viernes, 19 de agosto de 2016

PENSAMIENTO AFECTIVO, AFECTIVIDAD PENSANTE



Un amigo filósofo me regaló hace tiempo el libro de Michel Henry “Filosofía y fenomenología del cuerpo” que sólo ahora he leído con detenimiento. Michel Henry es un fenomenólogo francés no tan conocido como Merleau Ponty, tuve la suerte de conocer a un discípulo suyo que nos explicaba con entusiasmo su Fenomenología.

lunes, 8 de agosto de 2016

H. ARENDT, CONTEMPLACION FRENTE A ACCIÓN




 Mi lectura de "Vita Activa"
 Ana Azanza


4.            CAMBIOS EN LA JERARQUÍA: CONTEMPLACIÓN FRENTE A ACCION

Hay que decir unas pocas frases sobre la jerarquía que se ha establecido entre estas actividades humanas desde la Antigüedad a nuestros días.


En Grecia labor y trabajo eran actividades que tenían lugar fuera de la escena pública, en el ámbito privado de la casa. Sólo el ciudadano que tenía esclavos se podía permitir el lujo de aparecer ante los demás en el ágora, el “mundo” de entonces. Sus esclavos laboraban y trabajaban para él.

viernes, 5 de agosto de 2016

H. ARENDT, ACCION Y REVELACION DEL YO



MI LECTURA DE "LA CONDICIÓN HUMANA"

Ana Azanza

 En el mundo entero se acuerdan de Hannah Arendt, en especial en zona de conflicto (Palestina, Ucrania, Egipto.....), como lo demuestra este documental de 2015. Su figura se agiganta con el paso del tiempo, más bien encuentra el reconocimiento que se merece.
Hoy parece que nuestros contemporáneos la aprecian porque encuentran en ella inspiración para ejercer "el derecho a desobedecer", según reza el título del documental. 



lunes, 11 de julio de 2016

EL VALOR DE LA ESPERA


« Il existait deux voies qu’une culture pouvait emprunter après avoir satisfait ses besoins matériels fondamentaux. La première était celle de la réflexion et de l’étude : prendre du recul, observer, chercher la connaissance et l’inspiration dans le monde environnant. La seconde consistait à investir toute son énergie dans la protection de sa bonne fortune. »
                                      Greg Egan. Gloire (2007, trad. Bragelonne, Paris 2009)

Ante la dificultad de encontrar obras de Greg Egan traducidas al español, decidí comprar un relato suyo en versión francesa: Gloire (2007, traducción 2009). Dos exploradoras espaciales pertenecientes a una gran confederación galáctica no dudan en encarnarse en otra especie, la raza de los Noudah, y en atravesar veinte años luz para acceder a los secretos matemáticos de una tercera especie desaparecida: los Niahs.

Los actuales inquilinos del planeta en el que vivieron los Niahs no tienen aún tecnología como para viajar por el espacio exterior y no comprenden que una raza más antigua, de la que no saben si proceden, dedicase tres millones de años a buscar la fórmula matemática definitiva, el teorema capital. Como nosotros, aún están engolfados en pugnas y conflictos entre bloques políticos.

Es muy interesante el dilema civilizatorio que se plantea en el relato del escritor de ciencia ficción australiano. Los Niahs desaparecieron hace un millón de años. Y no se sabe por qué. Escribían en porcelana irrompible sus descubrimientos y sus restos arqueológicos prueban que disfrutaron de una cultura sofisticada, aunque nada permite deducir que hayan viajado a otras estrellas o se hayan dispersado por el universo exterior. Todo hace pensar que una vez hubieron alcanzado un cierto confort material, se consagraron a diversas formas de arte, sobre todo a las matemáticas.

Joan y Anne, las dos investigadoras, creen que una civilización que emplea tres millones de años estudiando matemáticas tiene sin duda algo que enseñar a la Amalgama (así se llama la confederación de inteligencias avanzadas de la galaxia). La Amalgama ha superado ya la fase de imperialismo territorial o expansión violenta, y las naciones y federaciones que incluye resuelven pacíficamente sus tensiones.

Ninguna cultura de la Amalgama ni de otras civilizaciones ancestrales había logrado antes tal profundidad de análisis. Los Niahs expresaban sus descubrimientos matemáticos mediante hipercubos analógicos heptadimensionales de una elegancia flipante. Estaba claro que buscaban un teorema que unificara a todos los demás. Y seguramente lo encontraron. Joan y Anne lo denominaban metafóricamente el Big Crunch.



Y especulando podríamos pensar que una vez que lo hallaron, perdieron todo interés por la vida. ¿Podría haberse producido con ello un suicidio colectivo a escala de toda una cultura? ¿O un largo periodo de aletargamiento y esterilidad acabó con los Niahs, una vez resuelto el Gran Problema y alcanzada la Gran Meta?

El principio de este razonamiento es importante: Es la búsqueda, no el hallazgo, lo que dota a una cultura de energía. Fue la generación siguiente a la de aquellos pioneros que extendieron la civilización occidental hasta la costa del pacífico los que inventaron el gran cine. Luego, a falta de ideas, casi hemos de conformarnos con meros “efectos especiales”.

Evidentemente, es inverosímil que una cultura entera pierda de la noche a la mañana las ganas de vivir, y con ello sucumba en seguida. Tal vez sea preciso para ello el empuje o la presión de una fuerza externa: epidemia, invasión, cambio climático, cataclismo cósmico…

No hay acción sin esperanza y no hay esperanza sin meta. La navegación por el mar proceloso de la vida se hace imposible si no sabemos donde está el norte. El filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han alude a ello en su ensayo sobre El aroma del tiempo y el arte de demorarse (Herder, 2015). Cuando la vida y la comunicación se resuelven en un instante, como en la mensajería instantánea, se pierde la rica semántica del camino, se olvida el sentido místico de la peregrinación, desaparece el enorme valor de la espera. Donde no existe la duración de un marchar, sólo queda el instante de un zumbido de teléfono móvil.
“El tiempo se desintegra en una mera sucesión de presentes. La época de las prisas no tiene aroma”.
La historia moderna tenía su propio horizonte de salvación secular: emancipación, libertad, igualdad, fraternidad, una meta cosmopolita de paz universal (Kant). Su soteriología (doctrina de salvación) se llamaba progreso. Parecía evidente que los cambios históricos, fueran reformas o revoluciones, se orientaban a la consecución de una humanidad más justa y feliz, o sea, suponían un progreso hacia una meta, si bien esta podía situarse en el infinito. Todavía los avances científico-técnicos se venden y publicitan en esa liturgia pseudorreligiosa, pseudomágica, la de una salvación de la carne en un futuro inmediato, o remoto pero posible.

Pero, por muchos políticos que no se hayan enterado todavía y sigan publicitando sus programas con el eslogan del “progresismo”, la verdad es que dos guerras mundiales y un par de colosales desastres atómicos acabaron con esa creencia, con la teleología del Gran Relato del Progreso que sustituyó al Gran Relato de la Divina Providencia.

En la postmodernidad que habitamos ya no hay un horizonte universal, y tal vez sea porque ese horizonte ya esté realizado: fin de la historia. Quizá, como afirma el filósofo francés Jean-Luc Nancy, la semilla del espíritu cristiano, secularizada, se ha realizado como humanismo católico, capitalismo protestante y progreso técnico ilustrado (razón instrumental). Aunque yo mucho me temo que mientras que las dos últimas potencias (capitalismo y tecnociencia) triunfan y se desarrollan, el humanismo cae en picado (y el auge el animalismo no deja de ser un síntoma de ello).

Es muy difícil fiarse del hombre occidental cuando éste ha renunciado ya a buscar el regreso a Ítaca rompiendo su compromiso con Penélope. Es muy difícil ser filántropo si no vemos en el humano una imagen de Dios, un dios posible. Puede incluso que entonces, afianzados en la misantropía por los grandes desastres históricos y ecológicos causados por los hombres, más la falta de objetivo de toda evolución natural, nos volvamos del todo estériles, como ese viejo Schopenhauer que paseaba solo y sólo confiaba ya en su perrillo.

Se acabó el compromiso con la Historia. También con  la propia Biografía como un relato con sentido. Fuera promesas, fuera compromisos. Velocidad y prisas. Únicamente queda el zapping para quienes a pesar de todo no quieren perderse nada: el disfrute de fragmentos de vida en los que esperamos todavía encontrar la realización gozosa de nuestras disposiciones. "¡No te lo pierdas, no te lo pierdas!", nos grita el publicista. Y así saltamos de una placer a otro sin solución de continuidad, sin duración, sin relato, sin sentido.

Compañías de superficie en redes sociales. Todos vagabundos y okupas. Para Byung-Chul Han no es posible la libertad sin un sostén, y como ya no hay narración sobre la que gravite la duración de nuestras vidas, lo que queda es desorientación, zumbido sin rumbo. Atolondramiento.

Por eso las exploradoras espaciales del relato de Greg Egan, Joan y Anne, una vez hallado el teorema del Big Crunch (tan largo como el radio de la galaxia) que encontraron tras tres millones de años de esfuerzos analíticos los Niahs dudan si revelarlo o no a Amalgama, la confederación galáctica. Si los Buscadores sacian de golpe su sed de conocimientos, corroída entonces su razón de vivir, ¿no languidecería con ello su cultura hasta desaparecer?

No destriparé la historia completamente confesando aquí lo que las exploradoras espaciales decidieron.

Nota bene

Sobre el transhumanismo de Greg Egan en Axiomático véase mi entrada en Signamento.

sábado, 9 de julio de 2016

YVES BONNEFOY: LA POESÍA Y SU SOMBRA

  LA POESÍA Y SU SOMBRA (Una meditación en torno a la obra de Yves Bonnefoy)

                                                                                                                             Miguel Florian
                                                                                                                         
“La parole est pleine de cendres”i se lee en Une pierre, poema perteneciente a Vie errante (1993). Esas cenizas, tal vez puedan explicar el que la lectura de la obra de Yves Bonnefoy (1923-2016) nos deje un eco remoto, brumoso, inasible. Esas palabras creemos haberlas escuchado antes, en un tiempo y un lugar imprecisos. Lo mismo que al recorrer por vez primera las calles de una ciudad, nos sobrecoge a veces el estupor, la improbable sospecha de haber estado allí antes; su voz despierta en nuestra alma otra voz, y nos reconocemos turbiamente en su eco. Sí, en alguna ocasión -¿quizá en la entraña del sueño?- fuimos mecidos en un mar de similares voces. Como un murmullo que en el fondo de la noche desvela un alma fatigada, y recupera el un perfume lejano perdido, así, su palabra fascina.

martes, 5 de julio de 2016

HIPÓCRITAS Y BATESIANOS

Volucella elegans, una mosca sírfida y batesiana
En entomología se usa en general la expresión “mimetismo batesiano” para referir a un viviente, por ejemplo una especie de mosca inofensiva que imita los colores y formas de otra especie, esta sí venenosa o armada con aguijón, por ejemplo una avispa o una abeja. Con ello la mosca consigue preservarse de los depredadores. “Batesiano” se dice en honor del científico británico Henry Walter Bates que estudió el mimetismo de las mariposas del Amazonas en el XIX.

Muy frecuentemente, las familias de moscas Syrphidae y Bombilidae emulan a abejas y avispas, de este modo un insecto inofensivo saca provecho de su parecido con otros peligrosos o repugnantes. Así, un pájaro o una libélula no atacará a una mosca con listas o puntos amarillos en el abdomen si el instinto le dice que es una avispa o ha tenido antes una experiencia negativa una de ellas.

lunes, 4 de julio de 2016

PARASITISMO

Cada vez me resultan más ridículos esos nietzscheanos postnihilistas que, por desesperar del otro mundo, santifican la Vida y divinizan la Tierra. Podrían ilustrarse un poco y desilusionarse de su nueva fe leyendo un buen manual de parasitología.

La esencia de la vida no tiene nada de santa, nada que ver con la caridad cristiana, ni con la solidaridad comunitaria, ni con la compasión budista. En realidad, la evolución de la vida parece no contar con finalidad alguna, y por consiguiente carece por completo de ética. Ni siquiera es cierto que siempre sobrevivan los más inteligentes. La vida se abre paso, casi siempre, por no decir siempre, a costa de otras vidas, como puede, más acá del bien y del mal.

Si usted no está de acuerdo, le sugiero que lea El encantador de saltamontes, de David G. Jara (Ed. Guadalmazán, 2015), amenísimo libro de divulgación científica centrado en los casos más sonados y mejor conocidos de parasitismo.

En seguida que comencé a navegar sus páginas se me ocurrió la idea de extrapolar estos casos a nuestro mundo social, en el que el parasitismo ejercido por bípedos implumes sobre bípedos implumes adquiere formas tan diversas como ingeniosas, salvo que los seres humanos, al contrario que otros bichos o a diferencia de los hongos, podemos tomar conciencia de que estamos parasitando o siendo parasitados, aunque casi siempre una de las habilidades del parásito, natural o social, sea pasar desapercibido para nutrirse, como todos los pícaros y cucos, de las energías y el trabajo ajeno, es decir, del pobre y desapercibido hospedador.