miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ciencia, sueños y visiones en la obra de Swedenborg


Dado que la mención circunstancial de Swedenborg en el blog despertó cierto interés en el mismo, en este post quiero trazar a grandes rasgos un semblante del visionario sueco. Pero la obra de Swedenborg es muy extensa y compleja, por lo cual a la hora de presentarlo se plantea la cuestión de sobre qué aspectos de la misma poner el acento. Pues bien, inspirado por una acertada observación de Blom Dahl, me ha parecido que un relato biográfico centrado en la búsqueda intelectual –que es a la vez espiritual- del visionario sería lo mejor.

La observación en cuestión es la siguiente: dice Blom Dahl que la emergencia de las visiones en la vida de Swedenborg, fue, más que una experiencia puramente mística como se suele asumir, la respuesta frente a una crisis de tipo gnoseológico. Pues, ya desde sus comienzos como científico, y luego cada vez más a medida que su búsqueda se desarrollaba, Swedenborg estaba sumamente interesado en comprender la unidad entre el mundo sobrenatural estudiado por la teología y el mundo natural estudiado por la ciencia.

Visto así, la irrupción de la experiencia visionaria en su vida, vino a dar cuenta de aquello que antes, infructuosamente y durante años, había buscado en aquellas disciplinas.

A la luz de esa idea, entiendo que el itinerario intelectual y personal de Swedenborg puede dividirse en tres etapas claramente diferenciadas: una puramente científica, otra que camina a medias entre lo científico y lo teosófico, y por último la etapa visionaria. Ahora bien, si, por un lado, esas etapas pueden diferenciase con bastante claridad, por otro lado, resulta igualmente claro que se implican mutuamente y que deberían ser entendidas como momentos de una totalidad que alcanza su pleno sentido en la etapa final.

Dicho sea de paso, ese modo de comprender el recorrido como una totalidad cuya realización plena se alcanza al final, puede parecer hegeliano, pero, de hecho, es totalmente swedenborgiano. Ya que en una de sus obras del período medio Swedenborg, aunque no se refería a sí mismo, dijo lo siguiente:

"… sólo en la última, que corona la obra, puede aprehenderse la relación de las cosas que la precedieron, y sólo en ella resulta manifiesto el acuerdo entre las discordancias aparentes"

Pues bien, de mi parte trataré aquí de hacer patente, de un modo breve y general, la relación entre las ‘cosas precedentes’ y la última que ‘corona la obra’ en el caso del propio Swedenborg. Veamos...

El científico teórico y práctico

Emanuel Swedenborg nació en Estocolmo en Enero de 1688 en el seno de una familia acomodada y culta. Su padre era un obispo luterano que quiso proporcionarle a Emanuel la mejor educación posible dentro de su país y su época. Así, lo envió a estudiar en la universidad de Upsala, de la cual el joven Emanuel egresó a los veintiún años con un doctorado en Filosofía y Letras. Y luego, en lugar de seguir la carrera diplomática como deseaba su familia, se dedicó a las ciencias exactas y sus aplicaciones prácticas. Ciencias que en su tiempo se agrupaban bajo la denominación general de mathesis, y comprendían la física, óptica, astronomía y otras disciplinas afines.

Cabe recordar que la ciencia de ese tiempo estaba en un momento de su desarrollo que, visto retrospectivamente, podría llamarse inaugural y a la vez de enérgica expansión. En aquél tiempo todavía estaba cerca la perplejidad que había provocado la revolución astronómica de Galileo, así como el sabor amargo del juicio al que fue sometido por parte de la Iglesia. Por otra parte, los nuevos instrumentos ópticos, el telescopio y el microscopio, permitían por primera vez en la historia escrudiñar la trama íntima del mundo fenoménico de un modo sensible y directo. Y, como trasfondo de ese fervor investigador, se respiraba una tensión creciente entre la cultura religiosa y el materialismo cientificista que avanzaba animado por un intenso pathos revolucionario.

Dentro de ese contexto, Swedenborg realizó diversos aportes científicos de carácter teórico. Algunos de los cuales, según sus biógrafos, anticiparon descubrimientos que recién fueron legitimados por la comunidad científica más adelante. Sin embargo, el logro más llamativo de Swedenborg en el plano científico fue de orden práctico; ya que se trató de un problema de física aplicada. Junto a Polhem, un reconocido ingeniero de su época, resolvió un complicado desafío asociado a la construcción de un dique y la perforación de rocas por debajo del nivel del mar. Ese acierto le valió a Swedenborg el reconocimiento del rey, por lo cual fue nombrado Asesor Real del Colegio de Minas. Cargo en el cual se desempeñó durante muchos años.

Mientras tanto, y a diferencia de otros científicos para quienes la tensión entre fe y razón constituía una antinomia irreductible, Swedenborg se abocó también a la tarea, que hoy parece demasiado ingenua, de investigar mediante el microscopio la estructura corporal humana a fin de encontrar en ella el 'diseño del alma'. Es decir, quería encontrar las huellas en el plano biológico material de la forma espiritual del hombre.

Entendemos que subyacente a ese intento, que por razones obvias resultó frustrante y terminó por abandonar, se encuentra una intuición que más tarde tomaría una forma teórica bien desarrollada en su obra: la idea de una correspondencia entre los diversos órdenes de lo real, desde el espíritu puro hasta la realidad sensible y material inmediata.

Esa búsqueda de la unidad, y la intuición de una correspondencia entre reino espiritual y el mundo natural, llevaría a Swedenborg a girar desde la ciencia racional y experimental de sus contemporáneos, hacia una serie de especulaciones de tipo cosmológico y antropológico que rozan el terreno del esoterismo y la teosofía. Y de hecho presentan ciertas afinidades con las enseñanzas cabalística y hermética. Y así ingresamos en la segunda etapa de su itinerario...

El cosmólogo y teósofo

En este período, que comprende muchos años, Swedenborg escribió obras bastante peculiares: Una teoría sobre el origen del cosmos, un interesante estudio sobre el concepto de infinito, escritos sobre el hombre primordial (Adán) y la pareja primigenia (en donde resuena la doctrina hermética del andrógino originario), y diversos ensayos orientados a desvelar la naturaleza de la relación entre el alma y el cuerpo, entre varias otras cosas.

Pero me gustaría detenerme en sólo dos de las producciones de esa etapa, dado que resultan particularmente significativas en relación a su posterior experiencia visionaria. Me refiero al análisis de los sueños y la construcción de una 'clave jeroglífica', como la llamó, destinada a esclarecer las correspondencias entre los distintos planos de la realidad.

Cuándo comenzó Swedenborg a interesarse por la vida onírica, es algo que no puede definirse con exactitud. Pero existe constancia de que en un diario de viaje de 1739 -ocasión en la que visitó Holanda, Flandes, Francia e Italia- registró también algunos sueños.

Y en 1744 ya lo encontramos totalmente involucrado en la investigación de los sueños. Tal como demuestra su famoso manuscrito, conocido en el mundo anglosajón como 'Journal of dreams', en el cual registró casi trescientas notas entre relatos de sueños e interpretaciones. Es claro que para ese entonces la idea de que los sueños constituyen puentes de acceso legítimos hacia aspectos del alma desconocidos por la conciencia despierta, ya estaba plenamente asumida por parte de Swedenborg.
Aunque, cabe aclarar, dado que nuestra cultura está fuertemente marcada por el impacto y la difusión de la llamada 'psicología profunda', que la investigación de los sueños en Swedenborg no suponía un interés estrictamente psicológico, sino que se inscribía en una concepción más amplia: el saber sobre las ‘representaciones’ y ‘correspondencias’ (dos términos técnicos del vocabulario swedenborgiano) que articulan los distintos niveles de la realidad.

Es decir, Swedenborg compartía, la haya conocido o no, aquella visión neoplatónica según la cual ‘nada está separado'. De acuerdo a esa perspectiva, regiones del ser que difieren notablemente en cuanto a su forma exterior están, sin embargo, mutuamente implicadas en lo interior. A esa implicación Swedenborg la llamó en su obra 'correspondencia'. Y consideró que en virtud de las correspondencias un nivel determinado de la realidad puede 'representar', es decir simbolizar, a otro.

Así, la doctrina de las correspondencias y representaciones es la clave gnoseológica que explica su interés por los sueños. Y a partir de esa clave, aquello que había buscado infructuosamente por medio del microscopio lo intentó luego por medio de los sueños. Swedenborg quería penetrar en el misterio del alma humana. Y lo animaba la convicción de que dicho misterio tenía que aparecer representado en un nivel de realidad accesible a la investigación. Por eso, lo que no pudo encontrar en el cuerpo físico lo buscó luego en los sueños.

En lo concreto, la interpretación de los sueños registrados en el diario de 1744 sabe un tanto decepcionante. Pues, como Swedenborg anotaba para sí mismo, hay demasiados sobreentendidos en el diario, y, a menudo, el hilo interpretativo que lo llevaba a sus conclusiones resulta irreconocible. De todos modos, parece claro que no utilizaba un código convencional que asignara ciertos significados a ciertas imágenes oníricas, ni tampoco, al menos no en la mayoría de los casos, descomponía analíticamente la trama del sueño. Más bien parece que los interpretaba de manera global e intuitiva, en función de unas correspondencias que le resultaban inteligibles en ese mismo momento. Veamos un caso...

"Abril 25-26. En La Haya. Disfruté un encantador y precioso sueño por cerca de once horas, con varias representaciones. Había una mujer casada que me perseguía, pero yo me escapé. Eso significa que el Señor me está salvando de las tentaciones y persecuciones."
Y otro...

"Monté un fino caballo negro. Había dos. Aquél era fogoso. Primero se salió del camino, pero luego regresó. Eso significa que la tarea que debo emprender me resulta oscura todavía. Pero luego llegaré al camino correcto."

Se piense lo que se piense de tales interpretaciones, lo importante es que en los sueños buscaba una vía de conocimiento. El diario de los sueños de Swedenborg, a mi juicio, no debe ser leído como el diario de los secretos psicológicos de un individuo, lo que lo convertiría en una banalidad, sino como un documento acerca de su búsqueda 'filosófica', en el sentido antiguo -es decir intelectual y espiritual a la vez- de la palabra.

Al respecto, resulta significativo que para la misma época haya proyectado escribir un curioso trabajo teórico en 'clave jeroglífica' (la expresión es suya) que, según él, debía ser...

"capaz de conducirnos con mayor celeridad y garantía hasta las verdades ocultas"

Tiempo después efectivamente escribió esa clave y la publicó con un extenso y llamativo título: "Clave jeroglífica de los misterios naturales y espirituales por vía de las representaciones y correspondencias”. En ese trabajo Swedenborg expone diversas correspondencias ontológicas entre el mundo natural, el mundo humano y el mundo divino. Y plantea que a causa de tales correspondencias una cosa situada en cierto nivel de realidad es apta para representar a otra cosa situada en un nivel distinto. Es decir, las representaciones emanan de la correspondencia interior, oculta para la mirada ordinaria, entre lo representado y su representante. Por eso, por ejemplo, el cuerpo puede ser concebido como representación del alma; ya que entre ambos existe una diferencia de grado ontológico pero también una correspondencia interior. Y la misma clave la aplica al universo en su totalidad.

Es claro que Swedenborg tenía, para ese entonces, una concepción simbólica e intelectual del cosmos. En ese sentido no era un místico; al menos no en la acepción habitual de esa palabra; pues el deseo que lo impelía en sus investigaciones no era de unificación disolvente en lo divino, ni tampoco una pasión amorosa, sino un deseo de conocimiento, acompañado de una clara consciencia de la importancia de las mediaciones. Y creía posible alcanzar dicho conocimiento precisamente a través de las mediaciones, es decir de la trama de correspondencias y representaciones, que hacen posible la manifestación de lo invisible en el seno de lo visible.

Pero esa manifestación de lo invisible, debido a la propia naturaleza de lo manifestado, no podía darse sin una transformación interior. Es decir, el conocimiento que buscaba Swedenborg no era, ni es, de índole puramente teórica. Así, ya en esta etapa, en su diario de sueños, relató algunas visiones que tuvo, a veces, en el momento del despertar y en un estado de conciencia que denominó ‘intermedio entre el sueño y la vigilia’. Pero, poco después, a partir de 1745, las visiones, junto a la hermenéutica de la Biblia, pasaron a ser leitmotiv de su vida por casi treinta años y hasta su muerte, ocurrida en 1772. Entramos, así, en la tercera etapa de su itinerario espiritual.

El visionario y hermeneuta de la Biblia

En 1746 Swedenborg comenzó a escribir un 'Diarii Spiritualis' que prolongó durante casi veinte años. Christian Kupchik observa que dicho diario puede considerarse como la continuación del diario de los sueños. Y efectivamente todo parece indicar que aquello que Swedenborg había buscado y parcialmente encontrado en el mundo de los sueños, se le aparece ahora en forma de visiones sobrevenidas en plena vigilia. En un pasaje de su diario espiritual, declara:

"se me ha concedido el privilegio de poder escuchar las cosas extraordinarias que existen en la otra vida, que nunca antes habían llegado a conocimiento de ningún ser humano"

Esas 'cosas extraordinarias' incluyen descripciones de la estructura del Cielo y del Infierno, entendidos como estados internos del alma que se caracterizan, el uno por el bien y la verdad, y el otro por la maldad y la falsedad. También describe lo que llama el 'mundo de los espíritus', que corresponde a un estado intermedio entre aquellos dos. Habla de la forma aparente del hombre una vez que se ha liberado de la envoltura corporal física; de las relaciones entre los seres y su entorno; de los ángeles y su jerarquía; así como de la armonización de todas esas realidades en la unidad de lo que llama el Homo Maximus; es decir el Hombre Universal, al que identifica con el 'Señor' del monoteísmo y al que distingue de la Divinidad infinita y absolutamente inescrutable o deus absconditus.

Si bien las visiones del más allá experimentadas por Swedenborg pertenecen al ámbito de la escatología, debe entenderse, y él mismo dio indicaciones muy claras al respecto, que se trata de una escatología realizada. Es decir, las visiones hablan de un mundo que tiene realidad efectiva ya, aquí y ahora, y no de algo que habría de ocurrir en un futuro temporal. Sucede, según Swedenborg, que ordinariamente no podemos acceder a ese mundo porque nuestros sentidos internos están obturados, eclipsados podría decirse, por los aspectos más exteriores de nuestro ser y del mundo que nos rodea. Pero si nos fuera dado trascender antes de morir las limitaciones impuestas por las condiciones físicas de existencia, haríamos la experiencia del 'más allá' sin haber salido del más acá. Y ese fue el 'privilegio', según su testimonio, que le fue dado experimentar.

Dicho de otro modo, la escatología de Swedenborg no nos habla de ‘otro’ mundo sino de la dimensión más interior del mismo mundo que conocemos. Una dimensión a la que Swedenborg accedió a partir de una metamorfosis interna sobrevenida tras muchos años de búsqueda, y que fue, de algún modo, preparada por las etapas anteriores. Ahora bien, entrar en detalles sobre las enseñanzas de su etapa visionaria nos llevaría demasiado lejos. Dado que las visiones son muy numerosas y de distinto tipo, y además están articuladas a sus inquietudes teológicas y filosóficas. De modo que aquí sólo quiero referirme a tres puntos que me parecen importantes y están ligados de modo directo con el hilo expositivo de este post:

Dice Swedenborg:

"El Cielo está dividido en tres partes debido a un orden necesario. Los reinos interiores del hombre, alma y espíritu, cumplen un orden análogo al de los cielos: en efecto, también el hombre tiene un componente superior, uno intermedio y uno inferior. En él han sido emplazados, desde el comienzo de la creación, todos los niveles del orden divino, de manera tal que representa un símbolo de dicho orden"

Es decir, la arquitectura del Cielo se repite, como en un juego de muñecas rusas, en el interior del hombre. De ese modo el hombre, interiormente considerado, no sólo es un ser espiritual sino también el símbolo de la vida celestial. Y es en virtud de esa correspondencia celestial-humana que el hombre puede entrar en comunicación con el orden divino. En sus palabras:

"Según esto, el hombre guarda una comunión con el Cielo a partir de sus reinos interiores. Y tras la muerte se encamina hacia el reino de los ángeles, es decir, va al encuentro de los cielos superiores, intermedios o inferiores, dependiendo su destino final de la manera en que, durante el transcurso de su existencia terrena, acogió en su interior al divino bien y la divina verdad"

Es claro que en ese párrafo Swedenborg alude a la doctrina tradicional del Juicio Final, pero la interpreta en una clave que podría llamarse interiorizante: cada hombre, al morir, se dirige ahí donde lo lleva su propio ser interior, el cual está configurado de acuerdo al modo en que ha vivido. Así, no hay otro tribunal escatológico que el propio estado interno, determinado, a su vez, por la relación de cada uno con el bien y la verdad. La de Swedenborg, entonces, no sólo es una escatología realizada sino, esencialmente, una escatología interior.

Otra cosa que quiero señalar a propósito de las visiones es que Swedenborg nunca las consideró como meros datos de hecho. Pues estaba tan consciente del carácter simbólico de las mismas, que hasta expresó en forma explícita la clave hermenéutica que debía guiar su comprensión. Así, apoyado en su anterior concepción acerca de las correspondencias y representaciones, forjó la idea de 'apariencias reales' para dar cuenta de lo que veía y oía en el más allá.

Con esa paradójica noción, 'apariencia real', Swedenborg intentó explicar que aquello que experimentaba en las visiones era ‘aparente’ desde el punto de vista de su forma, es decir su modo de aparecer a la conciencia, pero a la vez ‘real’ desde un punto de vista ontológico. Pues no se trataba de fantasías de su propia creación, sino de los símbolos de un mundo que no habría podido hacerse consciente de otro modo.

Henry Corbin ha tratado en profundidad esa cuestión, pues reconoció en ella un equivalente occidental de las experiencias visionarias y ciertas nociones doctrinales existentes en las teosofías del Islam, particularmente de la rama chiita, a cuyo estudio estuvo dedicado durante muchísimos años. Para Corbin, las 'apariencias reales' de Swedenborg son afines con la idea, conocida en el Islam, de una ‘imaginación cognoscitiva’. Es decir, un tipo de imaginación que no se reduce al campo de la fantasía sino que funciona como un órgano de conocimiento capaz de hacer accesibles a la conciencia ciertos planos de lo real que ordinariamente están cerrados para los sentidos físicos y la reflexión racional.
Por último, quiero señalar algo más: que las mismas claves hermenéuticas que utilizó para explicar sus visiones, Swedenborg las usó para interpretar la Biblia. ¿Puede haber una indicación más clara de que entendía sus visiones de manera simbólica?

Sin embargo, que las entendiera de manera simbólica no significa que las fabricara arbitrariamente. Así, para comprender la obra del visionario es necesario contar con una ontología del símbolo y una metafísica de la imaginación. Y puede decirse que, exceptuando ciertas obras como las de Mircea Eliade y Henry Corbin, esas son materias pendientes todavía en Occidente. Como sea, el racionalismo rabioso que por boca de Kant se burló de Swedenborg en su época, hoy está en desuso. Sin embargo, el avance del nihilismo entre nosotros puede inducir errores análogos al de Kant. Pues, si la obra de Swedenborg no se puede comprender fuera del marco de su hermenéutica, esa hermenéutica, a su vez, no se puede comprender fuera de un horizonte de sentido abierto a la trascendencia.

Referencias: sólo unos pocos textos de la obra de Swedenborg han sido traducidos al español, pero en inglés se encuentra mucho material y accesible gratuitamente en Internet. Aquí van algunos enlaces:
- Textos teológicos y visionarios: theheavenlydoctrines.org
- La clave jeroglífica a la que me referí en el post: An hierogliphic key
- El libro de los sueños de 1744: Journal Dreams of Swedenborg
- El estudio de H. Corbin sobre Swedenborg y su hermenéutica comparativa respecto a los sabios del Islam, se encuentra también en inglés y gratuitamente en Internet: Swedenborg and esoteric Islam
En español han sido publicados diversos textos traducidos y anotados por distintos estudiosos, entre ellos Blom Dahl y Kupchik, mencionados en el post, y Antón Pacheco:
- Del Cielo y del Infierno, publicado por Siruela.
- Arquitectura del cielo, que contiene algunos textos incluidos de la edición de Siruela -con otra traducción-, junto a una interpretación del Génesis, y fue editado por Adriana Hidalgo
- El habitante de dos mundos, que contiene algunos textos científicos, teosóficos y visionarios, y fue editado por Trotta.
- Un artículo interesante es el de Antón Pacheco titulado Representación y concepto en Swedenborg, publicado en la revista Epimeleia, año X, nro. 19/20
De mi parte, he escrito algunos trabajos al respecto, y me permito citarme debido a la falta de materiales en español sobre el asunto:
- Un ensayo breve sobre la polémica de Kant contra Swedenborg: Kant contra Swedenborg, sueños de un racionalista
- Un trabajo sobre la noción de espacio espiritual; trabajo que nunca me conformó pero tiene abundantes notas que podrían servir de guía a quien quiera profundizar el tema y las cuesitones asociadas al mismo: Experiencia visionaria y espacio espiritual en Swedenborg
- Y una breve nota sobre la teoría de las correspondencias, escrita cuando acababa de descubrir a Swedeborg y aún no había leído la obra de H. Corbin: La teoría de las correspondencias en Swendenborg.

10 comentarios:

  1. No tengo mucha idea de este tema, no recuerdo bien los sueños del visionario de Kant, hemos de recuperar esa dimensión simbólica del mundo material que por exceso de racionalismo se deja de lado.
    A mí me ha intrigado mucho la Cábala judía, a qué se dedicaban los cabalistas judíos y recién he encontrado alguien que parece lo sabe explicar. Me refiero a Mario Saban que ha sacado una tesis doctoral "El misterio de la creación" en antropología, me interesa porque es una tradición de sabios que durante siglos se han dedicado a esta curiosa interpretación bíblica llena de sugerencias sobre esa dimensión simbólica de la que nos olvidamos empobreciendo nuestra visión del mundo. Y también me agrada porque fueron muchos los judíos de Sefarad que se dedicaron a esta práctica

    http://www.youtube.com/watch?v=EtBoyz4gkks

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  2. Como bien dices, Ana, recuperar esa dimensión simbólica del mundo es una de las cosas a las que invita la obra de Swedenborg.

    Esa dimensión se ha perdido hace tiempo, y me atrevería a decir que ya antes del ascenso del racionalismo, el propio cristianismo, al menos el latino, con su excesiva insistencia en la historcidad de Jesús (que no estoy negando) ha preparado el terreno para ese olvido del símbolo. Aunque este tema nos llevaría demasiado lejos...

    Como sea, esa simbolicidad del universo es clara en el Islam, pues está presente en el Corán y en grandes maestros como Ibn Arabi y otros, pero sin duda también está presente en la teosofías judías.

    Dicho sea de paso, y ya que mencionas la kabbalah, hay mucha afinidad entre esta última y las ideas de Swedenborg. Incluso él cuenta que una de las visiones se le reveló que debía estudiar hebreo si quería comprender el sentido íntimo de la escritura bíblica. Y de hecho lo hizo, es decir lo estudió, y luego llegó a afirmar que cada consonante de cada palabra hebrea de la escritura encerraba más significados de los que podía comprender la razón natural humana.

    De mi parte conozco muy poco ese tema, pero puedo decir, por si a ti o a alguien más le interesa, que el autor más profundo que he leído al respecto es Friedrich Weinreb. Hace unos años, sus estudios sobre la Biblia me dejaron totalmente asombrado.

    En fin, habría mucho que decir sobre todo esto, y mucho más por investigar, pero lo importante en principio es seamos sensibles a la necesidad de esa recuperación a la que hiciste referencia. Gracias por tu interés.

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  3. Me he permitido incluir en tu entrada, Max, una imagen del libro publicado por la editorial Alegoría, sevillana y que dirige nuestro asociado de la AAFi Carlos Rodríguez Estacio. Se trata de *El profeta del norte*, de José Antonio Antón Pacheco:
    http://editorialalegoria.com/el-profeta-del-norte/
    Es muy interesante ese concepto de "correspondencias" que sin duda hubiera hecho las delicias de Bretón y los surrealistas, y la concepción del hombre como microcosmos hunde sus raíces en el humanismo.
    Estoy muy de acuerdo con vosotros en superar el racionalismo, y su malsano dualismo, mediante la recuperación, interpretación y actualización de la cultura simbólica...

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  4. Gracias José. Sabía de la existencia de ese libro pero lamentablemente por aquí aún no se consigue (no al menos hasta la última vez que lo intenté). Por eso mencioné el artículo del mismo autor de la revista Epimeleia, que sí pude conseguir y me parece muy bueno.

    Antón Pacheco es uno de los pocos hispano parlantes que se ha ocupado del asunto dentro de la perspectiva abierta por Heny Corbin. Y este último, dicho sea de paso, es el mejor intérprete de Swedenborg que conozco.

    Un abrazo

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  5. Estupendo y muy claro tu post. He repasado el comentario que hiciste en la entrada de José sobre el mundo onírico, y me gustaría preguntarte, si no lo consideras mucha indiscreción, qué te llevó a estudiar con tanto interés la obra de Swedenborg, y qué grado de verdad le atribuyes a los descubrimientos de su época de visiones, o qué utilidad filosófica podrían tener.

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  6. Bien, es una pregunta personal, de modo que te contestaré hasta donde mi pudor lo permite :-)

    Llegué a Swedenborg preocupado por la escatología, en sentido amplio. Es decir por las concepciones acerca de la vida post mortem, y los significados que encierran las diversas formas de representarla. Pues, desde el libro de Ezequiel hasta el Dante, pasando por el Apocalipsis, y eso para hablar sólo del mundo judeocristiano, tenemos un acervo de imágenes e ideas asociadas al 'más allá', al cual la cultura racionalista y materialista ha reducido al rango de piezas de museo.

    E incluyo a los propios religiosos que, salvo excepciones, durante mucho tiempo no atinaron a dar de esas imágenes más que una interpretación moralista y mediocre: o te portas bien e irás al cielo, es decir estarás mejor que aquí, o te portas mal e irás al infierno, es decir la pasarás muy mal. Pero es obvio que esa idiotez no puede conformar a quien se pregunta por el destino trascendente del hombre.

    Con eso respondo a tu primera pregunta. En cuanto a la segunda, es más difícil pues habría que aclarar que entendemos por 'verdad'...

    Pegando un salto, para no detenerme en ese complicado asunto, te diría que, pasado un primer momento de desconcierto, interpreto las visiones de Swedenborg siguiendo la clave que él mismo ofreció para ello: son apariencias, pero esas apariencias son 'reales' pues simbolizan modalidades de nuestro ser que no se dejan atrapar en nuestras concepciones abstractas.

    Dicho de otro modo, creo que hay en Swedenborg tanta verdad como en el arte, o en la simbología y los ritos religiosos. Pero a condición de darle a esas cosas una dimensión cognosctiva, noética, es decir, asumir que son modos de acceso a lo real y no meramente ficciones. Es decir, hay que salir de la triple aporía entre reducirlas a la ficción o reducirlas a nociones abstractas o reducirlas a la literalidad de su descripción.

    Y ese último fue, a mi juicio, el error de los espiritistas y otros en relación a Swedenborg: creyeron que se trataba de datos de hecho para ser creídos, y no de representaciones (como el mismo visionario las consideró) para ser interpretadas e interiorizadas.

    En definitiva, todo se resume en esta profunda y desconcertante frase del murciano Ibn Arabi: "el mundo es imaginario, pero en su verdadera naturaleza es bien real"

    Así, llegar a lo real por la vía de la imagen, y la imagen a diferencia del concepto es un conocimiento por 'presencia', es uno de los desafíos que tenemos por delante desde que el racionalismo comenzó a caerse a pedazos...

    Gracias por tu interés, Encarna.

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  7. Hay una idea de tu artículo, Max, que me gustaría comentar. El poder cognitivo de la imaginación, tan despreciada por el racionalismo moderno y el intelectualismo tradicional. Ibn Tofail de Guadix y otros filósofos y místicos musulmanes exploraron esta vía, la capacidad de la imaginación para explorar los universales. Apócrifamente, especulé hace muchísimos años, en uno de mis primeros escritos, sobre la posibilidad de una teología que no atribuya el poder creador al Noûs o la Voluntad, no intelectualista ni voluntarista, sino imaginativa. Si a Dios no podemos verlo porque no es sustancia física, ni conocerlo ya que es nada, nos queda soñarlo... http://www.vbeda.com/Ibiut/v/centrale.php?ver=0804122.jpg&b=24&tit=&es=00000716 (para leer la segunda pg. del artículo hay que subir arriba y darle a "siguiente").

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  8. Efectivamente esa idea es central en Swedenborg, así como en toda la línea de autores estudiados por Corbin, y en Corbin mismo por supuesto.

    Acabo de leer tu interesante artículo. Y pienso que ese juego entre la nada y la imaginación divina, que comentas, es algo que vale la pena rescatar y profundizar.

    Alguna vez escuché decir a un eximio profesor argentino que en Occidente hubo siempre dos grandes líneas ontológicas: una cuya noción clave es la sustancia, y otra que podría denominarse teofánica o epifánica en la cual el ser es concebido como un aparecer.

    Así, el mundo de lo sueños, humanos o divinos, como el de las visiones, pertenece al orden del aparecer. Parafraseándote diría que no son nada, desde el punto de vista de la sustancia, pero son algo -sueños, imaginaciones- desde el punto de vsita del aparecer.

    En fin, habría que seguir estudiando y pensando todas estas cosas. Gracias por la observación y por el artículo (si lo tienes en word me gustaría llevármelo a La Escalera, pues como está publicado como imagen no lo pude copiar). Abrazo.

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  9. Estimado Máximo. Ese artículo se publicó en abril de 1989 en papel. Por entonces yo ni siquiera sabía lo que era un sistema operativo o un procesador de textos... En cuanto pueda te lo trascribo y envío. Seguramente al hacerlo lo transformaré. Desde entonces ha llovido, he leído y he vivido...
    Sí, el sustancialismo nos priva de la visión dinámica, del devenir real...
    A fin de cuentas, sabemos poco y casi todo lo imaginamos, incluida la identidad personal, ese cuento de cuentos.

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  10. No quiero complicarte José. No te preocupes. Sea ese u otro, y más temprano o más tarde, tus trabajos son siempre bienvenidos.

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