sábado, 20 de abril de 2013

EVA ILLOUZ Y LOS LIBROS DE AUTOAYUDA

Autora: Ana Azanza 

EVA ILLOUZ, El sufrimiento triunfante


Luis Roca me sugirió la lectura de Eva Illouz “La salvación del alma moderna”, (2010). Fue a propósito de Onfray y su crítica al mito Freud, creador del psicoanálisis.  “La salvación del alma moderna” no es propiamente una crítica a Freud, sino un estudio profundo y documentado en hechos y realidades de la sociedad estadounidense que han dado pie a la hegemonía del discurso terapéutico en ese país, y por extensión a todos los países que de manera más o menos cercana nos podemos considerar en su órbita. Esto último es una estimación personal. Me parece que la presencia de las terapias “psi” en la sociedad es mayor en nuestros vecinos del norte.
Seguramente si se hiciera un estudio comparativo en número de consultas abiertas y de pacientes que acuden, la proporción es mayor en Europa que en España. Me refiero a terapias de tipo conductual cognitivo, no a la psiquiatría que soluciona en mayor medida con medicamentos.
También me parece, y es lo que más me interesa, que el psicoanálisis ha afectado profundamente a toda la filosofía francesa del siglo XX. No se puede leer con provecho casi ninguno de los autores a partir de la segunda mitad del siglo sin familiaridad con el universo freudiano.

El libro de Illouz tiene gracia porque hace algunas críticas a Freud que coinciden con las que hace Onfray. Pero lo que más me ha gustado de esta autora es que muestra paso a paso cómo las influencias ideológicas en la sociedad no son nada lineales ni previsibles. Hay movimientos que en su fase “teórica” se critican unos a otros, por ejemplo psicoanálisis y feminismo en determinado momento, y sin embargo en la práctica de la recepción social de esas ideas y su condensación en determinados usos, acaban coincidiendo. En ese sentido es muy interesante la sociología cultural, un campo del saber al que Eva Illouz ha hecho sus aportaciones.

Me ha llamado la atención el capítulo “El sufrimiento triunfante”. Illouz trata de la exitosa literatura de los libros de autoayuda. En lugar de “echar pestes” de ella como persona ilustrada que es, se ha molestado en intentar descifrar el éxito de una industria que mueve millones de dólares cada año y que se ha contagiado de manera global.

La autoayuda tuvo sus precursores en el siglo XIX. Illouz señala a un tal Smiles, Self Help, Londres (1882). Pero el gran impulsor de la terapia psicológica fue el médico vienés Sigmund Freud. Freud era muy pesimista respecto a lo que se puede hacer para solucionar la miseria neurótica de la humanidad, la curación que él propone se hace por transferencia inconsciente con el psicoanalista. Entiendo mejor que lo de la “atención flotante” caricaturizada por Onfray quizá tenga cierta base, todo está en la confianza que el paciente deposite en el método terapéutico, no en el método mismo.

Me llama la atención que esta estudiosa expone sin acritud, al contrario que Onfray que es muy batallador en ese aspecto, lo que el mismo Freud pensaba de los pobres: No tienen remedio porque prefieren su agonía mental. Sólo el trabajo científico y caro del analista puede salvar.

Mientras que la autoayuda es norteamericana en la expresión de sus objetivos “la autoayuda es una serie de logros acumulados”, Freud aseguraba que no podemos librarnos de nuestra infancia y sus heridas.  Hubo trasvases del psicoanálisis a los libros de autoayuda, ya que es una constante de esta literatura afirmar que el origen de nuestra identidad es inconsciente y que la causa de los conflictos está dentro de la persona antes que fuera. Los conflictos son superables mediante el manejo adecuado del yo y de la psique.

La autoayuda ha producido una narrativa del yo que está representada en los talk shows y en los grupos de apoyo. Uno de los más conocidos en USA, con audiencias millonarias, es el de Oprah Winfrey, a la que la mayoría de los españoles hemos conocido con motivo del “arrepentimiento” de Lance Armstrong, una vez que saltó el escándalo de sus 7 tours ganados con ayuda del dopaje. Merece la pena ver la entrevista para situarse en todo lo que Eva Illouz ha investigado y explica en su libro sobre “La salvación del alma moderna”.



En ese programa que a todos embelesa está representada la estructura social profunda, un esquema cultural internalizado que organiza la percepción del yo y de los otros, y la  interacción interpersonal, según expresión de otro autor conocido y comentado por  Luis, Terry Eagleton.

¿Por qué triunfó la terapia en USA? Porque ayuda a manejar los trastornos de la biografía (divorcio, duelo, enfermedad, paro laboral), porque ayuda a navegar en las incertidumbres de la vida y los problemas del “tamaño” del yo, es decir, la falta de autoafirmación o la baja autoestima.

Para que el freudismo fuera digerido en Estados Unidos hubo que quitarle el determinismo, fue obra de H. Hartmann. Para los psicólogos del yo, el yo, antes que el ello, es la base de la conducta humana y es entendido en términos de funciones adaptativas. Infancia y sociedad(1963) de Erikson marca una época en la historia de la integración del psicoanálisis en la cultura popular americana. Mientras que Freud creía que el yo lucha por resolver conflictos entre impulsos instintivos y restricciones morales, Erikson sostenía que el yo es un sistema autónomo que trata con la realidad a través de la percepción, el pensamiento, la atención y la memoria. Mientras que Freud se preocupaba por la influencia de los padres en la personalidad en desarrollo del niño, Erikson subrayaba el escenario histórico en el que el niño es moldeado. Mientras que Freud explora de qué manera los traumas tempranos podían provocar psicopatologías en la adultez, la meta de Erikson era llamar la atención sobre la capacidad humana de triunfar de los peligros de la vida.

Pero fue Abraham Maslow quien fusionó la síntesis más exitosa entre el espíritu de la autoayuda y la psicología. Una persona nunca es estática. Y es responsabilidad de la persona realizar todas las potencialidades que le sea posible. El formuló la hipótesis que tendría un éxito rotundo: es el miedo al éxito lo que apartaba a una persona de aspirar a la grandeza y a la autoarrelización. De ahí surgió el nuevo ideal, los que no se conforman con ese ideal de la autorrealización están enfermos. Salud y autorrealización se identifican abriendo un campo más amplio para el trabajo de los psicólogos.

Causas del éxito de la psicología de “autoayuda”


A finales de los 60 la autoridad profesional del psicólogo se hizo predominante, en un ambiente despolitizado, tras el fracaso de Vietnam, que por otra parte ofreció abundantes pacientes a la terapia en forma de veteranos de guerra horrorizados por lo que tuvieron que hacer y vivir. La sociedad se centra menos en lo político y más en el bienestar personal, en la vida privada y en la sexualidad satisfactoria. Los libros de bolsillo ponen la autoayuda al alcance de la masa del público. La industria de este tipo de publicaciones creció exponencialmente.

El Estado adoptó el discurso terapéutico. La salud mental era necesaria para la eficacia de las Fuerzas Armadas, la seguridad nacional, la tranquilidad nacional y la competitividad económica. Entre 1968 y 1983 el número de psicólogos clínicos se triplicó. Hay más terapeutas que bibliotecarios, que bomberos o carteros, el doble de psicólogos que farmacéuticos o dentistas. En 1986 eran más de 250.000 los psicólogos estadounidenses.

Los modernos actores colectivos tienen una legitimidad mayor si se fundan en una teoría de la pertenencia y la actividad individual. Ello no se opone al poder estatal. Michel Foucault y John Meyer han sostenido que el Estado moderno organiza su poder alrededor de visiones del individuo. El Estado ayudado por los mass media ha provisto repertorios disponibles para enmarcar los lenguajes de la personalidad y el individualismo. El yo psicológico no es “asocial” como pretenden algunos desde el comunitarismo. El discurso terapéutico provee de mayor legitimidad al Estado, es una de las fuentes principales de los modelos del individualismo propagados por el propio Estado

La industria farmacéutica con la publicación del DSM, elenco de trastornos psicológicos es otro de los puntales de la “psicologización”. ¿Qué es un trastorno mental?  Cualquier conducta que se sale de la media corre el riesgo de ser patologizada. Por ejemplo, según dicho manual el trastorno de personalidad histriónica tiene lugar cuando los individuos buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente, o el trastorno de personalidad por evitación se caracteriza por una hipersensibilidad al potencial rechazo, a la humillación, a la vergüenza y una resistencia a involucrarse en relaciones a menos que le sean dadas fuertes garantías de una aceptación crítica.
En definitiva los psicólogos deciden y regulan cuál es la cantidad “oficial” de enfado o vergüenza adecuada. Dejemos de lado la importancia del DSM para que los profesionales de la salud mental puedan cobrar de las compañías de seguros, y su utilidad para la expansión de la industria farmacéutica: “Para las compañías farmacéuticas las masas sin clasificar constituyen un vasto campo sin explotar, los campos petrolíferos vírgenes de Alaska de los trastornos mentales.”(Kutchins y Kirk, Making us crazy: The psychiatric Bible and the creation of mental disorders NY (1997)

La sociedad civil se ha mostrado receptiva a la psicología. Empezando por el feminismo que coincidía en reclamar la sexualidad como el campo de la emancipación. Nuevas categorías como la de “trauma” o “maltrato infantil” fueron impulsadas por feministas como Alice Miller, que sotenía que los niños maltratados no eran conscientes de ello, como lo son los adultos y que de mayores reproducirán ese sufrimiento.

Los veteranos de Vietnam colaboraron a la narrativa terapeútica con la categoría de estrés postraumático que sirvió en casos variados llevados ante la justicia como violaciones, crímenes o accidentes. Son categorías que intentar fundamentar las reclamaciones legales  en el daño psicológico. Pero Eva Illouz sostiene que no es la experiencia la que produce el efecto traumático sino el modo como la recordamos. La experiencia está mediada por la cultura. Tanto las feministas como los veteranos de Vietnam pudieron reconstruir ciertas experiencias como traumáticas porque tenía en común unos supuestos culturales que podían fusionarse en un recuerdo del trauma, que la gente podía ser dañada psíquicamente, y que los daños estaban ahí con el paso del tiempo, incluso sin el recuerdo de los hechos, que la compensación podía ser reclamada años después del trauma y que el trauma amenaza las posibilidades del propio desarrollo por ser contrario a la igualdad de todos los ciudadanos a tener una psique saludable.

Vemos que los problemas sociales son psicologizados y devueltos a la sociedad para plantear nuevas reivindicaciones. Es lo que Latour ha llamado un proceso de traducción de la narrativa terapéutica. Feministas, psicólogos, el Estado y sus trabajadores sociales, académicos de la salud mental, compañías de seguros y farmacéuticas han traducido la narrativa terapéutica porque todos tienen un interés en la promoción de una narrativa del yo definida por la patología. La doctrina terapéutica funciona como una zona comercial cultural ampliada.

Se ha definido un campo en el que un gran número de actores sociales convergen, el de la salud emocional, una nueva mercancía que se produce y circula. Y de ahí surgen nuevas formas de capital, lo que Illouz llama “capital emocional” del que se ocupó Luis Roca hace no mucho en este mismo blog. De la misma manera que los campos artísticos definen el arte verdadero, los campos emocionales define la salud emocional real.

Escenificación social de la autoayuda


Es cierto que la narrativa de la autoayuda transforma algunos problemas que antes se calificaban de “morales” en enfermedad. Y por otra parte nadie sabe a ciencia cierta qué es una vida plenamente autorrealizada, la propia expresión “vida plenamente autorrealizada” genera las disfunciones, puesto que nunca es todo perfecto en una vida humana standard.

La cultura terapéutica genera la estructura narrativa en la que el sufrimiento y la condición de víctima definan de hecho al yo. Todo son oportunidades fallidas del propio desarrollo, el sufrimiento es el nudo central. Cae en la circularidad, contar una historia es un contar un “yo enfermo”. El cuidado de sí, como señaló Foucault, promueve paradójicamente la perspectiva de un “yo enfermo” que necesita cuidarse.

Todos estos textos de autoayuda son hoy representados en la televisión. El programa de Oprah Winfrey es visto diariamente por más de 33 millones de personas. Esta vedette de la televisión a la que antes me he referido utiliza el estilo de entrevista terapéutico y promueve ese estilo de mejoramiento de sí. No es una entrevistadora cualquiera. Oprah es hoy una de las mujeres más ricas de América porque  con muy poca inversión, sólo exige que la persona permita espiar los oscuros rincones de su psique y esté dispuesta a contar su historia, se genera una plusvalía descomunal. La conversión de aflicciones privadas en preocupaciones públicas atrae a las masas mediante la transgresión del límite entre lo privado y lo público.

Esa narrativa trae a escena el miedo, la vergüenza, pero no activa ideas morales relacionadas con la culpa. Las nuevas historias de moda son historias acerca de la agonía psíquica, incluso en medio de la fama y éxito mediático. La propia Oprah Winfrey reconstruyó su vida de manera terapéutica. Todo fluye desde su lucha perpetua contra la obesidad, su adolescencia sexualmente activa, su disposición a quedar en ridículo por un hombre en nombre del amor. “Sé que parece que lo tengo todo” dice mirando su complejo de cine y tv en el centro de Chicago, “la gente piensa que porque una está en la tele tiene el mundo en un puño. Pero yo he luchado con MI propia consideración de mí misma durante muchos años, muchos años. Y recién estoy llegando a un acuerdo razonable”.


Jane Fonda y Brooke Shields han escrito sendas autobiografías en la que construyen su identidad en lucha con el sufrimiento en medio del éxito mundano. Shields hace girar su vida en relación a su depresión postparto, Down came the rain, My journey through postpartum depresión (2005)
Jane Fonda, autora de "My life so far" (2005)

La narrativa de la autoayuda es una narrativa de la memoria y de la memoria del sufrimiento en la que el ejercicio de la memoria trae una redención respecto de esa memoria. Abraham Lincoln pensaba que era una locura extraer conclusiones sobre la vida de una persona a partir de su infancia. Pero hoy las cosas han cambiado mucho, en parte gracias a Freud y a la psicología. Esos libros de moda no son motivo de queja ni condena para Illouz, sino de cuestionamiento. ¿qué estructura simbólica ha estado en consonancia en la autoayuda con las carencias y deseos de los hombres y mujeres de hoy?

Illouz apunta varios factores con los que termino esta larga exposición:

  1. Trata de explicar emociones contradictorias (amar demasiado y no amar lo suficiente), el lenguaje terapéutico es altamente flexible, sirve para todo y es capaz de explicar lo particular a la vez que puede ser compartido por otros.
  2. La narrativa terapéutica explota al paciente como víctima de las circunstancias y a la vez como autor de su propia vida.
  3. Utiliza el patrón de la narrativa judeocristiana: el pasado explica el presente y el futuro está ahí porque en él está la cura.
  4. Uno es responsable de su bienestar psíquico, pero sin culpa moral, libera de la culpa.
  5. Es preformativa, los grupos de apoyo o los talk shows son lugares en qué se produce la curación.
  6. Es contagiosa, se trasmite a parientes y amigos.
  7. Se apoya en el ideal de la confianza en uno mismo poniendo en primer plano la vida emocional.
  8. Engancha con una cultura saturada de derechos.

Lejos de no conferir significado a la propia vida las narrativas terapéuticas podrían ser acusadas de lo contrario, de conferir demasiado. Las consecuencias sociales de todo ello las dejo para el que quiera leer el libro.



Me pregunto cuanto tiempo y cuántos asesores habrán intervenido en esta puesta en escena del arrepentimiento del ganador de 7 tours. La realidad del ciclismo de élite y la hipocresía que rodea a este deporte es otro tema que nos llevaría demasiado lejos. Los ciclistas son seres humanos con limitaciones y se abusa de ellos planteando carreras sobrehumanas que no son necesarias, el Tour por sí mismo es un espectáculo deportivo único sin necesidad de las "matadas" exageradas que les plantean a los ciclistas. Así hablamos también del cuerpo en esta entrada.

3 comentarios:

  1. Una lectura muy recomendable para comprender mejor la dinámica del mercado, que saca una jugosa ventaja de nuestras frustraciones narcisistas.

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  2. Me alegro, Ana, que la lectura te halla resulatdo tan provechosa. le has sacado un buen jugo. Todo forma parte del neoliberalismo social, que no hay que despreciar porque forma parte de un proyecto global seductor. Volveré sobre el tema.
    un abrazo

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  3. De la salvación del alma se trata, ¡pero en quienes no reconocen tenerla! La razón es lo que gobierna; para quienes no la usan, la culpa siempre será de los otros. A falta de voluntad, recetas. Pero la voluntad es negar el yo muchas veces, y sus vanidades. Toda esa hiperfetación del yo, todo ese culto a la personalidad propia, en detrimento del cuidado de los otros, lleva a una desesperación muy próxima a la del libertino, a la de Narciso, que nunca alcanzará a abrazar en él lo que tontamente desea. Lo que deseamos es lo que no tenemos, lo que no somos, el no-yo. Difícil alcanzar el goce de resultar amable para la alteridad si no somos capaces de salir de nuestras penas. Como el cantaor flamenco, el transtornado contemporáneo no para de quejarse, y aún así se queda más solo, porque nadie aguanta a los quejicas. No está dispuesto a sacrificar ningún deseo, tampoco permite que alguno de ellos se sublime y crezca; realizarse..., ¿no es satisfacerlos? ¿No es consumirse en consumirlos? La verdadera autorrealización está en el campo santo. Memento mori. Tal vez pensar más en la propia muerte, en el polvo que somos nos ayudaría a vivir mejor. Lección de viejos estoicos.
    Sí, Adam Smith tiene razón, el abatimiento (o el engolfamiento en el abatimiento) es una emoción egoísta. Quien se cuida de que los demás no sufran se olvida del propio sufrimiento, como una madre abnegada. Pero la abnegación forma parte de las viejas hagiografías.
    Darse autoayuda es como buscarse a un padre dentro, es la actitud del niño que no quiere dejar de serlo. Ese ensimismamiento del niño que piensa en vengarse de la riña de los padres enfermando o autolesionándose. Lo peor es que el lenguaje moral de la autonomía retrocede donde se hace cargo de él la clínica, la medicina y la psicología más o menos cientifista. Todos estamos ya ingresados en Cuidados Paliativos.

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