viernes, 5 de agosto de 2011

Mente y Ordenador


El ordenador ha llegado a ser una máquina personal, íntima, su pantalla forma ya parte de nuestro imaginario cultural, tanto emocional, como erótica e intelectualmente. El PC empieza a ser considerado por la psicología como consideraba un "objeto de transición" (D. W. Winnicoff), como el osito de peluche que conservamos supermanoseado, la almohada primera, esos objetos que median entre el primer y fundamental vínculo con la madre o con el padre y la capacidad para desarrollar relaciones con otras personas. Objetos que son y no son "yo" y están cargados de connotaciones naturales y simbólicas: sentimentales, religiosas, estéticas, sexuales... Más tarde o más temprano la interfax del PC irá volviéndose antropomórfica, reconocerá la huella digital, la voz de su amo (o de su servidor), aprenderá de la relación con su dueño (o con su parásito cognitivo) o tendrá una figura androide.


Gente distinta se apropia del "ordenador" -antes, cuando era menos "poderoso", llamado en femenino "computadora"- de forma diferente: como un compañero que no demanda amistad, una extensión de la memoria, un arca con los tesoros del pasado, un espejo de Narciso, un ámbito ordenado y controlable que compensa los azares e imprevistos de la existencia física, un océano para la piratería o un espacio para el delito (subcultura del hacker), una gran caja de juegos, un instrumento de trabajo, una máquina de suplicio administrativo...

Puede satisfacer necesidades de todo tipo: emocionales, intelectuales, de dominio. Incluso, indirectamente al menos, puede darnos de comer. De hecho, muchos negocios online se están riendo de la crisis y creciendo con ella.

La oposición hardware/software nos ofrece una perfecta analogía con la oposición cerebro/mente. Nos hacemos como las cosas que construimos, pero las cosas que inventamos también nos deben su forma.

Contra las excelencias de la Red de redes (como tal red, "la Internet", en femenino, pero con claros signos de transformismo sexual mientras va cobrando empuje), contra su poder (democrático o autocrático, no lo sé), se puede objetar que el internauta navega por el espacio de la simulación, busca una comprensión superficial a través de los saltos por el hipertexto del espacio virtual, y no a través del análisis profundo, y acabará siempre descendiendo o naufragando en la divagación, el mercadeo, la publicidad, el juego o la subcultura del entretenimiento. Nos guste o no, nuestros hijos y sobre todo nuestros nietos están creciendo y crecerán en esa cibercultura.

En un primer momento, hasta los ocho años, el PC, activo e interactivo, provoca a los niños para qué hallen razones sobre qué hace que las cosas estén o parezcan vivas. Luego se pasa de la dualidad "filosófica" inerte/virtualmente-vivo a lo competitivo. Quieren ganar el juego y dominar la máquina. En la adolescencia, los ordenadores personales se convierten en lugares de escape, donde se recupera el control, y donde es posible compensar una personalidad vulnerable con la promesa de un poder perfecto. Aproximadamente, así describió Sherry Turkle, en 1984, las etapas de la interrelación entre el espíritu y el ordenador personal (The Second Self: computers and the Human Spirit, Nueva York).

Como anticipó Marshall McLuhan, cuando los seres humanos jugamos con nuevos objetos nos dejamos transformar por ellos. Un nuevo medio de comunicación acaba siendo un nuevo modo de comunicación, de pensamiento y de acción. Usamos los objetos que nos rodean para desarrollar y asimilar ideas y todos ellos y sus contenidos acaban cobrando valores simbólicos.

"Los ordenadores no se estarían convirtiendo en unos objetos culturalmente poderosos si la gente no se enamorara de sus máquinas y de las ideas que las máquinas comportan"
Sherry Turkle. La vida en la pantalla, Paidós, 1977, pg. 63.

La personalización de las máquinas, ¿no se da en favor de la objetivación mecánica, de la instrumentalización de las personas? ¿Nos robotiza Internet? ¿Será verdad que las máquinas son cada vez más listas para que nosotros nos podamos volver cada vez más vagos y más tontos? No faltan "apocalípticos" de la red de redes, como Nicholas Carr, que de "bebedor" (experto en redes) se ha vuelto "abstemio" ("apocalíptico" de las redes). Mario Vargas Llosa comenta en EL PAÍS (31-7-2011, pg. 27) el toque de atención que sobre los peligros de la adicción a Internet, nos da N. Carr (¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, Taurus, 2011).

Para bien y para mal la mente de nuestros hijos y nietos estará configurada por la Red. Si ésta ofrece una memoria casi infinita, disponible a cliqueo de ratón, a tiro de ADSL, ¿para qué molestarse en memorizar? Sólo hay que memorizar, mínimamente, el nombre aproximado del Servidor y escribir en su celda lo que deseo determinar. El recuerdo de la cosa se sustituye por el recuerdo del espacio virtual en el que puedo encontrar el recuerdo de la cosa.

¿Nos extrañará que para muchos chicos y chicas leerse un libro de cabo a rabo sea cada vez una proeza más dura? ¿Puede tener para ellos sentido hacer ese esfuerzo de atención concentrada durante horas? Encontrará fácilmente una síntesis en Internet, preciosamente ilustrada con imágenes, y puede que con agradable musiquita, en una página web o en un blog monográfico...

¿Se volverán los libros superfluos, objetos de coleccionista, piezas de lujo para lectores cavernícolas y eruditos extravagantes? El filósofo Joe O'Shea, de la universidad de Florida, así lo pronostica. ¿Serán capaces los niños y niñas educados por y con las TICs (Tecnologías de la Comunicación y la Información) de leerse esas largas obras maestras de la literatura universal que educaron a sus abuelos: La RegentaLa Montaña Mágica, Guerra y Paz... Es dudoso. Están acostumbrados a picotear información, que comprenden muy superficialmente, están habituados al Seleccionar (por el sonido, no por el sentido)/copiar/pegar. No han tenido que hacer prolongados esfuerzos de concentración ni de memorización, apenas dominan las conjugaciones verbales cuando salen de la escuela ni la tabla de multiplicar (¿para qué están las calculadoras?). También, si han abusado de la tele o -lo que es lo mismo- han sido dejados desamparados ante las insidias de la niñera electrónica, estarán ya acostumbrados al fragmento, a la ausencia de sentido global, de espíritu profundo, de unidad sustancial, y canalean alegremente de una cadena a otra buscando lo más excitante, el estímulo más provocador o novedoso, la imagen más saturada de color y provocativa.

"Han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red" (M. Vargas Llosa).

Por otro lado, la Red ofrece la literatura, toda la literatura, la artística, la científica, la musical, la religiosa, como mera información, desde una perspectiva prágmática y mezclada con todo tipo de basura...

La robotización de la humanidad en función del desarrollo de la Inteligencia Artificial, ¿es imparable? La única solución, ¿es la objeción telemática, abandonar las redes, fundar monasterios donde el voto de desconexión telemática sustituya al antiguo voto de silencio? ¿Ese aislamiento, no nos conduciría directamente a la marginación, el fanatismo y la locura?

Cuando alguien sataniza las TICs, me acuerdo del llamado "dilema de los Habsburgo": una cultura es defendida de modo más estridente cuando ya está irremediablemente perdida. La radio no acabó con los periódicos, la tele no acabó con la radio, ni con el cine; y la Internet no acabará con los libros ni con sus lectores. El libro, es cierto, depurará su función, tal vez se vuelva más artístico aún, más exclusivo, incluso más necesario y personal, como la escritura manuscrita.

Uno no puede sacar tiempo para todo. La competencia para seleccionar la información y el entretenimiento de un modo digno y solidario, he aquí el gran reto educativo. Saber conectarse o desconectarse a tiempo (U. Eco), he aquí el problema. Reorganizar de modo positivo las prioridades de la atención, esta es la proeza que le compete al espíritu humanista en el siglo XXI.

1 comentario:

  1. es cierto que para los jovenes que han nacido a la vez que facebook a lo mejor el mundo es diferente, no se. Hay que seguir pidiendo esfuerzos mentales a los jovenes, por mucho tiempo que pasen en la red. La cultura se defiende cultivandola, se me ocurre.

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