lunes, 5 de junio de 2017

EL CREDO DE ERICH FROMM

EL CREDO DE ERICH FROMM

Lo he encontrado en Las cadenas de la ilusión del que estimo capítulo central “El inconsciente social”, gran descubrimiento de Freud y sobre todo de Marx.

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Explica en qué pararon esos dos pensamientos radicales y humanistas en sus inicios. Como tantas grandes ideas que ha parido la humanidad degeneraron en ideología, nada liberador destino.

A pesar de esos avatares Fromm tiene fe y esperanza en que la humanidad pueda salir del atolladero en el que se hallaba cuando escribió este volumen. Plena guerra fría, ¿cuál de los dos apretaría antes el botón desencadenando el infierno? Imposible saberlo, se conocían las posibles consecuencias, extinción y destrucción.

Han pasado más de 50 años de aquello pero el credo me parece que sigue siendo válido, guía posible para no perderse en elucubraciones:

“Creo que el hombre es producto de la evolución natural; que forma parte de la naturaleza y que sin embargo la trasciende por estar dotado de raciocinio y conciencia.

Creo que la esencia humana es discernible. Sin embargo esta esencia no es una sustancia que caracterice al hombre a lo largo de toda la historia. La esencia del hombre consiste en la mencionada contradicción inherente a su existencia y tal contradicción le obliga a reaccionar para tratar de resolverla. El hombre no puede permanecer neutral pasivo frente a esa dicotomía existencial. Por el mero hecho de ser humano, la vida le plantea un problema: cómo vencer esa disociación entre sí mismo y el mundo exterior a fin de poder llegar a experimentar unión y concordia con respecto a sus semejantes y a la naturaleza. El hombre tiene que resolver este problema en todos los momentos de su vida. No sólo –y ni siquiera en primer término- mediante pensamientos y palabras, sino por su modo de actuar.

Creo que existe un número limitado y discernible de respuestas al interrogante de la existencia y sin embargo sólo hay dos categorías básicas de respuestas. En una el hombre intenta reencontrar la armonía con la naturaleza mediante la regresión a una forma prehumana de existencia, eliminando sus cualidades específicas, el raciocionio y el amor. En la otra, su meta es el pleno desarrollo de sus potencialidades humanas, hasta lograr una nueva armonía con su prójimo y con la naturaleza.

Creo que la primera solución está condenada al fracaso, conduce a la muerte…La segunda respuesta exige la eliminación de la codicia y el egocentrismo; requiere disciplina, voluntad, respeto hacia quienes nos muestren el camino. Y aunque esta es la solución más difícil, es la única que no está predestinada al fracaso. De hecho aun antes de que la meta final se alcance, la actividad y el esfuerzo invertidos en conseguirla producen un efecto unificador e integrador que intensifica las energías vitales del hombre.

Creo que la alternativa fundamental del hombre es la elección entre la vida y la muerte. Todo acto implica tal elección. El hombre es libre de hacerla, pero su libertad es limitada. Existen muchas condiciones favorables y desfavorables que interfieren… Al hombre le corresponde ampliar el margen de libertad, fortalecer las condiciones que conducen a la vida por encima de las que conducen a la muerte… La vida significa cambio constante, nacimiento continuo. La muerte significa dejar de desarrollarse, osificación, repetición. El triste destino de muchos es no llevar a cabo la elección, no están ni muertos ni vivos, la vida se les vuelve un lastre, una actividad sin propósito…
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Creo que ni la vida ni la historia tienen un significado último que a su vez confiera significado a la vida del individuo, o que justifique su sufrimiento... Ninguna deidad salva o condena al hombre, tanto si está cubierta con vestiduras teológicas como filosóficas o históricas. Sólo el hombre puede encontrar una meta para su vida y los medios que le permitan realizarla. No podrá encontrar la salvación en una respuesta eterna o absoluta, pero puede luchar por obtener un grado de intensidad, profundidad y nitidez en sus experiencias que le proporcione la fortaleza para vivir sin ilusiones y para ser libre.

Creo que nadie puede salvar a su prójimo eligiendo por él. Lo único que un hombre puede hacer es mostrarle las alternativas de forma fraternal y veraz pero sin sentimentalismo ni ilusión. El enfrentamiento con las verdaderas alternativas puede despertar todas las energías ocultas en una persona…

Creo que existen dos formas de llegar a la elección del bien. La primera es la del deber y la obediencia a los mandamientos morales. Este camino puede resultar eficaz pero a lo largo de miles de años sólo una minoría ha cumplido los Mandamientos. El otro camino es educarse en hacer lo que es bueno, positivo o correcto y en sentir bienestar al hacerlo. No me refiero al placer sino a una vitalidad exaltada a través de la cual confirmo mis fuerzas y mi identidad.

Creo que educar significa situar a la juventud frente a lo mejor de la herencia de la especie humana. Pero, aun cuando una gran parte de esa herencia esté expresada en palabras no podrá ser efectiva a menos que esas palabras se hagan realidad en la persona del profesor  en la práctica y en la estructura de la sociedad. Sólo cuando la idea se materializa en el ser humano es capaz de influir en el hombre, la idea que se queda en palabras sólo podrá cambiar las palabras.

Creo en la perfectibilidad del hombre. Significa que el hombre puede alcanzar su meta, pero no quiere decir que tenga que alcanzarla. SI el individuo no elige la vida y se desarrolla se volverá destructivo, un cadáver viviente. La maldad y la pérdida de uno mismo son tan reales como la bondad y la conciencia de estar vivo.

Creo que sólo excepcionalmente un hombre nace santo o criminal… En consecuencia los factores más importantes para la evolución del individuo son la estructura y valores de la sociedad en que ha nacido.

Creo que la sociedad ejerce una doble función, inhibidora y de estimulación. Sólo colaborando con otros y sólo en el proceso de trabajo, el hombre puede desarrollar su potencial, sólo puede crearse a sí mismo  a través del proceso histórico. Pero hasta el momento presente casi todas las sociedades han servido a los intereses y propósitos de unos pocos que han utilizado a muchos….esos pocos usaron el poder para embrutecer e intimidar a la mayoría, y a sí mismos…Sólo cuando los propósitos de la sociedad sean idénticos a los propósitos de la humanidad, la sociedad dejara de invalidar al hombre y de estimular su maldad.

Creo que todo hombre representa la humanidad. Somos diferentes en cuanto a inteligencia, salud, talento…Sin embargo todos somos uno. Todos somos santos y pecadores, adultos y niños, y nadie es superior o juez de los demás. Todos hemos sido despertados con Buda, crucificados con Cristo, y todos hemos robado y matado con Genghis Khan…

Creo que el hombre sólo puede vislumbrar la experiencia del hombre universal mediante la realización de su individualidad y nunca reduciéndose a sí mismo al común denominador abstracto…

Creo que el Mundo Único que está emergiendo sólo podrá llegar a existir si logra nacer un Hombre nuevo…que se considera ciudadano del mundo cuya lealtad se prodiga en la raza humana y en la vida, no en cualquier fragmento aislado de una y otro, un hombre que ama a su país porque ama la humanidad, y cuyo juicio no está deformado por lealtades tribales.

Creo que el crecimiento del hombre es un proceso de nacimiento continuo, de continuo despertar. Habitualmente estamos adormilados, apenas lo suficientemente despiertos para vivir, que es la única tarea importante de un ser vivo.

Creo que el desarrollo del hombre durante estos últimos cuatro mil años de historia es verdaderamente aterrador, Su razonamiento ha evolucionado…pero en el momento mismo de su máximo triunfo, cuando ya estaba en los umbrales de un nuevo mundo ha sucumbido ante el poder de las cosas y las organizaciones que él mismo ha creado. Ha convertido la producción y la distribución en su nuevo ídolo…Se enorgullece de su poder a fin de ocultar su bancarrota humana.

Creo que la única fuerza capaz de salvarnos del autoaniquilamiento es la razón, la capacidad de reconocer la irrealidad de la mayoría de las ideas sostenidas por el hombre y de penetrar en esa realidad envuelta por innumerables capas de engaño y falsas ideologías.

Creo que la razón no podrá salvarnos a menos que el hombre tenga fe y esperanza… Verdaderamente donde no exista la fe en el hombre, la fe en las máquinas no nos salvará de desaparecer, muy al contrario ese tipo de fe no hará sino acelerar el final.

Creo que el reconocimiento de la verdad no es esencialmente una cuestión de inteligencia sino de carácter. El elemento más importante es el valor de decir no, de desobedecer los mandatos del poder y de la opinión pública, de despertar del sueño y volverse humano, de despertar y sacudirse la sensación de impotencia y futilidad. Eva y Prometeo son los dos grandes rebeldes cuyos delitos liberaron a la humanidad. 

Creo en la libertad, en el derecho del hombre a ser él mismo, de afirmarse y luchar contra todos aquellos que traten de impedirle que sea él mismo. La libertad es mucho más que la ausencia de opresión, es la libertad para ser mucho en lugar de tener mucho.

Creo que uno de los errores más desastrosos de la vida social e individual consiste en dejarse atrapar por alternativas de pensamiento estereotipadas.

Creo que el hombre debe librarse de las ilusiones que lo esclavizan y lo paralizan, que debe adquirir conciencia de su realidad interior y exterior para poder crear un mundo que no necesite ilusiones.

….

Si todos perecemos en un holocausto nuclear no se deberá a que el hombre no fue capaz de volverse humano, ni a que era inherentemente malo, se deberá a que el consenso de la estupidez le ha impedido ver la realidad y actuar de acuerdo con la verdad.


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