión del pensamiento, desaparece el sujeto ejecutivo, aparecen y desaparecen representaciones involuntarias, "entrañables". Para María Zambrano "las entrañas" son metáfora que capta, con más fidelidad y amplitud que el término freudiano "subconsciencia", lo originario, el sentir irreductible del viviente (El hombre y lo divino, I, pg. 177).

Al dormir retornamos al lugar más bajo de la vida bajo el yugo de la pasividad y la gravedad. La vida muestra así su menesterosidad, su insuficiencia, pues cansa estar despierto y atento, y deseamos reposar, descargarnos del pesado fardo de la conciencia, como todos los demás seres, aun con grado eminente en el humano, sobre algo menos vivo que nos sostenga. El descanso que nos proporciona  el dormir es una vuelta a la materia. Para dormir el reptil y el cisne se enroscan sobre sí mismos en imagen cósmica. El hombre civilizado se distiende o relaja sobre el lecho que simboliza y sustituye a la tierra madre, pero que conserva algunos de sus componentes, metal, madera..., la materia madre. El sueño es ese retornar a la materia, de la luz a la sombra, del agitarse al flotar quietista en el útero primordial.

Quien duerme se encierra en su cuerpo, en el universo o bóveda de la Fysis, del Kosmos, queda reducido a cuerpo, como embebido en la naturaleza; no así el hombre despierto, que no está reducido a su cuerpo, ni su cuerpo, huesped del espacio, reducido a materia, ya que en la vigilia descubre el ámbito no corporal: conciencia y pensamiento, más la triple dimensión del tiempo creativo: pasado, presente y futuro. Si los cuerpos parecen emerger del fondo del espacio cuando se mueven como sus inquilinos de forma singular e indicativa, se destacan como un algo más que la materia, eso que pesa impenetrable, pues viven, y como un alguien, una persona, cuando emiten señales cargadas de intención y pronuncian palabras o cantan.

Apegándose a la tierra, el durmiente hácese vulnerable puntal y átomo del mundo, bajo el influjo de los cielos y las fuerzas suprahumanas. En ese sentir inconscio (3) e irreflexivo se funda, tal vez, psicológicamente, el sueño profético o premonitorio.

En alguna ocasión, el echarse a esa sombra del dormir puede significar un rehusarse a vivir, como sucede en la desesperación del deprimido que anhela sueño eterno y el cese de toda actividad voluntaria, de todo pensar, de todo atender y pretender. Privados de los estados superiores del ánimo, dormidos, quedamos reducidos a cuerpo, materia, criaturas del espacio.

De este modo pierde su tiempo propio quien duerme, aunque pueda llevarse algo a su ser consciente y vigilante de ese su no-ser cuando sueña. "Al hombre le está exigido despertar" (SC, p. 73).

Notas

(1) Durante la fase paradójica del sueño los ritmos de actividad cortical del cerebro se
asemejan a los del cerebro despierto, pero la persona está profundamente dormida.
(2) Por "materia" entiende María Zambrano, no al objeto legítimo de la física matemática, sino a aquello que sentimos como tal, que nos resulta pesado e impenetrable, un huésped del espacio que parece sea su criatura. Hamlet recuerda el rotundo verso de Píndaro: "somos sueños de una sombra".
(3) Tomo el término "inconscio" por inconsciente, de la psicología de Giner de los Ríos«Por olvidar la distinción entre la reflexión y la conciencia suele hablarse de espíritu inconscio, de hechos inconscientes, en vez de espíritu y hechos irreflexivos» -escribe el fundador de la ILE.

Referencias bibliográficas

María Zambrano, El hombre y lo divino, FCE, Madrid 1993 (1955 ed. aumentada de 1973).
El sueño creador (1965-1985) (SC), Club internacional del libro, Madrid 1998.

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